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JUGADAS DE MÁNAGERS

Además de las canciones, los músicos necesitan de estrategas en mercadeo y medios de comunicación que se encargan de llevarlos a lo más alto de la cima. En últimas, los mánagers son responsables de muchos de los íconos populares de la música.

Las siguientes jugadas y personalidades no son más que un curso rápido en manejo de artistas.

 

Col. Tom Parker

Fue el hombre detrás del éxito de Elvis Presley. En 1955 pagó 40 mil dólares al sello Sun Records para quedarse con el contrato del artista, con quien luego llegaría a un acuerdo para dividirse las ganancias en mitades. Un año después la marca Elvis Presley generó más de 20 millones de dólares. Créanlo o no, Parker también se encargó de vender la propaganda ‘anti-elvis’, mediante botones que decían “I Hate Elvis”.

No obstante, su maniobra más notable fue mandar al ejército al ‘rey del rock and roll’. Transcurría 1958, y la fama de Elvis todavía era propiedad de los jóvenes, pues su música sexual y rebelde era mal vista por los adultos. Entonces, Parker ordenó a su apadrinado a que cumpla su deber patriota en la institución más representativa del establecimiento: el ejército. Elvis prestó servicio mlitar por dos años y, al regresar, hasta los viejos más ‘godos’ compraban sus discos.

 

  

 

 

Brian Epstein

Hace 50 años Brian Epstein firmó un contrato para quedarse con el 25% de las ganancias que produjeran cuatro jóvenes de Liverpool que se hacían llamar The Beatles. Como era una buena ‘tajada’, el mánager británico no tardó en buscar las maneras para llevar a lo alto a la que sería la banda más famosa del siglo XX. Y, en principio, Epstein lo hizo con su propio bolsillo.

El 5 de octubre de 1962 los Beatles lanzaron su primer sencillo: “Love me do”. Tan pronto como el disco llegó a las tiendas, Epstein fue una a una a comprar 10.000 copias que luego guardó en el trastero de su casa. De esta manera, los Beatles automáticamente se metieron en las listas de la música más vendida. La canción no tardó en volverse un éxito, y después todo sería fama y dinero para los fab four.

 

  

 

 

Peter Grant

El mánager de Led Zeppelin no permitía que los promotores o empresarios se quedaran con buenos porcentajes en los contratos que se firmaban, y todo por su intimidante aspecto. Grant también era luchador, pesaba 150 kilos y medía dos metros, y por eso nadie podía negarse a las condiciones que imponía a la hora de hacer un negocio.

Grant, literalmente, ‘se daba en la jeta’ por sus muchachos. Odiaba las copias piratas que se hacían de los conciertos, por lo que él mismo se encargaba de destruir los casetes en los que los fans grababan los shows. Más de una vez, les cobró el dinero a los promotores de conciertos a punta de golpes. Y también se encargaba de arreglar las peleas que surgían entre los miembros de la banda.

Pero, quizás, su labor fue más importante consistió en reducir al máximo las apariciones en televisión de la banda y prescindir del lanzamiento de sencillos, como estrategia para no caer en la saturación mediática y generar una especie de misticismo underground que le permitió a Led Zeppelin mantenerse en el top durante los setenta.

 

 

 

Malcolm McLaren

Empresario y diseñador de moda, McLaren fundó en Londres la boutique SEX, que vendía puros atuendos con un sentido fetichista y erótico. Era 1974, y su intención no era otra que escandalizar a la sociedad por medio de la ropa tabú. Pronto se dio cuenta que también necesitaba de un sonido para emprender un movimiento, y lo creó con los propios clientes de su tienda: tres jóvenes de una banda llamada Strand que en poco tiempo se convirtió en los Sex Pistols.

McLaren vistió y patrocinó a uno de los grupos icónicos del punk. El primer sencillo de los Sex Pistols “God Save The Queen”, una afrenta directa a la reina y al régimen británico, fue lanzado el 27 de mayo de 1977, justo en los días en que se celebraban las bodas de plata de Isabel II. Con esta jugada, McLaren hizo que el disco fuera automáticamente número uno en las listas sin que el grupo hubiese sonado antes en la radio y la televisión.

Fue tanto el éxito del single que en las tiendas británicas se vieron obligados a tachar el nombre de la canción número uno. Lo que siguió después fue la consolidación del punk como contracultura y negocio.

 

 

 

Doc McGhee

En 1988 el mánager de Bon Jovi y Mötley Crüe fue arrestado por conspiración en un cargamento de marihuana que entró a los Estados Unidos proveniente de Colombia. El representante de artistas se declaró culpable, aunque no fue a prisión.

Paradójicamente, un año después McGhee lideró el Moscow Music Peace Festival, un multitudinario concierto que promovía la cooperación internacional en la lucha contra las drogas. Para tal causa, el mánager estadounidense llevó a Rusia todos los equipos necesarios para el festival en dos aviones que aterrizaron sin ningún permiso en Moscú. Los conciertos, que tampoco tenían el visto bueno de la Unión Soviética, convocaron a 120.000 jóvenes rusos que nunca antes habían vivido un show de rock.

A pesar de que el Moscow Music Peace Festival fue uno de los picos más altos de la historia del glam metal y el hard rock, no todo fue gloria para McGhee. Tommy Lee, el baterista de Mötley Crüe, lo golpeó y lo despidió como su mánager, luego de ver que Bon Jovi usó juegos pirotécnicos en su presentación, sabiendo que McGhee les había dicho a las demás bandas que no estaban permitidos.

  

 

 

Fernán Martínez

Este periodista y empresario colombiano sabe muy bien qué se debe hacer para volver famoso a un músico. Ya todos conocemos su trabajo con Juanes, que pasó de ser un metalero paisa a una estrella de pop mundial. Fernán Martínez es especialista en crear hechos que inmediatamente se vuelven noticia y por ende enaltecen la imagen de un artista.

En una reciente entrevista a la revista Soho, Martínez contó sus maniobras a la hora de manejar famosos. Durante los ochenta, mientras era el jefe de prensa de Julio Iglesias, el payanés contrataba los paparazzi y les decía dónde iba a estar el artista español, pero sin que él lo sepa. Luego, mandaba las fotos a las revistas y periódicos internacionales como primicias.

También les regalaba las mejores boletas de los conciertos a las fanáticas más acérrimas, y a su lado ponía a personalidades de la industria musical que se iban con la idea de que Iglesias era un fenómeno sin proporciones.

Ya con Juanes, se encargó de que en una tarima de Japón le llovieran calzones y sostenes que previamente se repartieron entre las fanáticas niponas que tímidamente los lanzaron.

  

 

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