
¿SON DE VERDAD?
Por Billy Muñeka
@billymk
Cuando llegué a los estudios de Fox Telecolombia un viernes a las 9 a.m., elegantemente vestida y arreglada a presentar un casting para una serie del canal RCN, nunca me imaginé que para ser elegida tendría que tomar hormonas y armarme de tetas y cola siliconadas. Luego de esperar en la recepción por cerca de dos horas y haber sido la primera y más puntual de las aspirantes a un papel de travesti, el asistente de dirección que me hizo la prueba me miró de arriba abajo tratando de comprobar mi evidente belleza artificial producto de dos horas de arreglo, acto seguido volteo a mirar a mis “naturales” y operadísimas competidoras desplegando un sutil gesto de satisfacción.
En ese momento comencé a sospechar que mi escultural y curvilínea figura hecha de espumas y fajas tendría una prueba de fuego desigual frente al arsenal de hormonas, cirugías y siliconas repartido en las tres competidoras frente a las cuales me encontraba. Sobra decir que las actrices en cuestión eran todas mujeres trans hechas y derechas. El caso fue que a pesar de haber sido la primera en llegar, terminé pasando en segundo lugar después de una actriz trans con estatura de top model que llegó tres horas después de la hora acordada, y acompañada de su manager que era “íntimo” del asistente de dirección.
Sé que este relato podría sonar como un indirectazo hacia las mujeres trans recordando aquellas viejas peleas de otros tiempos entre transformistas y travestis por el título de la más femenina o la que es más mujer; pero no soy tan superficial, a pesar de mi sintética cabellera. El meollo del asunto va por otro sendero.
Naturalidad, un término de cajón frente al que una transformista parece verse en desventaja pues nuestra ficcional belleza es relegada bajo eufemismos como el siguiente: buscamos una travesti muy natural, nada de artificio. Excusa soterradamente común que parece pulular en la televisión que, ante el indiscutido triunfo de un Endry Cardeño hace unos años, ahora quiere buscar quién ocupe su puesto en el circo mediático nacional.
Una mujer trans en la televisión colombiana no baja de interpretar travestis, prostitutas o peluqueras; la carga sexual y de marginalidad que con frecuencia se nos achaca a l@s artistas transgenero raya en lo ridículo. Mientras tanto, los pocos personajes transgenero interesantes se los suelen dar a los galanes de turno como una manera de relanzar su carrera y demostrar sus dotes actorales; es el caso de Diego Cadavid o Robinson Díaz.
La idea de incluir a una mujer trans como figura LGBT en la escena mediática no es nueva en América Latina; Florencia de la V en Argentina saltó a la fama con la novela Los Roldán, Coco Marusix en Perú hizo carrera en la tv en los años 90, Betty Vo5 fue figura en México con su particular humor y dotes actorales, o Roberta Close en Brasil por allá en los 80. Mujeres trans destacables por su trabajo, pero son solo la punta del iceberg de un variopinto circuito de artistas transgenero y/o drag que ven mermadas sus posibilidades de ascenso ante la pretendida naturalidad de hormonas y siliconas que tanto buscan los medios de comunicación.
Pero lo cierto es que ser artista drag queen / transformista siempre ha implicado el hecho de ser visto como un outsider.
Pero esto no significa que nos hundamos en la tragedia. Muy al contrario, al ser parte de una escena que los hipsters llamarían underground, las posibilidades para el artista drag/trans son infinitas, si bien hacen falta espacios para mostrar nuestro trabajo y la remuneración no es la mejor, existe un oferta de espectáculos suficiente para crear nuestro propio Drag Race Bogotano, donde la naturalidad televisiva de hormonas y siliconas queda relegada frente a la voluptuosidad de unos generosos senos de espuma por los que más de una ha preguntado: ¿son de verdad? Porque lo parecen. Vea pues, ¡Y eso que no llevaba escote!
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