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Cartel Urbano
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EN BUSCA DEL CLÍTORIS

Blasfémina
Por María Ximena Pineda
@anacaonax


Además de la difícil y espinada cruzada que las mujeres debemos emprender para encontrar a nuestro “príncipe” azul, café, gris o desteñido (a cierta edad aceptamos cualquier color), hay otra búsqueda no menos importante e igual de compleja: la del clítoris.

Siglos y siglos duramos ignorando la existencia de la génesis de nuestro placer sexual. Lo mencionó pálidamente en sus estudios el médico griego Rufo de Efeso en el Siglo I D.C, luego el profesor Renaldo Columbus de la Universidad de Padua en 1559 lo llamó vagamente “la sede del placer femenino” en su libro titulado De Re-anatómica; y luego en el siglo XIX el ginecólogo William Masters y la trabajadora social Virginia Johnson, hablaron de él en sus estudios sobre el orgasmo femenino, antes conocido como “histeria”.

En las grandes obras de la literatura, el clítoris brilló por su ausencia, escondido tras la sombra de las palabras “flor”, “voluptuosidad” o, la peor de todas: “virtud”; que se referían a “virginidad” o a “vagina”.

Es evidente el absoluto desconocimiento de la palabra clítoris, y ni hablar del órgano. Las mujeres hemos sido víctimas de una especie de analfabetismo sexual por no tener el clítoris tan evidente como el de las hienas. Así lo propone la artista norteamericana Sophia Wallace en su obra “Cliteracy” que, según explica, pretende mostrar y denunciar la paradoja de que siempre hemos observado cuerpos sensuales de mujeres que han sido vistos como un objeto y, no obstante, los detalles de la anatomía de su clítoris no se estudiaron a profundidad hasta 1998. La instalación de esta artista neoyorquina denuncia la ignorancia al respecto y rastrea el significado del clítoris en la vida de la mujer moderna.

Al parecer, siglos y siglos de desconocimiento de esa fuente de placer femenino nos han puesto ante un reto crucial si de revolución sexual se trata. Somos pequeñas Indiana Jones en busca del santo grial. Peregrinas de una tierra prometida llamada clítoris. Por fortuna, el camino se hace cada vez más claro y nuestras habilidades para conducir a nuestros amantes expedicionarios hacia el arca perdida se agudizan paralelamente.

La tecnología, la evidencia científica y la simple experimentación son gestores de este descubrimiento liberador para todas las mujeres pues, al identificar la génesis de su placer, no sólo toman propiedad de su cuerpo sino que aprenden a gozar con él.
Sin embargo, no es una tarea fácil. Hay mujeres que siguen buscándolo en vano. Las barreras morales, los prejuicios religiosos, a veces la crianza, dificultan la búsqueda clitoriana. Todavía hay cientos de malos amantes por ahí enredando el camino, haciendo borroso el mapa.

Igual de difícil es encontrar el camino correcto hacia el amor. Lleno de obstáculos, desvíos, ilusiones ópticas, engaños, auto-engaños. El camino, por lo general, es agreste e incierto, por lo que es más recomendable ir con calma, sigilosamente y no correr aceleradamente a la deriva. A veces, uno que otro suertudo logra recorrerlo exitosamente. Otras veces nos quedamos perdidos, dando vueltas.

Hay quienes encuentran el clítoris y no el amor. Hay quienes encuentran el amor y no el clítoris. Afortunado aquel que encuentra la sincronía entre el placer y el amor porque vibra más un clítoris amado que uno solitario. Y sí, coincido con la artista visual neoyorquina autora de “Cliteracy”, estamos sumidos en un analfabetismo sexual que nos aleja de nuestro clítoris y de la libertad sexual de la mujer contemporánea. Pero, más grave aún, estamos perdidos en un analfabetismo emocional, donde cada vez es más difícil buscar el camino hacia el amor por falta de voluntad o falta de fe en él, o ambas. Así las cosas, en realidad son dos órganos los que tenemos que buscar para reivindicar nuestra libertad sexual: el esquivo clítoris y el corazón… pero eso sí, tengan mucho cuidado con confundir el uno con el otro porque un clítoris satisfecho puede engañarnos y - por su rareza- hacernos creer que una maniobra manual es el amor de nuestra vida. Nuestro corazón se merece más que un ágil ballet entre el índice y el anular.

 

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Cartel Media S.A.S.

 

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