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Cartel Urbano
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EN EL COLEGIO

Conocimiento vulgar
Por Ángel Carrillo
@einyeah

 

El Walkman de alguien insistía, <<(…)tanta mona me envenena (…)tanta mona es mi condena>>, en ese zaguán del tiempo que conectaba la clase de Biología y la de Matemáticas. Luego, calcando el desamor, todos insistían como un orfeón <<(…)bailando sin poder parar>>. Se sentó soportando las nalgas en el brazo del pupitre, hablando especialmente, de la investigación de Sistemas lineales con dos incógnitas, precisando apuntes, lápices y cuadrículas; soltaba números y símbolos con voz de trueno. Era Moisés con sus tablas y erratas, pero también, sin quererlo, era un Cristo con clavos que le atravesaban las muñecas. O las manos. Se cortó el espacio y se cortó el tiempo. Zumbó en el horizonte una maleta Totto Light verde, que viajaba con la velocidad de la bala que descarga el asesino; unánime destino: el Moisés noventero de las ecuaciones de noveno grado. Aquella bolsa de tela llena de libros le dio justo en la base del cráneo y lo dejó azorado y confundido, tirado en el piso rodeado de números y luces.

—Donde presente el trabajo lo levantamos. ¿Oyó? Sólo usted lo hizo, y si lo entrega nos jode a todos. Párese, recójale la maleta a Nidia y deje de creerse más que los demás.

Después de la corrosiva lección de humildad y las lágrimas, ya secas en la cara, habían dos caminos: venganza o miedo.

En los noventas, acá en Colombia, los llamaban montadores. Ahora el término es más esbelto, anglicista: bullying. Su fruto sigue siendo fatídico y amargo; hay cosas que no cambian.

2013, una niña de quince años, prima de alguien, hija de alguien y hermana de alguien más, se suicida, en Bucaramanga, Santander, por creer que es un adefesio: fea e insípida. Convencida —por alguien, otro alguien— de estar sumergida en la corriente de un proceso irreversible hacia la impopularidad, tensa un cinturón y lo fija al techo, acerca una silla, se encarama, se lanza y se estruja el pescuezo hasta la isquemia cerebral. Queda hinchada, morada, con los pies descalzos oscilando sobre el piso y una sombra que la persigue de lado a lado como un perro faldero.

Pero también, en 2001, uno de los que lanzó la maleta por el aire cargada de Álgebras de Baldor —el que dijo puntualmente “(…)lo levantamos”, el mismo que más tarde, ese martes, se tronaría a puños contra otro más atravesado que él, ese al que no se le dio la gana de hacer la investigación sobre Sistemas lineales con dos incógnitas—, saldría volando de una moto a 90 kilómetros por hora y pintaría el pavimento con la piel de su cara. Todo el pavimento. Entonces la gente, taimada, habla de una buena cantidad de probabilidades metafísicas, de la báscula universal y, con aires perfilados moralistas, de una mujer con los ojos vendados que sostiene una espada y una balanza: justicia.

Ni justo lo uno. Ni justo lo otro.

La encrucijada lleva a tomar un camino, sólo uno, en la bifurcación escolar: soportar la coacción por una culpa que no existe, el daño continuo, la sal en la herida, el mártir, o, convertirse en su propia antítesis.

Todo se engloba en un proceso cultural, de desarrollo ético, en el que los factores generales y singulares marcan la piel del niño como ganado. La calle y el patio de la casa, el salón de clases y la habitación, Nidia —la dueña de la maleta— y la tía, y el primo, y el papá alcoholizado y la mamá cansada. Todo actúa como Fuerza de Gravedad, empujando y fijando los pies al piso, a la realidad, firmando con el peso del zapato: esto-es-lo-que-seré. Pero el bullying es una manera formal de ser mediáticos, de dejarle la labor a alguien más.

Ese mismo día antes de Matemáticas, Hoover, que recién aprendía a tocar guitarra, repisó los acordes y se repitió una y otra vez hasta el cansancio <<Yo no quiero rueda yo no quiero más alcohol / Salvame vos sos mi última opción>>. Era un ruego, era un mantra, “Salvame vos sos mi última opción”.

Luego se fue al ejército a ser Oficial, como el papá. Y murió. Tenía 23 y esa fue su última opción.

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Cartel Media S.A.S.

 

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