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Cartel Urbano
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MOCHILEROS Y CAMBIOS CULTURALES

Por Bizarro Mesa
@BizarroMesa


Los extranjeros tienen muchas experiencias para compartir. Tienen la capacidad de comunicar la existencia del alma y nuestra ciudad necesita nuevas maneras de vivir, pensar y actuar. Por eso los intercambios culturales y académicos que están viviendo los caleños han logrado que algunos jóvenes adquieran una nueva manera de ver, percibir y manejarse en el entorno caleño.

¿Qué trae este tipo de turismo? ¿Cómo cambia el pensamiento cuando el barrio San Antonio se está convirtiendo en albergue y punto de encuentro de los extranjeros que vienen con su mochila llena de música, arte, ganas de conocer y/o quedarse a vivir aquí?

Muchos ‘backpackers’ que llegan no se quieren ir de este realismo mágico valluno obligándonos a cambiar un poco nuestras costumbres para hacerlos sentir bien. Hay unos que simplemente están de paso, pero hay otros que se están quedando, creando un desequilibrio socio cultural que tarde o temprano tendremos que equilibrar. Por ejemplo, no está bien que para ellos, por el hecho de tener los ojos claros y el cabello rubio, la comida, el alquiler y los taxis sea más caros.

Este es un país conservador, pero ahora hay quienes se quieren sentir progresistas. El pensamiento de los que comparten con franceses, ingleses, brasileros, argentinos o españoles empieza a cambiar. Se percibe un cambio espiritual y personal de ver la vida.

Algunos caleños se quieren ir porque están cansados de lo mismo: la gente, los problemas, las pocas oportunidades y, qué curioso, los extranjeros, en cambio, se quieren quedar. Con ellos también llegan nuevas ideas, otras maneras de funcionar, de trabajar y de vivir.
Conocer nuestra tierra e historia sin pensar en las fronteras es un alimento para el alma. Salir, vivir, volar, viajar, darnos cuenta de nuestra verdad como latinoamericanos nos ayuda a valorar y también a reconocer lo que nos ha arrebatado la corrupción que se esparce como epidemia en esta región.

Qué bueno sería que tanto extranjeros como caleños no sólo se quedaran parchando en San Antonio, sino que también visitaran y trasmitieran sus experiencias y conocimiento a los pelados que viven en barrios marginales. Ellos, que por ahora no tienen la oportunidad de ir más allá de las fronteras de su ciudad y país, seguro se asombrarán con los ojos azules, el cabello rubio y ese acento que parece sacado de fábulas. Pero también podrán nutrirse y acercarse a otras realidades a través del saber y la cultura que nos llegan de afuera.

La comida, el arte, la movilidad, la protección del medio ambiente, la manera de comunicarse es diferente entre ellos y nosotros. Sin embargo, sus experiencias expanden nuestra mente, creando ansiedad por conocer el mundo, sin tenerle miedo a las limitaciones.
Los caleños tenemos que darnos cuenta que estamos recibiendo casi cuatro mil extranjeros anualmente. Hay que valorar lo que es de nosotros y ofrecerlo sin obstáculos. Cali está viviendo un reordenamiento social y cultural y parece que los nuevos aires globalizados nos están obligando a dar pasos en la dirección de reestructurar nuestras maneras de vivir. Quizás sea el momento de aprovechar el turismo mochilero, deportivo, gastronómico y académico para enfrentar los problemas socioculturales y la crisis mundial que nos arropa a todos.

 

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Cartel Media S.A.S.

 

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