
PARA HUIR DE LAS RESPUESTAS TONTAS
Peor es posible
Por Darío Rodríguez
@chkinbote
Sólo quienes son muy despistados creen que esta nación es una de las más felices del mundo. El conformismo y la aceptación ingenua de lo real, consecuencias de pretender felicidades engañosas, brindan mucha seguridad. Una sociedad de espaldas a sí misma, satisfecha en su propia miseria, suele tener respuestas para todas las preguntas; evita la fatiga de cuestionarse. Por eso resulta necesario insistir en una serie de interrogantes, aunque se sepa de antemano que serán replicados con indiferencia, frases de cajón o risotadas.
¿Por qué siguen llegando las grandes compañías mineras dispuestas a exterminar los recursos naturales del país?
¿Si el procurador Alejandro Ordóñez es un personaje notablemente incapaz en asuntos de gobierno, qué motiva a los medios de comunicación en la publicidad velada que le están haciendo, presentándolo desde ya como candidato presidencial?
¿Por qué las religiones y sus callejones sin salida institucionales siguen siendo piezas claves en la formación de una opinión pública sana?
¿Quién es el Presidente de la República en estos momentos?
¿Suponen los funcionarios del Ministerio de Cultura que unos cuantos estímulos económicos, parecidos a inocentes dádivas, son de veras un apoyo específico a la cultura?
¿Qué significan hoy los abominables crímenes cometidos en el Palacio de Justicia entre el 6 y el 7 de noviembre de 1985?
¿En el Senado y en la Cámara de Representantes es obligatorio que la mayoría de congresistas sean lerdos y retardados mentales?
¿Por qué si se detiene la Universidad Nacional, bastión de la educación pública en este país, corazón del pensamiento colombiano, la reacción de los medios de comunicación y de los ciudadanos del común es encogerse de hombros?
¿Si los colombianos no leemos muchos libros, si el grueso de la población ignora al libro como un soporte vital, por qué nos indignamos cuando un periódico francés nos denomina “analfabetos”?
¿A quién le conviene que el cine colombiano siga siendo un cúmulo de trabajos fabricados con las uñas, no obstante su incuestionable calidad? ¿Quién (o quiénes) obstaculizan la consolidación del cine colombiano como industria?
¿Cuántos descalabros más necesitan las galerías e instituciones para darse cuenta de que las artes plásticas aquí son un esplendoroso fracaso?
¿Tras muchas reformas educativas repletas de ires y venires, cómo se explica que los estudiantes de bachillerato deban leer, por ejemplo, el Cantar de Mío Cid? ¿Cómo impedir que esos mismos estudiantes odien no solo la literatura sino la lectura misma?
¿Por qué las novelas y relatos de ficción se encuentran tan devaluados, por qué se aprecia tanto a la crónica periodística o a los testimonios de vida publicados en forma de libro?
¿Quiénes están interesados en reducir la influencia política del desaparecido Jaime Garzón a una carrera profesional equívoca de cuenta-chistes, o a un episodio simpático e inofensivo de nuestra historia?
Si ya está comprobado que no poseemos derroteros claros, y que además nos quedó grande constituir una colectividad sólida, equitativa, ¿qué, se supone, debemos hacer? ¿Cuál es el siguiente paso?
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