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Cartel Urbano
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LA CHAQUIRA BARRANQUILLERA

Se hace llamar Chaquira, así, sin S ni k, y se gana la vida imitando a la diva del pop, entre otras estrellas.

Por John Better
@johnbetter69

Se hace llamar Chaquira, así, sin S ni k, y se gana la vida imitando a la diva del pop, entre otras estrellas.

Por John Better
@johnbetter69

El pasado 25 de marzo, la edulcorante emisora barranquillera Radio Tiempo convocó a un madrugón con motivo del lanzamiento del octavo álbum de estudio de la hija insigne de la Arenosa. Se estimaba que llegarían más de 100 personas al encuentro, pero la verdad es que apenas llegaron un poco más de 25 fans a comprar el disco. Y es que, a pesar de ser oriunda de este laboratorio del infierno al que algunos llaman “El mejor vividero del mundo”, todo parece indicar que sus antiguos seguidores barranquilleros la están abandonando en el camino. Quizá uno de los primeros signos de distanciamiento se evidenció cuando la artista decidió cantar en otro idioma. Si bien “Laundry Service” fue un éxito a nivel mundial, a los chicos de clase media barranquillera les resultó difícil la pronunciación gringa y se hartaron de pasar horas con diccionario en mano traduciendo aquellos temas que de forma literal no tenían mucho sentido.

Aun así, su público le era fiel y la seguía viendo como esa chiquilla talentosa por la que nadie en el pasado apostaba un solo peso. Pero con “She Wolf” sus seguidores empezaron a desdeñar sus arrebatos, y la ya trillada maniobra de las caderas comenzó a hacerla ver como un cliché, casi como esa muñequita hawaiana que mueve sus encantos ante cualquier vibración. ¿O, a lo mejor, algunos de los fanáticos de su ciudad natal han crecido y ahora prefieren a otras cantantes más intimistas, como la casi perfecta Lana del Rey?


Hace algunos años apareció en Barranquilla otra Shakira, una no tan famosa como su musa inspiradora. Se llama Chaquira. El circuito que recorre esta imitadora de la estrella pop incluye los bares de la calle Murillo. Allí se presenta todos los fines de semana por la noche, ataviada con un pantalón de cuero negro, chaqueta y una melena postiza con tranzas de colores. Chaquira es un travesti del barrio Siete de Abril, negro como el carbón y flaco como un palillo. Una imitación bizarra de la benefactora de los pies descalzos. Chaquira siempre llega a los lugares de sus performances con un CD que contiene dos temas de Shakira: “Ciega sordomuda” y “Ojos así”. Es un personaje habitual. A su llegada le pasan vasitos de aguardiente o un cigarrillo. Ella palmotea en el aire, pide silencio y le dice al DJ que ya puede poner a sonar la pista. Se mueve bien, sacude sus huesos con el mismo frenesí de la Shakira real, se pasea por las mesas, roza las caras de los hombres y sacude su peluca frente a las chicas que la miran mal. Su performance culmina en medio de aplausos y una que otra rechifla. Bañada en sudor, pasa su mano por cada asiento y recoge el dinero que la gente le brinda. La abordo antes de que siga su interminable peregrinar por la rumba nocturna del sur de la ciudad.

- ¿Tu eres la famosa Chaquira?
- La misma que canta y baila –me dice.
- Oye, tienes que actualizar tu repertorio, deberías incluir ese nuevo tema con Rihana.
- Lo escuché y vi el video, pero no se me da el inglés, además, me tocaría buscar a otra marica para que haga el papel de Rihana, y no, las locas son muy atacadas, y además te digo algo entre nos, esas dos canciones del show son las únicas que me gustan de Shaki. Yo soy fanática es de Rocío Durcal –me dice, guiñándome un ojo y estampándome un beso en la mejilla.

Chaquira se aleja, luciendo el bolso en el que tintinean las monedas que se ha ganado por su show cómico de doblaje. A su paso, gritan su nombre y ella tira besos por doquier. Se siente una estrella, una estrella amada en una ciudad sin gloria.

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