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Cartel Urbano
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SINFÓNICOS RUIDOS DE LA CIUDAD

En la otra esquina
Por Harvey Murcia



Estos ruidos que recorren la ciudad son tan extraños, territoriales, intimidantes; generan escalofríos que viajan en nuestras miradas, en nuestros andar, en nuestras conversaciones. De manera tácita están allí, fantasmales cultivando el miedo y el placer, determinando la hombría y la feminidad, consolidando una suerte de estética de ciudad, del ser urbano. En ocasiones cándidos, coquetean con la situación para ser el centinela de algún recuerdo que será memorial en la biografía personal.

Basta con salir en a las calles, a los lugares de tránsito y de goce; asomarse a cualquier rincón urbano para sentir el stock sonoro que cubre la ciudad y sus afectaciones sobre nosotros. Es casi un sinfonía polifónica y arrítmica que construye un escenario ingrávido.

He pensado que el ruido sirve como elemento clasificatorio de ciudad, de sus barrios y sus gentes. De todo lo que habita allí. Los ruidos que vomitan los motores de los automóviles, el eco que producen los buitrones de las factorías en las que se construyen más que víveres y objetos. El ajetreado movimiento que se produce sobre el asfalto con el tránsito de las personas, van fraguando una geografía de lo huidizo de lo fractal. Y allí la ciudad aparece como escenario diverso, plural.

Son como unos ruidos-músicas que estallan en el ojo indiferente de estas ciudadanías impasibles que escuchan y desencadenan formas particulares de armonía volátil, que de apoco organizan la cotidianidad. Sin pensarlo, estos ruidos-músicas se inscriben como forma de vida, como formas de relaciones sociales, de cultura e identidad; coordinan un tipo de filosofía urbana que redunda en políticas de momento, de día a día; inquebrantables y fatales para algunos, fabulescas y asombrosas para otro.

Sus uniformes imágenes van y vienen como el actor figurante que no interviene de manera imperiosa en la historia, pero que sin su presencia no tendría sentido la situación dramática que se cuenta.

Ruidos-músicas recorren la ciudad y la cifran, la determinan de ansia, de lejanías, para hacerla un lugar salvaje que mengua nuestra vida, la hace asfixiante, seductora y fatal; paisajes sonoros al estilo denso y atmosférico de sexydeath que buscan ser legitimados en esto que llamamos el habitar.

El ruido, visto así, se convierte en un lugar, como entre tantos, para entendernos como país.

 


Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Cartel Media S.A.S.

 

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