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Cartel Urbano
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HAY FUEGO EN EL CIBERESPACIO

Blasfémina
Por María Ximena Pineda
@anacaonax

 

Hace un siglo el papel lo aguantaba todo, ahora es la red la que lo hace o, para ser más exactos, el ciberespacio. Con la revolución de internet hemos asumido una vida virtual y una cyber personalidad que parece darnos más libertad de ser, más elocuencia. En el ciberespacio somos más inteligentes, más solidarios con las causas sociales y ecológicas, más reaccionarios políticamente y, al parecer, mucho más sexuales.

De pronto esa “impersonalidad” de la web nos deja ser mucho más arriesgados en los temas sexuales, más abiertos a mostrarnos en la cámara. ¿Pero qué es lo que hace que internet sea un territorio tan sexual? ¿El acceso gratuito a cientos de portales porno? ¿La popularidad de los videos sexuales entre famosos? ¿La intimidad de la que goza el navegante de la red?

Hay algo que nos hace sentirnos menos escandalizados con el sexo en la red. Quizás la idea de estar mediados por una cámara nos hace sentir a salvo y nos convertimos en estrellas porno y establecemos relaciones altamente sensuales y al mismo tiempo absolutamente individuales.

Cualquier interacción sexual en la red se relaciona estrechamente con la masturbación pues aunque involucre dos o más cyber usuarios, la falta de contacto físico entre ellos la condena a una fantasía individual de auto-placer. Así pues, el cibermundo es una ventana a un mundo ilimitado de fantasías. En internet cualquier persona puede satisfacer sus favores sexuales ya sea accediendo a un portal gratuito de pornografía como a un chat sexual. Y si quieren más calidad hay portales en los que se paga por favores sexuales. Hay para todos los gustos.

Pero además de ser individualista y extrañamente íntimo, el ciberespacio es, contradictoriamente, exhibicionista. Según un estudio realizado por el CAM4 –portal pornográfico- cada día en el mundo 8,5 millones de usuarios ven los shows de unos 75,000 exhibicionistas voluntarios. El sexo siempre tendrá buen rating, de eso no hay duda.

Y sí, muy modernos, muy cyber, muy pornográficos, muy libres, pero no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Estos encuentros sexuales en la web pueden llegar a ser increíbles pero no permanentes. Tarde o temprano la piel nos empezará a pedir caricias y besos en vivo y en directo. El sexo en el cyber espacio tiene un tiempo de vigencia. Al comienzo es emocionante porque es extraño, diferente, Pero nunca va a poder competir con el sexo en la vida real.

El sexo en internet puede ser una práctica exploratoria de nuestros deseos más oscuros, más atrevidos, menos civilizados. Puede ser el juego previo a un encuentro increíble en tercera dimensión. Puede ser una terapia para quitarse máscaras morales y dejar salir el animal sexual tan políticamente incorrecto como delicioso.

Es también un negocio, una industria, un cliché, un tabú, pero nunca, repito, nunca, va a superar el contacto físico. Por eso el escenario ideal es convertir ese cyber intercambio de información sexual en un acto real. Si su ciberinterlocutor les ha logrado proporcionar un orgasmo a pesar de los miles de kilómetros de distancia que los separan, y a punta de blasfemias digitales de alto calibre nada más, en la vida real lo duplicará con suerte.

Así las cosas, –si hay fuego en sus ciberespacios- no lo dejen apagar, como dice Bomba Estéreo. Pasen de la web cam a la cama, y si son malos en la cama, al sofá. Los invito a que avancen del sexo en 2d al sexo en 3d.

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Cartel Media S.A.S.

 

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