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Cartel Urbano
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TODO EMPEZÓ CON UN "LIKE"

El lujo infinito
Por Sylvia Rodríguez
@Sylvaine01

 

Es probable que las grandes novelas de amor del futuro comiencen con este tipo de frases. Es un hecho, en la era virtual nuestro comportamiento, trabajo y relaciones están fuertemente influenciados por los medios electrónicos.  

Fue precisamente navegando en las omnipresentes redes sociales donde encontré una imagen y una reflexión. La foto con un corto texto en una letra cualquiera citaba lo siguiente:

“Las relaciones ahora son duras pues las conversaciones se convirtieron en mensajes de texto, las discusiones en llamadas, los sentimientos, mensajes subliminales online. El sexo se convirtió en algo fácil, la palabra ‘AMOR’ se utiliza fuera de contexto, las inseguridades se han convertido en una forma de pensar. Estar celoso es un hábito, la confianza se ha perdido, engañar es un accidente, partir la única opción y estar lastimado algo natural”.

Este tipo de mensajes se han convertido en una forma habitual de comunicarse: en las redes se ven constantemente todo tipo de ‘sugerencias’ que apelan a nuestra vulnerabilidad emocional o instantáneas que hacen de nuestra vida un GPS con el que podríamos ser fácilmente secuestrados, describiendo cada paso que damos, ¡hasta con temperatura y humedad! Por lo inocuo de su carácter, pocos de estos ‘mensajes subliminales’ me han llamado tanto la atención como el que les mencioné. Es posible que quien lo escribió haya tenido una pequeña epifanía sobre el futuro de las relaciones humanas, pues dio justo en el clavo del problema.

Siendo partícipe del ‘virtualismo’ en el que se ha convertido el acercamiento humano, temo que el exceso de información ha contribuido a que el temor se apodere de nosotros y convierta la inseguridad en un modo de vida.

Curiosamente, el fin de semana vi bailar a una pareja, que claramente no pertenece a esta generación; se entendían en cada movimiento, no necesitaban mirarse para seguirse y sin hablar sus cuerpos se entrecruzaban con cadencioso ritmo. Mas que envidiarlos, me sorprendió de grata manera la sincronía de sus gestos y movimientos. Pensé que, hablando de amores, tal vez ese tipo de relación es lo que todos buscamos, compenetrada, cómplice, un compañero de baile que entienda sin palabras, que guíe con la mirada, que acompañe nuestro ritmo.

Pero, si en vez de decir lo que sentimos, ¿lo sugerimos subliminalmente? Si en vez de confiar en las personas que nos rodean o dirigirnos a ellas cuando tenemos una duda, ¿hacemos una exhaustiva investigación virtual? Son esas dudas, esos temores y esos cuestionamientos los que dificultan la ya mencionada sincronía y el entendimiento. El hecho de no dirigirse directamente a las personas para tratar los asuntos, no deja más que desconfianza, malos entendidos y cabos sueltos que tal vez nunca puedan atarse.

Hace poco vi un comercial que promueve cambiar los textos por tardes de amigas, los e-mails por abrazos y otra serie de situaciones que permiten que nos conectemos con el calor que solo se puede transmitir con el contacto personal.

Tal vez así las relaciones no serían complicadas, no tendríamos esa sensación de infelicidad o de insatisfacción. Al fin y al cabo, la humanidad existió durante siglos sin la ‘libertad’ de la globalización y las comunicaciones instantáneas. Y aún así logró su desarrollo.

Un desarrollo en entredicho, pues las parejas más se demoran en montar la fiesta que en separarse, las fiestas de fin de año con familias gigantes llenas de tíos, primos y abuelos se convierten en un lindo recuerdo de película ochentera.

Me asusta pensar que el frío de la vida virtual pueda ser, de alguna manera, lo que lleve la historia a su final. Que estemos tan acostumbrados a que un comentario reemplace un “te quiero”, una foto a un abrazo y un like a un “pienso en ti”, que las idílicas noches viendo las estrellas, las tardes de canciones y el caminar cogidos de la mano se vuelvan material de novelas (o columnas) románticas y entre más nos acerque la tecnología, más nos alejemos.

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