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Cartel Urbano
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¿Y YO QUÉ CARAJOS HAGO EN CINE?

Rastros de Carmín
Por Billy Muñeka
@billymk

¿Cuántas películas o largometrajes colombianos de temática LGBT conocen? Si saben de alguna déjenme verla, porque la verdad no he visto la primera. Ahora bien ¿Cuántos realizadores o realizadoras LGBT medianamente identificables conocen en el país, y que además cuenten historias de homosexuales, lesbianas, bisexuales o transgénero? Tranquilos, estamos a mano porque yo tampoco sé. No voy a preguntarles sobre cortometrajes porque en lo que se refiere a público masivo ambos sectores se miran entre sí como auténticos desconocidos.

No soy cinéfila ni experta en cine, pero no soy tan miope como para no darme cuenta que la diversidad sexual en el cine y el audiovisual nacional pareciera ser una linda utopía que se charla entre café y cerveza pero que rara vez es tomada en serio.

Hasta hace dos años yo era solo una actriz transgénero que se movía entre obras de teatro, performances, sesiones de fotos y uno que otro videoclip o cortometraje; en cierto modo era una posición relativamente “cómoda”, si es que cabe el término para una transformista en el mundo de la actuación, pero cuando mis amigas de Mujeres Al Borde me propusieron hacer un corto documental autobiográfico luego de un proceso de formación de un mes, entendí una cosa: siempre que puedas, procura contar tu propia historia antes que otros lo hagan por ti. Permitir que otro recoja los relatos de tu vida es arriesgarse por un sendero con un final que no siempre es el más halagüeño.

Desde hace varios años y gracias al Ciclo Rosa, al que seguramente muchos de ustedes ya habrán ido, hemos tenido la oportunidad de apreciar cortometrajes nacionales donde se cuentan historias de personas con sexualidades diversas, y eso está muy bien, yo misma doy testimonio de ello; pero el caso es que pareciera que ese fuera el único espacio audiovisual para contar nuestras historias como lesbianas, homosexuales o transgénero. ¿Por qué no contarnos nosotros mismos en la gran pantalla? ¿Qué es lo que hace falta?

La suspicacia de algunas personas a veces puede parecer molesta, e incluso rayar en una visión ciega de las cosas; lo digo porque cuando un realizador audiovisual se interesa en historias de homosexualidad, lesbianismo o transgénero, no falta el comentario: “que jartera usted otra vez con el tema LGBT, ¿es que no puede hablar de otra cosa?”.

¿Y es que acaso se ha hablado mucho de diversidad sexual en el cine y el audiovisual colombiano a lo largo de la historia? Señoras y señores, contar nuestras historias como gays, lesbianas, bisexuales o transgénero no es una moda o una tendencia, es nuestra obligación.
Otros dirán que ya hemos aparecido mucho en tv, video y cine, ¿que ya para qué más? Pues eso a lo que ustedes llaman aparecer no es más que un adorno, un elemento más del paisaje que se muestra desdibujado, tergiversado y bastante alejado de lo que es nuestra realidad pura y dura. Ya es hora de que se den un buen baño de calle.

Al no haber relatos nacionales que nos cuenten como población, a muchas y muchos solo nos queda construirnos a partir de los modelos que nos llegan del norte; es así como aquí no existen homosexuales sino gays, y en vez de lesbianas marimacho existen las butch. Incluso yo, que en vez de transformista soy drag queen.

Centrándome en lo que sucede en nuestro país, me parece muy desigual el hecho de que haya sido primero la literatura, y luego el teatro, quienes se arriesgaron a contar nuestras historias como población LGBT, antes que el cine. Cuando los relatos que nos cuentan a nosotros mismos como parte de una cultura no se narran, nos estamos acercando peligrosamente a la invisibilidad. La cultura es el gran relato de quienes hacemos parte de ella, y si uno de los grandes narradores del último siglo no nos tiene en cuenta en sus historias ¿Qué?… queridas, ESTAMOS JODIDAS.

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Cartel Media S.A.S.

 

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