Ud se encuentra aquí INICIO Node 17378
Cartel Urbano
M

MENOS EDIPOS Y MÁS ELECTRAS

Blasfémina
Por María Ximena Pineda
@anacaonax

Cuando las mujeres establecemos una relación romántica podemos tomar dos caminos: convertirnos en niñas consentidas o en madres protectoras. Quizás las mujeres latinoamericanas adoptemos más este último rol debido a nuestra tradición machista. Sin embargo, toda regla tiene su excepción y, a veces, logramos engañar a Edipo para convertirnos en Electra.

La mujer que adopta actitud de madre con su pareja no puede dejar de preguntarle ¿qué comió? ¿qué se va a poner? ¿a qué horas va a llegar? Está constantemente alternando sus labores de amante con las de la crianza. Muchas veces esta “pareja maternal” se puede tornar algo sobreprotectora y, a menos que el tipo sea un total pusilánime, la cosa puede terminar mal.

Y los hombres se acostumbran muchas veces a esta novia- esposa-madre. Cómodamente se dejan consentir, guiar, mandar, limpiar y hasta regañar. Y es común verlos quejarse de la cantaleta pero son incapaces de vivir por sí solos. Necesitan un bulto al lado que les organice la vida. Necesitan a la mamá.

Pero este trabajo de ser novia, esposa y madre a la vez es, quizás, el más agotador de todos. Un hombre podrá no requerir de lactancia ni tampoco necesitará que le cambien los pañales pero pide atención todo el día. Hay que estar pendientes de lo que come, de su transporte, vestuario, cuentas por pagar y, aparte de todo, hay que estar disponible todas las veces que quiera algo de “intimidad”, cosa que puede llegar a ser una pesadilla cuando piden tanta cuerda. Así pues, es muy común oír a varias mujeres decir que además de sus hijos también criaron a sus esposos.

Como si fuera poco, este tipo de relación hombre-mamá funciona solamente a través de órdenes y condiciones. Muchas veces de manera inconsciente, los hombres terminan necesitando instrucciones puntuales de lo que deben y no deben hacer, tal como un niño chiquito. Órdenes sobre lo que deben ponerse, lo que deben comer… al punto de que se vuelven absolutamente dependientes y ocho días de vacaciones lejos de su “mamá” pueden llegar a ser un desastre. Pueden hasta terminar en un hospital por causa de una intoxicación.

No hay que tener necesariamente el perfil de una ama de casa desesperada para asumir este rol maternal en una relación. Hasta a mí me pasó que no nací para la cocina sino para el comedor y créanme, es mil veces preferible ser la niña chiquita de la relación que la mamá sobre protectora. Afortunadamente hay hombres cuyo instinto paternal nos arroja al llamado “complejo de Electra” definido por el psicólogo Carl Jung como el opuesto al Edipo masculino, es decir, una atracción afectiva que sienten las niñas hacia sus padres.

No hay nada más romántico y encantador que sentirnos protegidas, que en vez de tener que dar órdenes y cantaleta estén pendientes de nosotras, nos complazcan, se preocupen por lo que nos hace bien o lo que nos hace daño. Que de vez en cuando nos regañen y que nos traten como niñas traviesas.

Yo cambio definitivamente el rol de madre para empaparme por completo del rol de Electra. De pronto porque nunca tuve un papá a mi lado y me siento aliviada al lado de un hombre que me llene de seguridad paternal. De pronto porque me cansé de los chicos perdidos enamorados de su mamá, a quien no podremos nunca superar en ningún aspecto doméstico. O simplemente porque la idea de que alguna picardía termine con un par de nalgadas me parece absolutamente sexy.

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Cartel Media S.A.S.

 

Comentar con facebook