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Cartel Urbano
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UN EMOTICÓN ES PARA EL CEREBRO UN ROSTRO REAL

Para ablandar una discusión usamos :) o para que nos crean el asombro :o. Los emoticones ya son un tipo de lenguaje visual expresivo y hacen parte de nuestra comunicación diaria. Y todo esto logró que nuestro cerebro los reconociera como caras de carne y hueso.

En el 2006, un estudio realizado por la universidad Tokio Denki, en Japón, develó que los íconos utilizados para dar muestras de felicidad y tristeza activaban la zona de procesamiento emocional en el cerebro, pero que comparadas con las respuestas que generaba un rostro real eran inferiores.

Esto fue hace ocho años. Hoy las respuestas que da nuestro cerebro han tenido ciertos cambios.

Los emoticones empezaron a tener una labor comparativa (se cree que hace aproximadamente 32 años gracias a Scott Fahlman) con las expresiones faciales humanas, pero hoy hacen parte de nuestras conversaciones diarias con amigos, familiares y parejas.

Los emoticones facilitan la comunicación, ya que no solo imitan expresiones faciales sino que también le otorgan empatía a los mensajes de texto. Muchos sostienen que gracias a estas imágenes (ahora, gráficamente evolucionadas, conocidas como emojis) evitan malentendidos por darle tono al mensaje.

También sirven como abreviaturas; para ahorrarse la tecleada algunos prefieres usar un dibujito de estos. En otras palabras, los emoticones ya hacen parte de un lenguaje óptico universal, razón por la cual ahora son estudiados por la neurociencia.

“Los emoticones son una nueva forma de lenguaje que estamos creando, y para descifrar tal lenguaje hemos creado un patrón de actividad cerebral específico. Hemos aprendido a representar una cara. Se trata de una respuesta neuronal completamente creada por la cultura, y eso es bastante asombroso”, asegura Owen Churches, neurocientífico de la Universidad de Flinders, en Australia.

Churches observó durante un tiempo cómo sus alumnos concluían emails con una carita “:-)”. Esto lo llevó a liderar una investigación en la Universidad de Flinders (Australia), que consistió en colocar electrodos a 20 voluntarios que tenían que mirar fotografías de rostros reales y emoticones escritos al derecho y al revés.

Al mirar estos signos de felicidad y tristeza se activó la misma área cerebral (el occipitotemporal) que al ver un rostro real. Por otro lado, los emoticones escritos al revés no presentaron respuesta.

Owen concluyó que los humanos hoy en día, gracias a los cambios culturales y tecnológicos, interpretamos estos signos como caras reales.

:o

Fuente: El País.

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