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Manifiesta: moda sostenible que fomenta la reincorporación social de los excombatientes

Ante los incumplimientos y la falta de garantías de lo acordado en La Habana, proyectos como el de la joven politóloga Ángela Herrera buscan inyectarle aire a un proceso de paz asfixiado. Desde Icononzo, y trabajando de la mano con la organización Tejiendo Paz, Ángela formó un equipo que con sus manos le apuesta a una industria textil realmente incluyente y que cuente las historias de los que están detrás de cada prenda.

Julián Guerrero*

Imagine que al comprar una chaqueta en Zara o Pull&Bear, el vendedor le entrega junto al recibo una foto del niño que confeccionó la prenda en una maquila insalubre de Myanmar. Utópico. Cadenas como estas difícilmente revelarían sus procesos de producción y, salvo que se trate de una trampa comercial, no mostrarían los rostros de los que confeccionan sus prendas. En medio del brillo de las tiendas y los desfiles, ese es un detalle que pasa desapercibido. En contraposición a esto, y como no tiene nada que ocultar, Manifiesta es una marca nacional de ropa que quiere justamente eso: mostrar la cara de quienes confeccionan la ropa que está comercializando: excombatientes de las Farc.

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La fundadora de Manifiesta, Ángela Herrera, de 24 años, en su afán por aportar a la paz del país, se asoció con la cooperativa Tejiendo Paz, que funciona en la zona veredal de Icononzo, Tolima. Así, trabajando desde una de las 27 zonas transitorias dispuestas para la reincorporación de los excombatientes de las Farc, Ángela pretende mostrar proyectos sostenibles, libres de explotación y que revelen los rostros e historias detrás de cada prenda. Esta politóloga de la Universidad Nacional, inquieta por el uso que se le daba a la moda, inició una investigación que la llevó a aprender a coser y a conocer otras personas interesadas en la moda sostenible. Tras vincularse a Fashion Revolution, un movimiento global que le apunta a la transparencia en la industria de la moda y que también ha influenciado otras propuestas locales e independientes, Ángela quiso darle vida a un proyecto que respondiera a los intereses de moda de los consumidores, pero de una forma sostenible y ética. “No es lo mismo que diga que es ‘Hecho en Bangladesh’ a que es ‘Hecho en Colombia’, eso tiene distintas implicaciones: cuánto se le paga al trabajador que está detrás, si la ropa entró por contrabando, si paga impuestos, si está quebrando la industria nacional colombiana”, comenta Ángela.

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Al ver las dificultades de la reincorporación social y laboral de los excombatientes, Ángela decidió ayudar a los miembros de la cooperativa a crear su propia marca, de la cual supo tras su participación en un congreso de paz en el Meta. Cuando llegó a Icononzo, los excombatientes ya tenían montado un taller de costura y la cooperativa casi consolidada. Las máquinas fueron donadas por la cooperación internacional, puesto que la cooperativa aún no ha recibido el dinero que el gobierno se comprometió a entregar en el proceso de paz. “La gente quiere apoyar el proceso de paz y que estas personas tengan una alternativa a volver a las armas o trabajar como jornaleros en condiciones muy duras. Nos dimos cuenta que las personas sienten que llevan paz a través de la ropa”, dice Ángela. Gracias a esta alianza, Manifiesta ha incrementado sus ventas, ya no por su enfoque sostenible o precios bajos, sino porque la gente está preocupada por mantener el proceso de paz y apoyar la reincorporación. Hoy la cooperativa está conformada por tres hombres y dos mujeres, quienes han recibido clases de patronaje y costura por parte del Sena, salvo uno de ellos que sabía de costura, pues confeccionaba para las Farc.

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Aunque hasta ahora sólo han fabricado kimonos, la idea de Ángela es tener espacios de cocreación para que los excombatientes puedan participar también en el proceso creativo y producir más prendas que tanto sus compradores como ellos puedan usar. Entre las actividades que han realizado, está la socialización de telas: a los miembros de la cooperativa se les preguntó por los recuerdos que les llegaban al ver los contenidos florales de las telas, y ellos evocaron nombres de ríos y parajes que sirvieron para nombrarlas. Nombres como Lindosa, Macarena y Pasiflora sirvieron para reconstruir parte de la historia personal de los excombatientes. “La industria de la moda está cambiando. Ahora la gente quiere saber la historia de las personas que confeccionaron”, cuenta Ángela. Para lograr este objetivo, la creadora de la marca está pensando en adicionar un código QR a cada prenda, para que los compradores puedan ver la historia de la persona que la trabajó.

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Aunque ha pensado en expandir su iniciativa a otras zonas veredales, Ángela afirma que por ahora se mantendrá en Icononzo pues, como lo comprobó su experiencia en esta zona, es difícil acceder y vincularse a estos espacios tanto por la geografía como por las líneas de mando que los coordinan. Con todo, esta alianza busca hacerse cada vez más grande y vincular a nuevos excombatientes que quieran dedicarse a proyectos similares, que poca atención reciben por parte de las instituciones. “Al gobierno anterior y al gobierno actual no les interesa apoyar los procesos que promueven, de algún modo, el fortalecimiento colectivo de los excombatientes y los proyectos productivos entran en ese paquete de cosas. Sin embargo, uno ve que hay mucha gente de la sociedad civil, de organizaciones, que está buscando cómo ayudar”, comenta. 

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A pesar de la poca urgencia que el Estado ha demostrado por mantener un proceso de paz estable, que cumpla con las garantías prometidas y que hoy mantiene entumecido el proceso con el ELN, Ángela ve que hay proyectos que están ayudando a la reincorporación, y que los jóvenes no se están quedando con los brazos cruzados. Mientras que algunos ayudan con investigación y trabajo agrícola, otros jóvenes como Ángela han tomado disciplinas como la moda para apoyar a los excombatientes, demostrando que la moda no es superficial y que se puede mandar un mensaje de paz a través de ella.

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Así, el objetivo de Manifiesta, no es sólo producir prendas que las grandes marcas venden a precios injustos, sino también hacer accesible la ropa a las mismas personas que la fabrican. De hecho, Ángela recuerda la historia de una señora que habitaba en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación de Icononzo (ETCR) y la llamó para pedirle un kimono. “La democratización de la moda no es vender ropa muy barata porque está hecha con explotación laboral. Ahí no estás democratizando nada. Es como esa ropa que dice “Soy feminista” y detrás tiene niñas esclavizadas. Es diferente a tener una camiseta que diga “Estoy con la paz”, hecha en un ETCR. Eso mantiene una coherencia en la línea de producción”.

*Con información y apoyo de Andrea Puentes.

 

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