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Cartel Urbano
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CACERÍA DE BRUJOS

¿La desesperación de las mujeres solteras comienza a los 30 años?
Por María Ximena Pineda
@
anacaonax

Una buena fuente que acaba de llegar a Colombia me contó que un amigo colombiano le había sugerido meterse solamente con mujeres separadas o menores de 30, porque las de 30 para arriba quieren marido, casa, carro y cuenta bancaria con buena liquidez.

Lo he visto en las mujeres solteras de mi generación. Terminan casándose con el primer incauto que se deja meter gato por liebre, porque le hacen comprar anillo, pero de diamantes o de oro, no el de Durex: los llamados “buenos partidos”.

¿Seremos las mujeres de 30 unos monstruos manipuladores dispuestos a echarle la soga al cuello al primer cristiano buena gente que se nos pase por delante? Mientras la comunidad gay lucha por legalizar el matrimonio entre parejas del mismo sexo, muchos hombres heterosexuales de 30 huyen de él. Escuché una vez a un tipo decirle a un gay: “No se case, no sea marica”. Es definitivo, las mujeres de 30 y los hombres de 30 no estamos buscando lo mismo. Hay una falta de sintonía.

Lo preocupante es que algo de desesperado y monstruoso sí tiene la ansiedad de matrimonio de las treintañeras y toda la parafernalia que esto conlleva. Primero está el espectáculo de la fiesta. Tiran la casa por la ventana. Se casan en sitios exóticos y carísimos. Atiborran su timeline de facebook de fotos que reflejan esa felicidad que nosotros, los divorciados o los solteros, no vamos jamás a alcanzar. Y lo peor de todo, no han ni siquiera aterrizado de la luna de miel cuando ya quieren embarazarse.

Pero todo tiene una explicación, señores, son las hormonas. Para no actuar como locas persiguiendo algún espermatozoide que nos quiera fecundar y mantener, tendríamos que cortarnos las trompas de Falopio o extirparnos el útero. En vez de eso, preferimos atormentarnos la vida viendo en el primer aparecido un posible donante y financiador del resto de nuestra vida.

Y no se preocupen. Sé que la mujer de 30, queriendo “organizarse”, puede causar terror, un terror que se le devuelve proporcionalmente cuando consigue armar su rancho. Esa actitud de psicótica caza-maridos capaz de causarle pesadillas a cualquiera se vuelve en su contra cuando empieza a desempeñar su rol de esposa, ama de casa y madre modelo. Entonces la lactancia, las labores domésticas y conyugales se vuelven su infierno. Es justo en ese período cuando la vida se desquita y les hace pagar con sangre la sanguinaria caza de especímenes masculinos que emprendieron durante su treintañez.

Vuelvo al consejo que le dieron a mi fuente. Salir con veinteañeras o con divorciadas es una buena salida para aquellos hombres de 30 que no ven posible el compromiso sino hasta la cuarta década de su vida o más. No obstante, sigue el riesgo de que sus fogosos espermatozoides encuentren nido en algún óvulo joven que los llame a forjar una familia de manera intempestiva.

A mis congéneres de 30, solteras y desesperadas en busca de un macho proveedor que las fecunde, les cuento que están generando terror y espantando al género masculino, que ya ha empezado a pasar su miedo en un intercontinental voz a voz. Si no se piensan extirpar el órgano reproductor, por lo menos adopten otra actitud, cambien de estrategia. Han comenzado a parecerse a los torturadores de la santa inquisición, que mutilaban a sus reos hasta que confesaran lo que la iglesia quería escuchar.Si la confesión que esperan luego de un soso noviazgo pegado con babas es “¿quieres casarte conmigo?”, van por mal camino. Para ser felices no es necesario emprender una cacería de brujas, o de brujos. Bajen las armas, solteras. Quítense la letra escarlata que llevan en el pecho que es como un radar del desespero y atraigan de nuevo a los machos asustados que están refugiándose en la nueva mercancía. Sépanse vender y quiéranse un poquito más, dejen de conformarse con “lo que hay”, que la vida es muy larga, a pesar de la menopausia.

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