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Cartel Urbano
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MUERTE A LA MUERTE

Desde el ombligo
Por Gonzalo Valderrama

Cuando yo era chiquito pensaba que la muerte era un dolor muy intenso, como el de machucarse el dedo con una puerta; que uno sangraba mucho, se moría el viernes, tocaba lira en el Cielo hasta el domingo, y volvía el lunes por la mañana para ir a la escuela.
Desde el ombligo
Por Gonzalo Valderrama


Cuando yo era chiquito pensaba que la muerte era un dolor muy intenso, como el de machucarse el dedo con una puerta; que uno sangraba mucho, se moría el viernes, tocaba lira en el Cielo hasta el domingo, y volvía el lunes por la mañana para ir a la escuela.
 
Cuando yo era adolescente veía que la gente se moría sin descanso: tías, vecinos, amigos de mi mamá, pero nadie de mi círculo social se iba para el otro lado. La angustia existencial ya tenía un tamaño considerable. Dejar de ser era materia prima de mis diarias pesadillas; pero el fin, al fin de cuentas, nada que llegaba.
 
Cuando yo era adulto me di cuenta de que yo también me podía morir… y ahí sí no me gustó. Me comencé a cuidar, a caminar por callejones iluminados, a alimentarme de comida poco insana, a portarme juicioso.
 
…¡Flashback!
 
El 22 de febrero de 1993, el día en que terminé con Ella, quedé accidentalmente atrapado en una persecución a bala. Cosas que sólo nos pasan a mí y a Buster Keaton. Un administrador de taberna universitaria al que le habían hecho conejo unos estudiantes de la Santo Tomás perseguía, arcabuz en mano, a los conejistas… ¡Pum! Yo, caminaba por allí (a la una de la mañana de una mañana, como en el poema en prosa de Baudelaire), fresco como una pechuga, y me atravesé en la línea de la persecución. El vengador anónimo estaba tan resentido, que, en medio de su ira conejicida, me confundió con uno de los evasores del compromiso mercantil… y me disparó a la cabeza personal, a dos yardas de distancia… ¡PUM! ¿Qué tal el desgraciado? Ni siquiera corroboró mi identidad, sino que, de una vez, ¡PUM! Yo grité, como una vieja, como un niño, como un bobo, como un Gonzo en vías de extinción… ¡Uaaa! Vi una explosión, como de mecha de cancha de tejo en medio de mis ojitos. Me quedó resonando un pito en mis timpanitos, me lancé al suelo, et cétera.
 
Me vi muerto por un eterno segundo. Cuando abrí los ojos, me hallaba tirado en la acera, con las rodillas raspadas y los jeans rotos. ¡Estaba vivo! ¡No me lo puso! ¡Perdió, perdió, perdió! Todas las persianas de la cuadra estaban abiertas por las chismosas de la noche. El perseguidor y sus perseguidos seguían en su lleva de colores. Nadie vino a socorrerme. Caminé hacia la casa pensando: “Este podría ser un buen tema para una columna dentro de algunos años”.
 
No busqué a Cristo en mi corazón, porque lo tenía en las pelotas. Esa noche caí en cuenta que las oraciones de mi madre y de todas las madres del mundo son la fuerza que hace que este planeta siga girando y ningún aerolito caiga en nuestras azoteas.
 
Alguna vez le oír decir, en una entrevista, a Dave Mustaine, líder de la banda Megadeth, que la única utilidad que tenía la muerte era darle sentido a la vida, el sinsentido capital. Saber que ella, estúpida y sensual calavera, nos espera al final del camino, a todos y cada uno de nosotros, nos pone a correr hacia el horizonte de los días, pagar escondederos a peso, construir murallas chinas y componer poemas infinitos que justifiquen nuestro paso por la galaxia.
 
Yo la siento cada vez más cerca; pero, paradójicamente, lo hago con optimismo, como si se tratara de la respuesta definitiva a todas mis preguntas, como si, al otro lado, de su letrero de “The End”, se ocultaran los premios a toda una vida de sacrificios y procrastinaciones, cagadas y omisiones. Un premio que vendrá, haya hecho bien o mal la tarea, sin profesores o jueces que la supervisen; tan sólo una gran caneca a la que irán a parar todas nuestras buenas acciones, como en un programa concurso donde todos obtienen algo, desde un bono para un CD hasta cruceros por el Caribe.
 

Como dicen el dicho gringo parafraseado, “Lo único seguro son la muerte y los impuestos”. Tal vez, en mi caso, yo fui dado de baja hace más de 20 años, en aquel callejón oscuro… y este sea mi propio irreality show

 

 
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