
Así se mueve el contrabando
La diferencia cambiaria entre Colombia y Venezuela estimula el contrabando de todo tipo de mercancías en la frontera. Por los puentes internacionales Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander transitan viejas camionetas, vehículos Ford y Chevrolet que ingresan al país gasolina, medicamentos, víveres, ropa y todo lo que resulte rentable vender del lado colombiano. Estos carros no sólo prestan el servicio de transporte de pasajeros entre las dos naciones: sus dueños han modificado el tanque y en la carrocería esconden caletas en las que se camufla la gasolina que se compra barata en Ureña, San Antonio y San Cristóbal (estado Táchira), y se vende por debajo del precio oficial en Cúcuta o Villa del Rosario (Norte de Santander).
Cuentan los habitantes de la zona que poco a poco las poblaciones del lado venezolano se han ido desocupando, pues el motor de la economía en la región es la venta de los artículos de contrabando del lado colombiano. La diferencia cambiaria y la ganancia que dejan los insumos hacen que los venezolanos prefieran trasladarlos a donde paguen mejor por ellos. Por ejemplo, en Ureña o San Cristóbal es normal ver panaderías cerradas porque la harina local se comercializa mejor en Colombia. Lo cierto es que los cacareados controles de un lado y otro de la frontera no han funcionado, ni siquiera el famoso chip para los autos que supuestamente permitía establecer el combustible exacto con el que un vehículo circula por los puentes internacionales. Mientras tanto, el contrabando seguirá transitando al ritmo de las condiciones que imponen la realidad y el mercado.