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Cartel Urbano
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BÉSAME MUCHO

Blasfémina
Por María Ximena Pineda
@anacaonax

 

¿Quién no se acuerda del primer beso? Ese inolvidable momento en que el mundo parece detenerse por un segundo y en una mezcla non sancta de fluidos bucales nos perdemos en una especie de coma romántico. El beso es el acto que más significados encierra. Significa ternura, pasión, sexualidad, deseo. Un beso nos obliga a cerrar la boca y a decir sin palabras aquello que es imposible reducir a un discurso o a un texto.

Hay varias versiones del origen del beso. Se le atribuye al impulso de succión de los bebés, a la costumbre de varias tribus primitivas de olfatearse e, incluso, se dice que se remonta al hombre del Cromagnon, cuya madre lo alimentaba masticando los alimentos hasta triturarlos para pasárselos boca a boca.

Por supuesto que no todos los besos son románticos. Para la muestra el beso de Judas que pasó a la historia como sinónimo de traición, o el beso que le dio Jacob a Isaac pensando que era Esaú, su primogénito, y con el que le entregó, engañado, la jefatura de la familia.

En algunas mitologías antiguas el beso era el aliento donde se encontraba la sede del alma. Según afirma Edgar Morin, filósofo y sociólogo francés de origen judeo-español, el beso es el encuentro entre la psique y el eros, entre el cuerpo y el alma. De ahí que no tenga nada de descabellado pensar que uno puede entregar el alma en un beso.

El filósofo francés Alain Montandon en su libro El beso afirma que es precisamente en la boca donde se sitúa la primera sexualidad, ligada a la absorción y a la asimilación por lo que el beso en la boca es un acto de absorción de la sustancia carnal y de intercambio de almas. Es más trascendental de lo que se cree, quizás sea esa la razón por la que se rumora que las prostitutas no besan en la boca.

Un beso es un ejercicio saludable en el que se mueven 30 músculos faciales y que, según la Asociación Sexológica Británica Relate, libera adrenalina, sube el ánimo, acelera el ritmo cardíaco y eleva el nivel de glucosa en la sangre. Y bueno, el beso también tiene su lado oscuro, es transmisor de enfermedades como la mononucleosis infecciosa y es conductor de bacterias pues se calcula que cada vez que besamos a alguien intercambiamos alrededor de 3,000 colonias de bacterias.

A medida que pasa el tiempo vamos olvidando lo mágico de un beso. El desgaste del romance sacrifica los besos que están en la fila de vanguardia de cualquier relación en declive. Quizás nos convertimos en putas con el paso del tiempo, eliminando los besos del ritual sexual que se vuelve más una operativa manera de suplir las necesidades básicas.

Los invito a recuperar los besos. Esas pequeñas muertes que nos hacen temblar y nos transportan a estados placenteros y profundos. Un orgasmo se puede fingir pero un beso ardiente nunca. Nada más placentero que succionar un alma o darle pequeños mordiscos húmedos o devorarla. Denle vuelo a la lengua. Aprisionen el labio superior. Tomen aliento luego de un breve descanso sobre el labio inferior. Déjense contaminar de cuanta bacteria albergue la saliva del besador de turno. Razón tenía la compositora mejicana Consuelito Velásquez cuando escribió el bolero “Bésame mucho” y razón tenía Catulo en querer perder la cuenta de los besos para evitar la envidia, pues el beso es un acto de poderosa sensualidad. Los invito a succionar almas.

 


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