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Cartel Urbano
M

Contra La Red

El programa La Red, de Caracol Televisión, es una exaltación a la mediocridad, una reunión de señoras chismosas a las que les vendría bien una sesión de electrochoques. Un vomitivo.

Por John Better
@johnbetter69

El programa La Red, de Caracol Televisión, es una exaltación a la mediocridad, una reunión de señoras chismosas a las que les vendría bien una sesión de electrochoques. Un vomitivo.

Por John Better
@johnbetter69

¿Cómo no odiarlos? Solo verlos es ya un severo insulto al buen gusto. Cinco roídas marionetas que se llenan los bolsillos con el mínimo esfuerzo. Al igual que los lagartos de pantano, inmóviles en su victoria regia, aguardan el momento preciso para enrollar en su lengua lisonjera a quien primero cruce su camino. Luego engullen, digieren y trasbocan sus miserias periodísticas, esas arduas investigaciones por los sets televisivos, buscando la primicia, el tacón quebrado de la actriz que se pasó de copas en un bar la otra noche. Como topos mutantes se la pasan escarbando en los archivos del Botox y la silicona que sin reserva guardan los cirujanos de la farándula nacional. Su vano objetivo es sacar a la luz pública fatuos misterios, como la edad de la Grisales o los desmanes arribistas de Laura Acuña. Para finalmente comprimir en un fin de semana toda esa basura farandulera que le embuten al colombiano promedio, quien ríe y llora con las aventuras de su Hollywood chibcha.

Carlos Vargas, Mary Mendez, Ronald Mayorga, Frank Solano y Carlos Giraldo, conforman una nómina monstruosa. Dios los cría y el mismísimo demonio los junta. El programa La Red es una exaltación a la mediocridad, una reunión de señoras chismosas a las que les vendría bien una sesión de electrochoques, una jaula de gallinas culecas y dopadas cacareando todas a la vez, un vomitivo.

Señoras de La Red, el país se resquebraja a cada segundo, y no hay cosmético que cubra esa grieta espantosa. No hay modelo del momento que pueda evitar con sus pucheros de tocador que las minas quiebrapatas vuelen patas y cabezas, mientras a ella no se le mueve un pelo.

La realidad es otra. El auténtico reality colombiano que no aparece en sus notas es muy diferente, sus participantes no corren con tanta suerte como en la tv. Los eliminados de este juego violento salen en cajitas de madera envueltos en papel regalo tricolor. Así llegan a sus casitas, sin el premio de los trescientos millones, sin la fama de los reflectores ni la lluvia de confeti. Llegan, si acaso, completos para ser llorados y olvidados. Y no hay cámara, no hay productor extranjero que meta el diente por estos concursantes sin nombre, sin vida pública que dé de qué hablar, privilegio reservado solo para nuestras estrellas nacionales, esas mismas que les llenan el buche a ustedes, señores de La Red, buitres del periodismo ligero, a los que algún día tendremos la oportunidad de darles un pastelazo en la cara. Mientras eso ocurre, mejor me pongo a cantar: “Ya estás tejiendo la red...”.

Posdata: el programa La Red fue elegido en los recientes premios India Catalina como el mejor programa de entretenimiento de este país de indios y muchas Catalinas.

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