
PLAYA VS. CAMA
¿Riñe el sexo con el calor? ¿La arena y el sudor son enemigos de la excitación? Sus cuerpos tienen la palabra.
Por María Ximena Pineda
@anacaonax
Una amiga piensa irse en Semana Santa a una playa de Santa Santa en plan romántico. Lo veo complicado. El escenario más anticonceptivo y mata-pasión, desde mi humilde opinión, es una playa. La playa es ideal para broncearse, nadar, rumbear, para muchas cosas menos para tirar. El sol, la sal, el agua, la humedad, el sudor, son todos elementos conspiradores a la hora del contacto físico.
Nunca he entendido por qué la gente encuentra erótico empezar a manosearse con el cuerpo untado de bronceador y oliendo a sudor. No hay nada de sensual en la fricción de una mano tibia sobre un pedazo de piel humedecida por una viscosa capa de secreciones corporales. De pronto el exhibicionismo al que el calor nos obliga sí nos haga calentar más; ver unas nalgas cubiertas por una tanga solamente es una imagen que no pasa desapercibida y que tiene un efecto inmediato en los caballeros de la cintura para abajo. Sin embargo, en el ejercicio táctil de la aproximación sexual, el sofoco hace insoportable cualquier caricia.
Las vacaciones más anti eróticas de mi vida fueron en la Guajira con mi ex esposo, a quien apenas toleraba de vista, pues el mínimo roce entre su piel y la mía me hacía resentir hasta el último grano de arena que se me había metido en todos los orificios corporales.
Insisto, la playa no es una buena locación para el preámbulo sexual, y mucho menos para el acto sexual. Para unas vacaciones románticas y sensuales no hay nada como el clima frío. Como dice el Gran Combo de Puerto Rico: “qué sabroso es tener frío y arrimarse a una mujer”. Estoy de acuerdo. El frío, contrario al calor, en vez de ahuyentar, une. El frío incita a arruncharse, a tocarse, a frotarse, a calentarse mutuamente. El frío deja la piel apta para una fricción perfecta. Deja que la mano resbale suave y ágilmente. El frío nos hace percibir lo caliente de nuestra sangre que circula aceleradamente con la calentura del momento.
Las lunas de miel deberían trasladarse a cabañas en páramos, casas en sabanas, chalets en cumbres glaciales. Serían muchísimo más efectivas en términos eróticos. El frío es el escenario ideal para un buen vino. Las chimeneas del clima frío ayudan a encender la pasión con el fuego ardiente de sus llamas. La neblina del páramo hace acogedor el interior de cualquier casa, nos empuja a encamarnos, a entrepiernarnos, a calentarnos.
En el frío la lengua se siente más caliente. Las manos más tibias y sensibles. Y así como en el principio químico básico en que las moléculas calientes se mueven más rápidamente porque tienen mucha energía y tienden a separarse, y las moléculas frías se mueven con más lentitud por falta de energía y tienden a unirse; así pareciera suceder con nuestros cuerpos en las playas y en los páramos. En las playas, debido a la gran cantidad de energía, nuestros cuerpos se mueven más rápidamente separándose para evitar el sofoco. En los páramos, con menos energía, nuestros cuerpos tienden a aferrarse, aptos para cualquier tipo de ballet corporal erótico que nos ayude a traspasarnos energía.
Y aunque no me lo crean, en serio quiero que mi amiga pase la mejor vacación erótica con su novio en esa playa paradisíaca a la que se va. De todo corazón espero que cuente con la suerte de tener una habitación con buen aire acondicionado o, en su defecto, de un buen abanico Sanyo que la ventile bien en esos momentos de sensual intimidad que espera consumar. Mucha suerte, amiga. Sin embargo, sigo pensando que la playa no va con la cama y que el frío es el mejor detonante de un encuentro apasionado. Mis próximas vacaciones eróticas serán, sin duda, en alguna cabaña bien trepada en la montaña, ojalá en invierno. Una cabaña donde lo único caliente sea mi calentura.