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Cartel Urbano
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¿ERES TRANSEXUAL?

Por Billy Muñeka
@billymk

 

Mi amiga Isabel una vez me dijo: “ser mujer no es fácil” y ahora que lo pienso detenidamente ser Drag Queen tampoco lo es; y es en este preciso instante cuando más de uno se me queda viendo con cierta curiosidad morbosa como el que ve un fenómeno de circo y me suelta lo siguiente: ¿entonces tu eres transexual?

En un momento como este tengo que decidir cuál será mi reacción y como toda actriz profesional que se respete guardo la compostura dejando escapar mi enojo con un leve movimiento de cejas, mientras abro mis exageradamente maquillados ojos y le respondo con una sonrisa de las más falsas que puedo encontrar mientras le acaricio la mejilla y le digo: “Drag Queen, cariño, Drag Queen”.

Más de uno ha quedado descolocado con mi glamorosa respuesta con cara de ¿Cómo así? Precisamente la expresión que usted estará haciendo en este momento leyendo una columna de opinión con la foto de una rubia supermaquillada y un aire de artificio hasta decir basta.

Travesti es un término tan general y ambiguo que tiende a confundir cuando hablamos de hombres vestidos de mujer en un espectáculo artístico, porque la gente tiende a creer que es lo mismo un travesti en una esquina haciendo la noche que un transformista en un bar haciendo un show de fonomímica.

Es sabido que la gente tiende a hacerse falsas ideas de lo que en realidad eres, lo digo yo que en medio de una presentación se me han acercado parejas de homosexuales bastante erotizados diciéndome “oye, es que mi amigo dice que tu cobras muy caro”.

A ver señores, esto es un oficio. ¿Oficio? Sí, he dicho bien, un oficio artístico con una tradición que la mayoría desconoce y que se suele confundir con prostitución.

En nuestro país los espectáculos de transformismo tienen poco más treinta años; mientras que en Estados Unidos se remontan a las últimas décadas del siglo XIX. En Europa es una tradición que lleva más de 400 años.

Pero más que una identidad de género, ser drag queen/transformista es ser un artista del espectáculo. Igual que un mago o un bailarín, implica aprender sobre la práctica un oficio que nadie te enseña. Simplemente te sientas frente al espejo usando tu rostro como un lienzo y la magia del maquillaje junto a la destreza de tus pinceles se encargan de crear una mujer ficcional; te pones la peluca previamente peinada y arreglada, tomas un vestido, unos tacones y sales al escenario a tratar de convencer al público de que ese personaje realmente es una mujer. De eso se trata este oficio, ofrecer al espectador la ilusión de una feminidad artificiosa que está ahí para divertirte y hacerte pasar un buen rato.

Pero por más dinero que tengas para invertir en vestidos, pelucas importadas o maquillaje profesional, el drag queen y/o transformista se destaca por su trabajo en escena y en la creatividad para crear una estética propia. En estos cinco años que llevo trepándome en unos tacones he descubierto que este oficio tiene mucho de filosofía punk: Hazlo tú mismo.

Y cada que salgo a conquistar la noche en mis tacones de 15 centímetros, maquillada hasta el jopo, enfundada en un vestido que me aprieta hasta los malos pensamientos y portando una exuberante melena sintética plagada de laca, me enfrentó a la fauna salvaje del espectáculo nocturno que me espera con un público expectante. Un show en el que a pesar de las extrañas proposiciones o los insultos aislados, debe continuar hasta finalizar con una ovación y un aplauso sonoro de un espectador agradecido de que hayas dejado lo mejor de ti en el escenario con ese regalo que es tu show.


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