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Cartel Urbano
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ASUNTOS DE MINIFALDAS

Blasfémina
Por María Ximena Pineda
@anacaonax

¿Qué se iba a imaginar Mary Quant, inventora de la minifalda, que su creación iba a ser protagonista de casi todos los medios de comunicación criollos? Y no por una razón de moda sino por un escándalo. El tema de la supuesta violación de una niña de 19 años en el restaurante Andrés Carne de Res y las declaraciones políticamente incorrectas del dueño del restaurante dieron material para dar y convidar en la radio, la prensa y la televisión.

No fue sino que Andrés Jaramillo sugiriera, con sus desafortunados comentarios, que la joven de 19 años había incitado al hombre con el que tuvo una relación sexual en estado de embriaguez con una minifalda, para que la opinión pública satanizara a este señor Jaramillo relamiéndose en el amarillismo con que varios medios cubrieron la noticia, como es usual con los temas judiciales.

Tal escándalo se armó que a la policía le tocó trabajar por fin porque hasta que los hechos no salieron a la luz pública gracias a los medios de comunicación, ellos no habían entregado ninguna prueba a la fiscalía. Al parecer esto es el pan de cada día en este país donde la justicia, vergonzosamente, es selectiva.

Y sí, reprochables los comentarios de Andrés Jaramillo, triste la historia, lamentables los sucesos. Pero quiero aprovechar esta oportunidad, no para unirme a la indignación nacional, sino para defender la minifalda que no tiene velas en este entierro.

La minifalda es una prenda seductora, incitadora, sensual. ¿Qué tiene eso de malo? Apenas fue inventada, la prenda fue una provocación, por supuesto, y no una tendencia. Sin embargo, pronto las mujeres en el mundo entero la impusieron volviéndola una moda y una liberación.

La mini fue un accesorio que descubrió por primera vez los muslos de las mujeres de los años 60, empoderándolas de todo ese potencial sexual que estaban descubriendo en ese momento. Este fenómeno fue para la mujer sesentera como salir del clóset y aceptar su sensualidad, su capacidad de estimular, de provocar placer sin satanizarlo, llevándolo a un plano menos moralista y más consecuente.

En literatura llamamos “Sinécdoque” a la figura de pensamiento que nos permite designar un todo mediante la mención de solo una de sus partes. Podríamos afirmar que el señor Jaramillo estaba encarnando en la minifalda (la parte) una serie de valores negativos –desde el punto de vista moral- (el todo), ¿Qué valores? ¿Es la minifalda, en este caso, sinécdoque de prostitución, de morronguería?

No estoy de acuerdo. En eso también se equivoca el tan mentado señor. Si la minifalda es sinécdoque de tantas cosas distintas a la vagabundería. Es sinécdoque de feminidad, seguridad, sensualidad. Y claro, hay que saberla usar, quien la usa debe estar absolutamente consciente del poder que tiene al enseñar sus muslos.

Así que, si con este escándalo piensan lapidar la minifalda también, me permito reivindicarla aquí. Chicas, luzcan con orgullo la mini, símbolo de liberación de una época revolucionaria para la mujer, la época a la que le debemos el descubrimiento del punto g que muchas todavía siguen buscando. Una época en la que nos volvimos responsables por nuestro poder sexual y aprendimos a explotarlo. Señor Andrés Jaramillo y demás simpatizantes de la satanización de la prenda, una mujer luciendo una minifalda no es un pedazo de carne de res dispuesta para su uso sexual. Ténganlo presente, no vaya y sea que terminen protagonizando séptimo día o una semana entera de updates en Kienyke por un asunto -no de faldas- sino de mini faldas, con fiscal a bordo. Y Mary Quant, perdónalos porque no saben lo que hacen.

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Cartel Media S.A.S.

 

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