
UN VALIOSO DOCUMENTAL
Peor es posible
Por Darío Rodríguez
@chkinbote
En este país de rarezas y paradojas los sucesos artísticos fundamentales pasan desapercibidos o se vuelven invisibles porque no hay tiempo para recibirlos con debido cuidado. Así, es comprensible que un documental como Imágenes del director Hildebrando Porras sufra el desconocimiento o el desdén de públicos que sólo esperan del cine entretenimiento rápido y chabacanería. Y no, por fortuna esta producción del 2012 no tiene divas exuberantes ni explosiones de automóviles, tal vez nunca llegue a las grandes salas comerciales, ni siquiera le concederán cinco segundos en las secciones de farándula televisivas, pero es un acontecimiento importante dentro del reciente cine colombiano.
Imágenes es el cine observándose a sí mismo como arte e industria. Durante noventa minutos, y a través de opiniones brindadas por actores, críticos y directores, el análisis llega a contundencias inusitadas, a literales sorpresas. El actor Felipe Botero dice que el cine está más cerca del teatro que de la televisión; el director Miguel Urrutia coincide con un afamado galán, Diego Cadavid, en afirmar la urgencia de una cinematografía más comercial para Colombia; la actriz Vicky Rueda se exalta confesando que el arte lejos de ser una actividad tranquila es algo parecido a una pelea, a una guerra. Declaraciones honestas y sabias provenientes de artistas a quienes solemos considerar frívolos o superficiales. El documental no es una simple recolección de entrevistas. Es una verdadera autopsia a nuestras producciones audiovisuales.

Son excepcionales los artistas que se detienen y reflexionan con seriedad acerca de su propio oficio. Y en el caso de la gente del cine esta carencia es mayor porque su actividad pareciera no frenar jamás, viven de festival en festival, de una filmación a la siguiente. Un logro de Imágenes es darles voz a esas personas, permitirles crear un espacio de pensamiento teórico sin grandes elaboraciones intelectuales ni poses de autoridad. Este documental debería ser exhibido en academias de cine, de manera que se les bajen los humos a tantos realizadores jóvenes en espera de llevar a la pantalla ocurrencias absurdas subsidiadas por el estado; debería ser visto por los productores ejecutivos y demás negociantes cinematográficos, se darían cuenta de que los espectadores no son tontos manipulables y del mismo modo que anhelan diversión también están esperando alta calidad aunque sea en dosis pequeñas.
Hildebrando Porras y su productora Nadien Films han logrado devolverle a la filmografía nacional un tipo de documental que no se veía por lo menos desde Mucho gusto –ese acercamiento a los gustos y las preferencias en diversos ángulos de la realidad– del director caleño Luis Ospina: una realización con puestas en escena respetuosas que al mismo tiempo invita a la reflexión y al pensamiento. Esa es la auténtica necesidad en un sistema cinematográfico que está creciendo, propuestas vinculadas al humanismo y al pensar el arte que se hace a veces de modos muy espontáneos, sin investigación, casi sin conciencia, a la par con las búsquedas de proezas tecnológicas o de inspiración financiera, comercial. Por todo lo anterior, Imágenes sólo puede agradecerse.
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