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Cartel Urbano
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EL GRAN COLOMBIANO NO EXISTE

En la otra esquina
Por Harvey Murcia
@hmurcia_q

Frente a la pantalla de mi televisor seguía hace unos días este nuevo reality llamado “El Gran Colombiano”. Reality pues la manera como se desarrolló fue similar al formato de moda: se postula, se selecciona y va saliendo el menos atractivo para que queden unos pocos, hasta que se elige el ganador.

El presentador marcaba unos ritmos de tensión medio aburridos que no determinaban ninguna carga dramática; el panel intentaba reconstruir de manera episódica la biografía de las personas elegidas, hurgando en argumentos “cocteleros” para explicar por qué debería ser el ganador. No sé de qué exactamente, pero esa era su intensión. Según las cifras, la votación total fue 1´132.183 repartidos entre cinco finalistas otorgando la adjetivación de ‘gran colombiano’ al ex presidente Álvaro Uribe. Lo importante no es esto, creo que lo resaltable es lo que representan los otros cuatro finalistas, que puestos en conjunto, nos pueden dar una suerte de radiografía del país.

Para iniciar Antonio Nariño (4,7%) se puede poner sobre la clave de la historia del país; de las búsquedas por la constitución de un estado soberano que pudiera definirse por sí mismo. Gabriel García Márquez (4,78%) representa la más importante tradición en los últimos 40 años, de la literatura del país; él fue encontrando desde el realismo mágico una manera de explicarnos como nación. Su propuesta ubica la literatura nacional en una clave particular onírica y difusa. Trizada y compleja.

Sus entregas y creencias sobre la ruda realidad en la investigación científica le otorgan a Patarroyo (4,85%) un reconocimiento particular. Como se sabe, el avance en innovación e investigación son pilares para que las sociedades avancen tanto política como culturalmente. Y es justamente este investigador quien mejor lo entendió. Tratar de decir algo sobre Jaime Garzón (17,5%) sería un atrevimiento. Él supo convertir el humor en un instrumento para evidenciar la vida política del país. Su capacidad polifacética estableció un signo de crisis nacional que vaticinaba la pérdida de la memoria social si no se observaba con atención los procesos que se estaban viviendo.

Así se encuentra un contrapunto cultural cruzado por historia, literatura, investigación y memoria. Justamente las cuatro grandes crisis con las que nos enfrentamos. Carencia para comprendernos como país; literaturas inobservadas que podrían marcar puntos para explicarnos; carencia en investigaciones de peso y largo aliento; carencia en la construcción de una memoria colectiva que reivindique a las víctimas y la diversidad.

El resultado final de este reality demuestra que el gran colombiano no existe; es simplemente una ficción que nos distancia de las necesidades más básicas y vitales que se requieren para que podamos salir del atolladero en el que nos encontramos.


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