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Cartel Urbano
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LOS ÁLBUMES CONCEPTUALES NO EXISTEN

Otro payaso en la lavadora
Por Daniel Bonilla
 
Otro payaso en la lavadora
Por Daniel Bonilla
 
Con frecuencia se escuchan alusiones, entre críticos musicales, melómanos, y curiosos de la música en general y en especial del rock, a la categoría de álbum conceptual, muy popular a finales de la década de los sesenta y los setenta, y extendida a mucha de la producción discográfica que vino de allí en adelante hasta nuestros días. Muchas bandas de lo que se conoció como la corriente del rock progresivo se apropiaron de este término para intentar definir sus discos y, en cierta medida, un amplio conjunto de inquietudes musicales que han atravesado las últimas cuatro décadas. En palabras de músicos y comentaristas, un álbum conceptual es aquel que incorpora una narrativa, un tema o una ruta trazada que se desarrolla a medida que el disco va avanzando y que puede ir desde muchas canciones hiladas por ese tema (o concepto) hasta una sola pieza larga ininterrumpida y que atomiza incluso el formato de canción para acercarse a formatos más largos como la sinfonía, por ejemplo.   

Esta categoría no nació con bandas como las emblemáticas Yes, Pink Floyd, Jethro Tull o Genesis. Por lo menos, en lo que al rock concierne, tiene en el Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de los Beatles y el Freak out de Frank Zappa, posiblemente sus primeros y más contundentes ejemplos. Gracias a los llamados discos conceptuales es que se pudo hablar en adelante de una vertiente del rock separada del pop, entendiendo esto último como la quintaescencia de la masificación de un sonido rebelde y contagioso, pero a la vez repetitivo y predecible. Los Beatles lo intuyeron y fue entonces cuando su música dio un viraje por fuera de los paradigmas comerciales, a pesar de que con sus discos experimentales (los que llegaron después de 1965) igual vendieron millones de copias alrededor del mundo.

Pero hay algo que falla en esta definición. Si vamos a lo que el diccionario dice respecto a la palabra “concepto”, lo que encontraremos es que, sin entrar en minucias, alrededor de esa palabra se sitúa un problema que está en el orden del lenguaje. Un concepto es la expresión en palabras de un pensamiento, pero a la vez es una de las herramientas por excelencia de la filosofía y la ciencia para enunciar postulados universales. En estricto, los conceptos surgen de la necesidad humana de generalizar para que el conocimiento pueda ser comunicable y representable.

Pero, ¿qué ocurre cuando intentamos conceptualizar el arte, y en este caso específico, la música? Elaboramos conceptos cuando pretendemos poner en palabras aquello que en la experiencia artística resulta inaprehensible. Si bien, las artes gráficas figurativas, la escultura clásica y la literatura tendrían la posibilidad de ser reducidas a su sustrato verbal, eso es imposible para la música (posiblemente también para la danza y otras artes performativas), en tanto que en todas las otras pueden llegar a representar algo, hay relaciones entre significantes y significados más o menos claras. La música, en cambio, introduce una oscuridad insalvable por cuanto es un significante al que no se le puede atribuir ningún significado, o mejor aún, es un significante al que se le puede introducir cualquier significado. Es decir, de la música como sonido articulado puede decirse casi cualquier cosa, lo cual, en estricto, quiere decir que de ella no puede decirse nada.

El único elemento que nos permitiría hablar de un álbum conceptual, para volver a nuestro asunto del rock progresivo, es la presencia de un imaginario de un autor hecho palabra y soportado en una base musical: letras de canciones, títulos, diseño gráfico, pero por más que quieran, ese imaginario nada dice de la música misma. 

La música es pensamiento sin palabras, prescinde de ellas, y todo adjetivo que se le intente acomodar es insuficiente. Decir que una música es triste, densa, melancólica o alegre, equivale a decir nada. Esos son efectos que en ocasiones coinciden en los escuchas pero que no son atribuibles a la música. Lo mismo pasa cuando se afirma que esta música o la otra hablan de ciencia ficción, elfos o tradiciones heroicas, porque la música no dice, la música solamente suena, lo cual anula toda posibilidad de universalidad. Por esa razón, tanto el arte conceptual (inentendible) como el llamado álbum conceptual pueden ser cualquier cosa menos un concepto. 

 

 
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