
DE LA IGUALDAD Y OTROS DEMONIOS
14/Nov/2012
En la otra esquina
Por Harvey Murcia
En la otra esquina
Por Harvey Murcia
¿A qué le tememos? ¿a que los impuestos se repartan de manera equitativa? ¿A que por fin todos tengamos voz y voto? ¿A que nos encontremos en la calle y nos reconozcamos como iguales? Debemos promover la diferencia como un estilo de vida, como una actitud ética. Sin dudas, sin temores. La diferencia soy yo, es Usted. Somos los que estamos vivos y tenemos conciencia. La diferencia admite que todo lo heterogéneo sea algo en permanente decisión; no cuestiona la diversidad racial, sexual o política; normatiza que somos humanos. Lucha por la igualdad, por el equilibrio social y la inclusión.
Sé que algunos lo sabemos. Sin embargo, la burla, la exclusión, la in-humanización puesta en el lenguaje, se ha convertido en el mejor mecanismo para detonar la diferencia de género; radical, jocosa, vulgar sabe cómo desplazar el problema del reconocimiento en la diferencia, a los lugares confinados de lo mezquino y abyecto. Escuche atentamente lo que pasa a su alrededor y podrá encontrar frases como estas: siempre ha sido así; son enfermedades que terminarán contagiando a los demás; si permitimos que el virus de la diferencia se propague, desaparecerá la sociedad.
Es tanto nuestro miedo a lo que es ajeno, que no hemos podido hablar con seriedad y con altura sobre la diferencia. Siempre caemos en lugares comunes heredados por la costumbre y ese tufillo que llaman lo normal. Así, nuestros gobernantes discuten sobre la diferencia con temas que ya rayan en lo inverosímil y chabacano. Sólo como muestra, los últimos leguleyos políticos han versado sobre si deben o no deben ser reconocidos; que lo correcto es que sepamos cuántos son, cuánto ganan, los cargos que ocupan. Que no pueden ser deportistas u ocupar cargos centrales e importante; que no los mires a los ojos, quién sabe de donde salieron y qué nos pueden hacer.
Los tiempos de este nuevo siglo no deben permitir que actitudes como las del concejal Marco Fidel Ramírez y de otros tantos mandatarios detonen lo que hemos conseguido a través del tiempo. No podemos seguir admitiendo que la única salida posible a los conflictos que aquejan este país sea la polarización extrema, inconsecuente y anacrónica.
¿Qué pretende al lanzar un juicio plagado de sevicias y lugares arquetípicos basado en dizque preferencias sexuales del alcalde? ¿Acaso no se está reconociendo justamente el profesionalismo y el talento del equipo de Holman Morris? No bastando con este juicio, promueve el cierre de Canal Capital, bajo el pretexto de un cierto libertinaje político que se está fraguando en su programación; y nos recuerda que el canal es un bien de los Bogotanos que debe promover los valores y principios de los buenos ciudadanos. ¿A quiénes hace referencia señor concejal? ¿A los políticos de turno? ¿A sus propios principios obtusos y bizarros?
El lenguaje más que un instrumento de comunicación, es un organizador del mundo que nos indica permanentemente que su orden debe ser repensado y puesto al servicio de lo justo, lo diverso y lo plural.
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