
ACTIVISMO CULTURAL EN LOS TIEMPOS DE LA CACEROLA
Por Bizarro Mesa
@BizarroMesa
Cuando un campesino pierde la posibilidad de trabajar la tierra, o se entera de la Resolución 970 (sobre semillas certificadas), o se queda sin posibilidades de garantizar su sustento, se desata un drama para él y su familia, pero no para aquellos colombianos que viven en la ciudad. La falta de políticas para subsanar el hambre de las comunidades les ha dado protagonismo a los manifestantes y no “por el simple capricho” de alterar el orden público. Lo que sucede es que las familias campesinas están aguantando hambre y por eso están protestando.
Sin embargo, hasta la semana pasada el activismo en las ciudades no se había manifestado, no se vio en el Catatumbo, ni en el paro cafetero ni en el de los arroceros. No había visto intervenciones culturales apoyando el campo colombiano, tampoco nuevas narrativas capaces de alterar la despreocupación que se ha establecido en la gente, ni ‘guerrilla-arte’, mucho menos formas creativas de movilización y protestas; solo algunas propuestas críticas cargadas de humor y desobediencia en Facebook.
Cabe decir que la resistencia, el riesgo y el contacto con la calle son tres ejes que ayudan a promover proyectos vivos, contemporáneos, culturales, artísticos y experimentales. Su existencia siempre es necesaria y debe contemplarse dentro de toda protesta.
Las habilidades artísticas son ahora también un modelo de supremacía de la producción de riqueza capitalista. Pero el arte y la cultura independiente son vitales para expandir la mente y en Cali han sido vitales en el reclamo a un desarrollo equitativo para todos los sectores de la ciudad.
¿Cómo nos la ingeniamos creativamente para resistir nuestra actual realidad?
Hay una resistencia que hace mucho tiempo no veía. Y este lunes, un cacerolazo de última hora floreció en medio de una notoria escases de productos e incremento de precios en las centrales de abastos y en las tiendas del barrio de todo el país.
Volvió el activismo cultural socialmente comprometido. Salió de Facebook con una nueva responsabilidad política: la de establecer imaginarios posibles e inventar dispositivos críticos que nos sirvan para apoyar al campesino colombiano, también a sindicalistas, estudiantes, trabajadores de la salud y la educación. Salió para crear esa comunidad unida que reclama contenidos distintos a los ofrecidos por RCN y Caracol.
Sí es posible construir un mundo mejor a partir del activismo ciudadano, a través de festivales artísticos en aquellas regiones que históricamente se hallan fuera del circuito de la producción cultural.
Sugiero conferencias locales, municipales y nacionales de activismo cultural. Lograr un movimiento conjunto que le siga jalando las orejas al Estado. Que la sociedad civil exija y estimule políticas innovadoras para el campo que tengan que ver con cultura, ciencia, tecnología, educación, deportes y turismo.
Los tiempos que corren y los conflictos que nos estallan en la cara nos obligan a pensarnos desde nuevas narrativas sociales. Necesitamos más figuras conscientes que nos ayuden a encausar los retos que nos plantean los conflictos sociales para lograr un estado abierto y participativo.
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