
LOS PERIÓDICOS CHIMBOS
Por Bizarro Mesa
@BizarroMesa
“A diferencia de lo que ocurre en Europa o Estados Unidos, donde las empresas periodísticas de origen familiar han mutado a compañías independientes, en América Latina los diarios tradicionales todavía insisten en conservar cierta aristocracia, una que, por cierto, ya no tienen. Los nuevos propietarios de diarios tradicionales, casi ninguno de ellos periodistas de formación ni de oficio, todavía no se enteran de que la supervivencia de sus empresas ya no depende de los apellidos de sus patriarcas fundadores sino de la calidad de sus contenidos”.
La cita es de José Alejandro Castaño y sirve para introducir algunos cuestionamientos sobre la prensa. Por ejemplo, no entiendo por qué los titulares de los periódicos Extra y Q’hubo, que se venden aquí en Cali y en el resto del país, son tan violentos. Tampoco comprendo la razón por la cual los voceadores contratados por estas empresas periodísticas anuncian sus noticias morbosamente. ¿Por qué este negocio no respeta el dolor y fomenta las bajas pasiones en las personas de escasos recursos?
En un barrio estrato tres, clase media baja, uno suele despertarse con la gritería de la calle: “¡EXTRA, EXTRA! ¡LA NOTICA DEL MUERTO DE FLORALIA!”. Y más tarde, el desayuno suele ser con el Q’hubo -que aquí es sensación entre los taxistas-, anunciando en su portada: “¡CALI LA CIUDAD MÁS VIOLENTA!”.
¿Sabe usted cuántas personas compran este tipo de diarios?
Según los resultados de las últimas mediciones del EGM, Q'hubo, por ejemplo es actualmente el periódico más leído de Colombia, cubre el 75% de la población colombiana, circulando en 12 regiones todos los días. Pensemos en los $800 que cuesta ese periódico multiplicados por una cifra cualquiera de compradores que pueda representar ese 75%. Son miles de millones de pesos que entran a las cuentas del grupo Grupo Nacional de Medios, del que son socios los periódicos El Colombiano, La República, El País, Vanguardia Liberal y El Universal; en los departamentos de Atlántico, Cundinamarca, Santander, Valle del Cauca, Bolívar, Norte de Santander, Tolima, Caldas, Antioquia, Risaralda, Cauca y Cesar.
Las familias de los fallecidos que generan las noticias no ven ni un peso de aquella industria que vende escabrosamente el morbo y la muerte todos los días en sus diarios. Está de más decir que en esas noticias no hay ni siquiera un mensaje de pésame, un sentimiento de pena o aflicción.
¿Se están enriqueciendo los periódicos de este país con el gremio taxista? ¿Cuántos titulares morbosos y fotografías sangrientas se anuncian por la calle sin una autorregulación?
En vista de la cantidad de muertos que anuncian estos diarios, y la manera como titulan algunas noticias, propongo que la prensa roja o amarilla, o a la que le caiga el guante, imprima en su portada una cinta negra con un aviso que diga “¡LAMENTAMOS EL FALLECIMIENTOS DE LAS PERSONAS QUE A CONTINUACIÓN MOSTRAMOS EN ESTAS NOTICIAS!” o, por lo menos, algo parecido.
En un país donde se prefiere leer la prensa popular, aquella que le da prioridad a la crónica judicial, el contenido debería ser diferente. Si en otros diarios anuncian por estos días el éxito de Cali con los Word, perdón, World Games, el Festival Brújula al Sur o el Mundial de Salsa; hay razones para pensar que mostrar muertos y tetas no necesariamente es la fórmula ganadora. En mi opinión exhibir las cabezas amputadas desde todos los ángulos, a todo color y en doble página para lograr 400.000 lectores, no es información. Esa visión periodística tampoco educa ni entretiene.
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