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Cartel Urbano
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COCINA COLOMBIANA

Blasfémina
Por María Ximena Pineda
@anacaonax

Las ciudades cosmopolitas del mundo albergan cientos de restaurantes con las comidas internacionales más apetecidas: la italiana, la española, la mejicana, etc. Sin embargo, nuestra comida típica colombiana en esos sitios poco suena.

Aunque Leo Espinoza haya querido darle algo de sofisticación a nuestra sazón nacional, le ha quedado grande. Me atrevería a decir que por una razón: la tripa. Generalmente la porción de un plato típico ya sea bandeja paisa, lengua o sancocho, es bien generosa pues tiene como objetivo principal llenar la tripa del colombiano que, valga decirlo, tiene buena muela.

Así que, aunque Leo haya tratado de preparar una bandeja paisa estilo minimalista, haciéndola lucir como sushi echándole un huevo –pero de codorniz- encima, todo el concepto del plato pierde su riqueza. Es que la esencia de la lechona es la grasa, de la lengua la salsa y del sancocho la costilla. El alma del plato típico colombiano está en la abundancia y no en la escasez que parece reinar en la comida fusión contemporánea.

Sin embargo, que los platos típicos colombianos sean de grueso volumen no tiene nada que ver con su falta de popularidad en los menús internacionales. Quizás tenga que ver más con la complejidad al obtener los ingredientes adecuados y los utensilios requeridos. Hace pocas semanas quise preparar carne desmechada en Boston pero me fue imposible. A pesar de que hice toda la pre-producción del caso: consulté a mi mamá y a varias mujeres expertas en la materia, investigué las formas de cocción alternativas y las clases de carne que podrían darme esa textura pero no lo logré. Era indispensable una olla a presión.

Aunque soy poco cocinera, insistí en preparar la receta, así que empecé a investigar si podía conseguir una olla a presión en Massachusetts y me topé con la noticia de una pareja neoyorquina que buscó comprar una olla a presión en Google y al siguiente día tuvo una visita del FBI por presuntos actos terroristas. Al parecer los hermanos Tsamaev, quienes detonaron los explosivos el pasado mes de abril en Boston, utilizaron la olla a presión para fabricarlos. Ante tales incidentes de orden público tuve que desistir a la idea de preparar la receta.

Entonces me ofrecí a cocinar otras opciones del menú colombiano pero no encontré guascas para el ajiaco, nunca supe cómo explicar cuáles eran las menudencias y para los fríjoles de la bandeja paisa me volví a encontrar con la barrera de la olla a presión. En realidad no quería manchar mi expediente pues era mi primera visita a US y preferí salir a comer a los variados restaurantes de la ciudad.

Y en la variada oferta de cocina internacional de las ciudades que he visitado, la cocina colombiana ha estado siempre ausente. A la sombra de la mejicana, incluso de la peruana. Sin embargo, los colombianos a lo largo del mundo entero se las arreglan para preparar sus arepas y cocinar sus empanadas. Siempre hay un dealer en el mercado negro que vende lo imposible: areparina, guaro, panela.

Así las cosas, aunque poco populares los platos colombianos, de alguna manera los paisanos que viven en el extranjero mantienen la esencia y alguna vez al año llenan la tripa con escasos manjares importados de la tierrita. Esperando con ahínco volver alguna vez a experimentar la abundancia de una bandeja paisa, odiando a Leo Espinoza y soñando con que, algún día, el FBI entenderá que para un colombiano, una olla a presión no es un artículo terrorista sino un artículo de primera necesidad.

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Cartel Media S.A.S.

 

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