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Cartel Urbano
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FUCK LIST

Blasfémina
Por María Ximena Pineda
@anacaonax

Bastante protagonismo han tenido las ostras, el borojó, el coctel de camarones, los juguetes sexuales y hasta la ropa interior en materia sexual, pero nos olvidamos casi siempre de darle crédito a la música. La música es parte fundamental del preámbulo y del acto sexual. Es muy normal que hoy en día la gente cree una lista para estimular el oído durante el sexo.

Blasfémina
Por María Ximena Pineda
@anacaonax

Bastante protagonismo han tenido las ostras, el borojó, el coctel de camarones, los juguetes sexuales y hasta la ropa interior en materia sexual, pero nos olvidamos casi siempre de darle crédito a la música. La música es parte fundamental del preámbulo y del acto sexual. Es muy normal que hoy en día la gente cree una lista para estimular el oído durante el sexo.

Esa lista erótico-musical tan común hoy en día se conoce como “fuck list”. Hay incluso sitios web con abundantes repertorios sexuales como 8tracks.com, lugar en el que, como en cualquier sitio porno, podemos encontrar canciones para categorías sexuales curiosamente desagregadas como: dirty, orgasmic, weed o horny, entre otras, y crear nuestra “customizada” lista para hacer el amor.

Es que la música puede ayudarnos a recrear las atmósferas más apasionadas durante un polvo. Sin duda, es el mayor estimulante de nuestros sentidos: nos hace vibrar, conectarnos, gozar. Quien diga que no se ha estimulado eróticamente a ritmo de una buena canción que tire la primera piedra. Desde mucho antes de la salsa de motel, del reguetón o el choque, la música funcionaba como afrodisíaco.

El psicólogo Daniel Müllensiefen de la Universidad de Londres llevó a cabo, entre 2000 personas, su estudio titulado “La Ciencia detrás de las canciones” en el 2012, estudio que arrojó interesantes resultados. El 40% ciento de los encuestados afirmó que la música los estimulaba más que el tacto durante el acto sexual y “Bohemian Rhapsody”, de Queen, fue la canción más votada como “mejor para el sexo”.

Yo, por mi parte, inspirada por el doctor Müllensiefen, hice mi propia encuesta de una única pregunta –guardando las proporciones-: ¿Cuál es la canción que encabeza su “fuck list”? A la que varias personas respondieron con una variada lista de bandas que vienen contribuyendo a al acalore sexual y al erotismo como The Cure, Depeche Mode, Cerati, Pink Floyd, The Killers, Amistades Peligrosas, Bruce Springsteen, Kings of Leon, entre muchas otras.

Incluso hubo alguien que respondió “el himno nacional de cualquier país”. Me llamó la atención, ¿Acaso el ritmo marcial de un himno produce acaloramiento erótico? En un comienzo me sonó extraño, pero luego me pareció lógico; así como los redoblantes solemnes de los himnos estimulaban a los soldados para ir a la guerra, puede ser que logren el mismo efecto en los amantes, después de todo ¿no es la cama un campo de batalla también?

Claro que a palo seco hemos librado eróticas batallas pero, como alguna vez le oí a un productor de t.v., la banda sonora es el 90% del éxito de una producción. Así pues, me atrevería a aplicar esa misma filosofía en el sexo a juzgar por la sincronía que logra mi pelvis con los acordes de una guitarra bien tocada.

Creo que la música está subvalorada en términos eróticos, es hora de que empiece a encabezar la lista de los agentes afrodisíacos. Estoy segura de que un borojó puede pelar el cobre y dejar al miembro a mitad de camino pero que un bossa nova entonado por alguna voz exótica provoca de inmediato sudoración y relajación… cuando menos.

No sé qué tanto sabrán Cerati, Robert Smith o David Gahan que sus creaciones musicales acompasan momentos de extrema voluptuosidad, ni si se habrán imaginado que han sido autores indirectos de varios orgasmos con su música. Lo cierto es que la música no es sólo la ambientación de nuestras escenas sexuales sino que puede llegar a ser una protagonista generosa, incitante, arrolladora y hasta perversa. Incluyan la “fuck list” en su vida sexual más seguido, y les aseguro que la próxima vez que pongan La Marsellesa como parte de sus preámbulos, una cabaretera del Moulin Rouge saldrá de su interior para desvirtuar enérgicamente a las mitológicas ostras y al borojó.


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