
INSTRUCCIONES PARA SER UN CRONOPIO
Conocimiento vulgar
Por Ángel Carrillo
@einyeah
Qué contigüidad he sentido hoy con Cortázar al atreverme a escribir unas brevísimas instrucciones para ser algo inexistente. Este riesgo se toma mirando de frente a la fatalidad y sujetando por la cintura una figura demente y fantasiosa. En caso de que falte esta última, podremos echar mano de Octaedro, Todos los fuegos el fuego, o si se cuenta con una billetera más jugosa Cuentos completos I, II y III. Evitemos hoy la magna creación, Rayuela, de la que ya se ha hablado suficiente por estos días gracias a la velita en forma de número cincuenta que soplan todos los medios de comunicación medianamente culturales.
Primero. Ser humano –o empeñarte por serlo–. Si has logrado superar esta etapa, posiblemente las siguientes no sean tan sencillas, así que no te confíes. Un Cronopio es una prosa sin ortografía, lo más subjetivo dentro de un sueño, por lo tanto es tan parecido a un humano que hasta se puede confundir con él cuando camina por las calles o se toma una cerveza en un bar.
Segundo. Aprender a llorar. Se logra naturalmente al nacer, pero puede no ser esta la manera correcta de ejecución. Llorar es un arte complejo y que requiere un cuidado extremo, puede ser ordinario o atestado, todo depende de la profanación de los gestos, los fluidos escurridos y lo ensimismado que se esté durante el acto. Para llorar existen unas instrucciones específicas que Julito nos ha dejado con mucho cariño y finura. Hay que aprenderlas y practicarlas como una secuencia, como un arma de creación masiva.
Tercero. Olvidarse del tiempo. Estos seres son idealistas e ingeniosos, y lo han logrado desencolando las manecillas del reloj y orbitando plácidamente sobre la superficie numérica. Se debe sujetar el cuerpo al lugar que se habita, amarrarnos una cuerda al tobillo y dejarnos engullir en el misterio de los relatos aunque bordeen el filo de la fantasía más ilusa por horas y horas. Ya dentro, podremos ver con cercanía las analogías poéticas del autor, sentir sus versos más sinceros y hasta considerarlo un amigo. Cortázar es un departamento abierto que permite su meticulosa inspección sin horarios de ingreso. Es algo así como 24/7.
Cuarto. Arriba es izquierda, como abajo es el techo. Vimos a través del Cronoscopioide un raro pensamiento en una de estas criaturas, que intentando abrir la puerta de su casa encontró una caja de fósforos en lugar de sus llaves y esbozó un profundo análisis de intercambio morfo-estacionario: “sería horrible que el mundo se hubiera desplazado de golpe, y a lo mejor si los fósforos están donde la llave, puede suceder que encuentre la billetera llena de fósforos, y la azucarera llena de dinero, y el piano lleno de azúcar(…)”. Elevemos la mente hasta donde no llega el ojo humano, dejándola inmersa en su soledad, explorando las profundidades de la irracionalidad. Si se teme a la incoherente creación es recomendable dejar de inmediato este corto instructivo.
Quinto. Temer al miedo. Hay quienes le temen a la noche, a los fantasmas o a las alturas, pero a lo único que se debe temer cuando se espera ser un verdadero ejemplar cronopioide es al miedo. Menos por menos da más, la ecuación elimina ambos factores y nos deja la braveza y el coraje para desafiar a esta descortés realidad como lo hizo Julio Cortázar, como aún lo hacemos sus lectores.
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