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Cartel Urbano
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VIDA DESPUÉS DE LA TECNOLOGÍA

 

Blasfémina
Por María Ximena Pineda
@anacaonax

 

Durante los últimos años me he sentido una paria de la tecnología. Siempre he estado en contra de cambiar celulares cada seis meses, incluso he estado en contra de gastar dinero en ellos. He tenido celular porque el trabajo y mi familia me lo han exigido, pero podría no haberlo tenido nunca.

Mi televisor es una caja negra de los años noventa, alejada completamente del “hiperrealismo” de los televisores plasma y, a pesar de su condición casi obsoleta, no me impide ser televidente. No tengo Ipod pero tengo un equipo de sonido que data de 1990, herencia de mi tío. Equipo en el que puedo oír la música que quiera. Tengo un Blackberry, no un Iphone, y eso no me ha impedido comunicarme con mis amigos a lo largo del mundo, desde Brisbane hasta Londres.

Y aunque no vivo de ninguna manera en un estado “unplugged” la anacronía de mis comunicaciones escandaliza a más de uno de mis hyper-conectados cercanos. Les parece absurdo que no tenga Iphone, Ipod, Ipad. Hasta mi computador que ha cumplido 4 años les parece una antigüedad despreciable.

Y sí, lo admito, no soy fan de la tecnología, en mi lista de prioridades el tema está en los últimos lugares de importancia. No me importa tener una flecha ni tampoco me interesa subutilizar alguno de los productos de Apple que según tantas personas me hace tanta falta. Sigo rehusándome a consumir más de lo que necesito.

Solamente el hecho de ver cómo miles de personas hacen fila días antes del lanzamiento del último Iphone para comprar la nueva versión, habiendo comprado uno nuevo hace menos de seis meses, me parece espeluznante. El año pasado circuló en la red un video de una mujer brasilera que se lanzó a los rieles del metro para recoger su celular aún estando a punto de ser arrollada. Es así, vivimos en un mundo donde la vida humana vale menos que un teléfono celular.

El mercado o la publicidad o un monstruo llamado consumismo o los gobiernos neoliberales, quien sea, han generado una lista de justificaciones para la compra indiscriminada e, incluso esclavizante, de tecnología. Facilita el trabajo, nos conecta con el mundo, hace eficiente nuestra cotidianidad, lo que sea. El bicho raro siempre será aquel que cuestione nuestra dependencia a la adorada “techné”.

Cada vez es más difícil deshacerse de aparatos tecnológicos. Las empresas de telefonía hacen lo imposible por atraparnos en planes de datos y de minutos que no tienen fin y cuando intentamos cancelar una línea celular, ponen en marcha toda su artillería para impedírnoslo tratando de convencernos, vilmente, de que nos premian con un mejor servicio, atándonos a un año más de contrato y a un nuevo aparato.

Lo más grave de todo es que la gran mayoría de los consumidores de tecnología creen tomar sus propias decisiones y no reconocerían nunca ser parte de un mercado masivo que los controla. Consumen pensando que la opción “customized” protege su individualidad y los aleja de comportarse como borregos adoradores de Apple y sus homólogos.

Así pues, asumo con orgullo mi condición de “outsider” del mundo tecnológico. Falta mucho tiempo para que entren a mi canasta familiar los últimos avances de la tecnología pues no hay nada más liberador que no depender de un Iphone, un computador o un Ipad. Me entenderán aquellos que han sido bendecidos por el robo de su equipo móvil y volvieron a experimentar las delicias de la libertad. No estoy en contra del uso de tecnología pero sí estoy a favor de su uso justo. La vida se nos pasa mientras estamos metidos en una pantalla de teléfono, de pc, de tablet, de Mac, ¿no es eso muy triste?

 


Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Cartel Media S.A.S.

 

 

 

 

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