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Cartel Urbano
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CUESTIONES DE GROSOR

ilustración: Pegatina / Cartel Urbano

Lo asegura la ciencia y lo confirma la experiencia de esta mujer: el espesor del miembro masculino sí importa. 

Por María Ximena Pineda
@anacaonax

Cuando de penes se trata, la discusión siempre se ocupa de la longitud, pero del grosor rara vez se habla. Tenerlo grande está más relacionado con el centimetraje a lo largo que con el diámetro o el volumen. Y bueno, la verdad es que el promedio del grosor casi siempre está en lo que consideramos “normal”.

Hace poco, una amiga tuvo un affair con un francés, una historia de playa, brisa y mar, bonita y con los elementos comunes de cualquier escapada romántica. Lo que me pareció interesante fue su asombro al mostrarme con su mano el grosor del pene de su amante galo, a quien no pudo proporcionarle una felación, pues su boca no le daba la talla.

Recordé entonces el affair que tuve hace un tiempo con otro francés que se destacaba por lo mismo: el increíble grosor de su pene. Yo, inocente, nunca había visto algo así y, sin embargo, intenté tratarlo de tú a tú, infructuosamente, pues aunque le abrí mis piernas, su miembro no pudo pasar del porche. Triste. Lo recuerdo con nostalgia.

Algo tienen en común estos dos amantes gruesos: la nacionalidad. Si bien en los primeros puestos del ranking de los penes más largos del mundo se encuentran los hombres de raza negra, en el ranking de grosor parecen ir ganando los franceses. Y sí, el grosor es algo supremamente importante a la hora de una relación sexual. No hay nada peor que un pene flotando dentro de una vagina, pero tampoco es agradable uno tan grande que intimide a cualquiera de nuestros orificios.

Un estudio de la Escuela de Psicofisiología Sexual de la UCLA y el laboratorio de neurociencia afectiva afirma que la vagina tiene muchas terminaciones nerviosas sensibles a la presión que detectan los cambios por estiramiento y variaciones en el grosor del pene, razón por la cual un pene grueso podría estimular mucho más la zona vaginal y propiciar más orgasmos.

Ahora bien, está el otro tipo de pene al que popularmente se le dice “lápiz”. Un lánguido y larguirucho pipí que queda flotando por donde se meta. En este caso el problema sería una insuficiencia de grosor. Ni mucho que queme al santo ni poco que no lo alumbre, dice la sabiduría popular. El grosor es tan o más importante que el largo del pene. De eso no me cabe la menor duda. Por eso es fundamental encontrar un grosor ideal: generoso pero no exagerado. Un pene a nuestra medida.

Imagínense un corcho que se hunda por entre la boca de la botella o uno que la supere quebrándola. Son casos extremos como extremos son los ejemplos protagonizados por los dos ciudadanos franceses citados anteriormente. Luego de mi experiencia con el francés bien dotado me quedó clarísimo el proverbio de meterse con alguien del mismo tamaño.

Y aunque uno persista y la naturaleza permita que nuestras cavidades cedan para darles habitación a los miembros gruesos, las perjudicadas siempre somos las mujeres, pues es nuestra vagina la que sufriría una inconveniente expansión que le podría impedir compenetrarse con penes menos gruesos en un futuro.

Así las cosas, chicas, aunque existe la vaginoplastia, es mejor juntarse con miembros de grosores más cercanos a nuestras posibilidades. Ya lo dice el viejo y conocido refrán: el que mucho abarca, poco aprieta.

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