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Cartel Urbano
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PUYOL, EL OCASO DE UN GRANDE

La Rabona
Por Iván Salazar
@Fe_derrata

 

Aunque al volver por sus fueros, el mítico conjunto azulgrana, además de espantar los malos augurios, apabulló de manera terrible —exquisita diría Barraza, pero soberbia es una expresión más exacta—al Milán de Allegri, equipo que mató el tigre y se asustó con el cuero, entre otras porque al Camp Nou jugadores como Mexes y El Shaarawy llegaron con más ganas de heredar la camiseta de Messi que de contrarrestar el poder del rival, a Puyol no se le vio tan eufórico. Incluso, dicen varios reportes, su tristeza había comenzado varias horas atrás. La razón, desde tempranas horas del día, se daba por hecho que no iba a ser titular.

Y esto, que hasta hace poco era algo anecdótico, ahora, cuando se repite más de la cuenta, lo tiene ante una verdad insalvable: es un hombre de 34 años de edad —casi 35—, con todo lo que implica el paso del tiempo en nosotros los simples mortales, tratando de mantener un nivel de excelencia en una profesión cuya exigencia atlética es cada vez superior.

Sin embargo, él, revestido de un carácter ganador indomable, continúa como animal pura sangre en pos de pelear tú a tú contra todo aquello que lo relegue a un segundo lugar. De ahí que ante el Tiempo tampoco quiera cejar. Porque en su fuero interior no se acostumbra dar el brazo a torcer. Desde sus inicios en el conjunto local de La Pobla de Segur, donde nació en 1978 y, después, ya como jugador del Barcelona-B, esta particularidad era su impronta. Una tenacidad a la que muchos atribuyen su éxito y de la que sus rivales son testigos en el campo de juego. Sí, porque Puyol es capaz de hacerse matar con tal de no perder un balón. Literalmente, matar. Y como prueba de ello ahí están las treinta y seis lesiones que ha sufrido a lo largo de su carrera como deportista de alto nivel. Lesiones que lo han marginado últimamente de citas muy importantes. Como de la final de la de la Copa del Rey y de la Eurocopa 2012, de la que España volvió a salir campeón.

Así las cosas, por más perseverancia que tenga, es inminente el retiro de nuestro viejo Tarzán. Su convicción ganadora aquí no lo librará del instante revelador en el que, a pesar de sí mismo, deba aceptar que hay luchas imposibles. Que el Tiempo, al final, es la fuerza que sustrae todas las fuerzas. Y que colgar los guayos, en vez de ser un amargo momento, puede ser el inicio de una nueva carrera. ¿Entrenador? ¿Directivo? ¿Periodista? ¿Empresario?

 

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