
ROCK AL PARQUE DÍA TRES: LA CEREZA DEL HELADO
Sí, terminó, ¡pero de qué forma! Se rompió el record con la mayor asistencia en la historia del festival: más de 400 mil personas la pasaron de lo mejor. Y vale la pena recordarlo, sin pagar un centavo por la entrada.
Fotos por Gerson Perea




Además de la apuesta musical, Idartes arrolló con todas sus propuestas pues más de 1.400 personas asistieron a las jornadas académicas. También para esta versión el festival contó con 100 fotógrafos, 50 videógrafos y 25 escritores.
El tercer día de Rock al Parque tenía un gran reto, igualar o superar las dos jornadas anteriores, que fueron todo un éxito. Pero con ese line up todo era posible.
La jornada empezó con La Etnnia, que desde las 11 a.m. dejaron con la boca abierta a muchos por sus excelentes interpretaciones y colaboraciones especiales.


En los tres escenarios debutaron bandas distritales. Una de ellas fue Cactopus, que con retazos muy bien mezclados de blues y el rock dieron a conocer sus dos trabajos musicales. Después de sudarla en tarima los cuatro chicos se pasaron por el container de Cartel Urbano y Dr. Martens para hablarnos sobre su propuesta.


Los puertorriqueños de Cultura Profética repartieron felicidad como arroz a miles de almas dentro de la multitud, con canciones del calibre de Ilegal y La Complicidad. Una presentación impecable.



Corría el día, la gente parecía caminar en círculos, algunos hacían fotosíntesis bajo el sol y otros esperaban en largas filas para comer algo. Si el día de los metaleros fue de locos por la numerosa asistencia, el Simón Bolívar casi le queda pequeño a este cierre.
Luego, en el Escenario Plaza, Doctor Krápula intentó animar a la gente: “vamos a romper el record de saltos”, dijo Mario. Pero según las redes sociales, el show no fue del agrado de muchos.


Pasó el tiempo y aunque no le entraba más gente al parque, más y más y más personas. Llegó Molotov con un éxito tras otro; nuevos y viejos. La gente no se cansó de pedir la clásica y, claro, complacidos quedaron: ¡puto!, ¡puto!, ¡puto!
Después de tanta energía gastada… aún quedaba más: Black Label Society y Los Aterciopelados, este último acompañado de unas imágenes bien sicodélicas y un performance brutal.


Cuando la voz de Andrea Echeverri se apagó, el cielo se incendió con juegos pirotécnicos que dejaron al público con ganas de más.
Y hubo más. Uno de los sonidos más respetados del metal mundial llegó a tarima: Anthrax. Con pogos y guitarras crujientes Bogotá dijo buenas noches y hasta el próximo año.

El polvero no podía faltar
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