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Cartel Urbano
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EL ALUCINANTE MUNDO DE GONDRY

Por Iván Darío Hernández Jaramillo
@donivanchito

Con Eterno resplandor de una mente sin recuerdos y La ciencia de los sueños, Michel Gondry dejó al descubierto cierto gusto por los amores imposibles, esos amores que resultan ser, además de creadores de sueños, la razón del sufrimiento de sus personajes, unos niños grandes destinados a imaginar más de la cuenta en universos adversos, muchas veces enredados por su propia imaginación.

Amor índigo, que se presentará en el Festival de Cine Francés, es la película romántica más cruel de Gondry y la que más ideas locas por segundo tiene, al punto de ser un verdadero reto para los ojos y la concentración.

Cuenta la historia de Colin (Romain Duris), un sonriente aunque torpe muchacho que vive con un ratón y con Nicolás, su chef personal (Omar Sy), cuya comida cobra vida, incluso luego de cocinada: una anguila rebelde y una gallina se mueven después de servidas en la mesa. A su casa va su mejor amigo, Chick (Gad Elmaleh), un fanático afiebrado a la filosofía de un intelectual llamado Jean-Sol Partre, de quien compra todos sus libros e incluso se los toma en pepas como si fueran éxtasis, y se los aplica en gotas para los ojos para poder escuchar la narración de su autor preferido.

A diferencia de sus amigos, Colin no tiene pareja pero se exige encontrarla pronto. Buscando el amor, resulta fijándose en Chloé (Audrey Tautou), una tierna joven con la que se casa.

Todo ese espectáculo adquiere mucho sentido cuando nos damos cuenta de que tenemos una sonrisa gigante en la cara y de que ya estamos totalmente enamorados de esa orgía visual. Pero de repente, toda esa erupción de ideas y sueños se calma y las imágenes se van opacando cada vez más. Chloé se enferma al aspirar en su luna de miel un copito de nieve que se aloja en uno de sus pulmones, que congela su pecho. El doctor Mangemanche (el mismo Michel Gondry), empieza a seguir el caso, y su raro tratamiento termina por agotar rápidamente los ahorros de Colin, que ahora tiene que trabajar, como nunca lo había hecho, para poder salvar a su esposa.

El guión de Gondry y Luc Bossi, adaptado de la novela de Boris Vian, es un logro absoluto para una película de dos horas y diez minutos. Su primera mitad es una fuente inagotable de imágenes hermosas e ideas alucinantes. Su desarrollo y desenlace es melancólico, triste, gris, pesimista, igual de imaginativo que su principio, pero ahora más como una pesadilla que puede inducir una fuerte depresión al abandonar la sala de cine.

      

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