
OTRAS VELOCIDADES, OTRAS GEOGRAFÍAS
En la otra esquina
Por Harvey Murcia
Precisemos para que podamos comprendernos, como expresaba Voltaire: estamos bajo el designio del vertiginoso movimiento incomprensivo que no permite articular una idea clara sobre lo que acontece. Es tan violento este movimiento que el mundo, algo que parecía inconmensurable, es hoy un simple croquis que si se detiene un instante decepciona.
Bajo esta lógica, se han construido imágenes que reemplazan el mundo y que habitan la vertiginosa apuesta visual: fascinación efímera. En los baños de los pubs, en los centros comerciales, en las grandes y pequeñas avenidas, en los lugares más extraños hay una imagen. Allí se encuentran. En las revistas, en los magacines, en los periódicos; las imágenes no remiten a nada, sólo así mismas. Prestas allí para ser vistas en el fragmento de un segundo. La escritura no puede escapar a ello. Se acomoda al espacio de la velocidad de lectura, de escritura, de producción. Algo que el crítico Umberto Eco denominó escritura gastronómica. Ya digerida y puesta para recorrer lo más ágilmente posible.
Sería ingenuo creer que estas imágenes, que esta lógica de la velocidad, no afectan nuestras ideas y nuestras relaciones sociales. Hoy, como lo escribí en una columna anterior, se articulan desde las redes sociales, fuentes de velocidad. Allí todo está a la mano, cerca de nuestra necesidad cronométrica. Qué ruta tomar, el mejor restaurante o el cinema de momento. El sexo es más seguro en la celeridad del ciber espacio, puedes conocer personas que te harán pasar un rato efímero, tan agradable que nunca lo recordarás.
Los políticos comprenden perfectamente que esta idea de habitar es imperante, y por esto, le apuestan a proyectos arquitectónicamente volátiles con el fin de seducir de manera epidérmica a sus pueblos sin la búsqueda de escenarios de fortalecimiento de una conciencia política que nos permita reflexionar sobre temas y cambios sociales vitales para que se fortalezcan las democracias.
Todo puesto al servicio de la velocidad. Pero, ¿qué significa el movimiento ágil y continuo? Moverse y detenerse es una paradoja: cuando estás en un automóvil en movimiento tienes dos opciones; o miras el vidrio o ves el bosque difuso que se forma en el andar. Así, sólo puedes exclamar cosas como: “qué lindo eso que acabamos de pasar”. Se pierde un contacto experiencial con el mundo factual y por lo tanto todo referente se resquebraja en el andar cotidiano. Los destellos de un mundo son los que convocan y en tanto destellos, fragmentos de una realidad, desilusionan y causan desapego.
¿Qué nos convoca hoy? Las multitudes reclaman a gritos un nuevo movimiento más eficaz y más rápido que deslumbre, por esto los desarrolladores e ingenieros del espectáculo se vuelcan para “inventar mundos habitables” y lejanos del que habitamos cotidianamente. En ello se diluye la humanidad en pro de una ética y estética cercana a la trayectoria: ser un habitante del mundo. Sin identidad, sin anclajes culturales que permitan reconocernos como diferencia, como seres de otros tiempos, de otras velocidades y por lo tanto de otras geografías.
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