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LEONARDO FAVIO: LA TRAGEDIA DEL AMOR Y LAS CANCIONES

Otro payaso en la lavadora
Por Daniel Bonilla
 
Otro payaso en la lavadora
Por Daniel Bonilla
 
Posiblemente Leonardo Favio no fue solo un cantante con el que crecieron generaciones enteras de espíritus románticos (y romanticones) desgraciados, por allá en las décadas de los sesenta y setenta. Se podría apuntalar también el hecho de que su resonancia se mantuvo firme para las décadas y generaciones posteriores y nunca dejó de inundar el aire con su voz recia y pastosa.

Hay algo en la experiencia humana que linda con lo trágico, lo hemos sabido desde que siempre. Los hombres tienden a lo trágico. Y es el amor, el sentimiento más trágico de todos. No se ama sin rondar la locura, el dolor o la muerte, y así el amor parezca negar todo eso, así parezca ser la mejor solución para enderezar una existencia mísera y precaria, el amor es una cara visible de la condición trágica del hombre. Nadie en algún momento ha amado sin experimentar la angustia o el temor por perder al otro que ama.

Leonardo Favio le cantó al amor y cantó con amor. Finalmente, los primeros años de la segunda mitad del siglo XX estuvieron atravesados por una necesidad generalizada de experimentar este sentimiento a todos los niveles. Por todos es sabido que muchos de los movimientos contraculturales de los sesenta tuvieron al amor y el sexo libres como principal bandera, y sobre esa consigna se edificaron paradigmas y revoluciones. Aún hoy, muchos consideran que para estos tiempos oscuros la única solución debería ser enamorar y enamorarse.

Pero el amor también ha estado rodeado de oscuridad porque no es posible amar intensamente sin odiar al otro que amamos. Y se odia al amado porque, cuando aquel se convierte en una parte fundamental de nuestro ser, muy en el fondo, también va creciendo el miedo a perderlo. Por ello, los grandes amores de nuestras vidas, no tienen otro remedio que existir y manifestarse empujados por un temor a la pérdida y la renuncia.

Esa es la condición trágica del amor y Leonardo Favio le cantó a eso. Le cantó a muchas otras cosas, pero principalmente a eso. Más que un puñado de canciones tristes con un telón de fondo amoroso, fue la banda sonora del sentimiento tierno no correspondido, del deseo insatisfecho. Cantó a la ausencia, la tristeza y la contemplación.

El amor al que cantó Leonardo Favio nada tiene que ver con la esperanza y la realización de un ideal. Fue justamente lo contrario. Fue un amor enfermo y una plegaria a la muerte. Más cercano a la producción literaria de escritores como Novalis, Edgar Allan Poe o Charles Baudelaire, que a los baladistas de su generación. 

Hoy, un par de días después de su muerte, solo resta decir que sus notas no cesarán nunca más de atravesar nuestras pieles buscando ese hálito de infelicidad que recorre nuestras más profundas fibras. Porque no eran solo las letras de sus canciones sino sus melodías desgarradoras las que provocaban lágrimas a granel cuando cualquiera, acompañado por algún fiel licor y un buen amigo, no tenía más remedio que abandonarse a la voz del cantante y dejar fluir todos esos sentimientos nefastos e inevitables asociados a la pérdida del ser querido.

Al final, ninguna palabra es suficiente para referirse a la música, ninguna alcanza para dar cuenta de lo que esa música ha provocado en el corazón y algo de esa memoria estará perdido para siempre, sin posibilidad de ser alcanzado de nuevo. Pero ahí están las canciones de ese que se marchó para siempre, para que sean escuchadas una y otra vez, ahora como un duelo, como una certidumbre por ese abandono al que tantas veces cantó con voz desgastada y lúgubre.

Los grandes hombres no tienen más remedio que erigirse como mitos, no tienen más remedio que la inmortalidad. Esta vez él no quiso quedarse (era su forma favorita de partir). Esta vez decidió irse para no volver. Bienvenido Leonardo Favio a la inmortalidad, a ese lugar que te estaba aguardando desde hace mucho tiempo.

Coda: Leonardo también hizo cine, y del bueno. De sus películas ya tendremos tiempo, pronto, para hablar.  

 

 

 
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