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“No concibo hacer arte sin una postura política”: Dj Cashu recupera espacios marginados con sus sets

Dj Cashu hace música electrónica como activismo y política

Fotos cortesía de Cashu

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Después de estudiar el movimiento de okupación de las calles y los colectivos que hacían micropolíticas actuando con la comunidad, Carol Shcutzer, más conocida como Cashu, creó Mamba Negra, un colectivo paulista de música electrónica y performance que se empeña en mostrar la cicatriz urbana que la propia ciudad y el poder crean.

Júlia Farràs

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Con tan sólo 29 años se craneó una de las mejores fiestas de Sao Paulo. Su secreto, podría decirse, es una mezcla de activismo social, sensibilidad artística y lucha política que se materializa a través de la recuperación de espacios marginados, lugares donde pone la música electrónica, la performance y sorprendentes audiovisuales, al alcance de la gente de a pie: acciones reivindicativas que de alguna manera democratizan y ponen a circular la música en espacios no convencionales. 

Cashu, que es arquitecta de profesión, lleva 5 años metida en el mundo de la electrónica y ya ha arrasado en América Latina, Estados Unidos y diferentes países de Europa.

Su proyecto de mayor cuidado es Mamba Negra, un colectivo que acciona de la mano de su amiga Laura Díaz y que hace lo posible por apropiarse de espacios en desuso y producir fiestas donde los artistas emergentes locales puedan darse a conocer y en donde todos los colectivos son bienvenidos. 

Cashu visitó Bogotá en septiembre de este año en el marco de Red Bull Music Presents Bogotá Music Market (BOmm), cuyo proceso curatorial estuvo a la cabeza del colectivo Overcast, una joven y poderosa iniciativa de la música electrónica bogotana que se encuentra al frente del proyecto The Get Together.

 

¿Cómo se empieza en la arquitectura y se termina en la música?

Yo estudiaba en la escola da cidade, en una facultad pequeña en el centro de Sao Paulo. En ese entonces esa era una zona bastante marginal y con muchos prostíbulos y fue por este motivo que la alcaldía quiso implementar elementos para la mejoría urbana, pero no fueron lo suficientemente efectivos. Durante mi último curso empecé a estudiar el movimiento de okupación de las calles y todos los colectivos que actuaban en ella haciendo micro políticas y actuando con la comunidad local. 

Me atrajo tanto que el siguiente año me lo pasé sin estudiar y durante esa temporada empecé, con otros colectivos, a hacer eventos alrededor de la facultad y a involucrarme en ellos. Fue entonces cuando comencé a trabajar con temas de producción con capslock (que hacen fiestas underground) y fue cuando surgió el proyecto Mamba Negra. Al ver que era un tema que me interesaba terminé haciendo el trabajo de fin de grado direccionado a estos eventos en los que estaba metida: los diferentes tipos de okupaciones de jóvenes que actúan en la calle con la comunidad, ya fueran de viviendas, artísticas o de fiestas en Sao Paulo.

 

¿Cómo influye el urbanismo —y el hecho de pensar en los espacios de la ciudad con respecto a su impacto social— en la música y la cultura?

La influencia es clara y evidente. La escena musical de Sao Paulo es muy fuerte, de hecho, no hay únicamente una escena, hay muchas: desde la más pesada, al house y al funk electrónico. Sao Paulo es una ciudad muy caótica, con gente de diferentes partes del país y difícil de vivir. Esto hacer que se den este tipo de cosas y que el techno sea el punto fuerte de la ciudad y esté mucho más presente que en otras ciudades de Brasil.

 

¿Cómo se recuperan espacios marginados a través de fiestas electrónicas?

La música y la fiesta vinieron de las ganas de okupar y buscar una nueva visión artística en estos espacios que anteriormente estaban marginalizados y olvidados por parte de la población y del poder público. Nuestro colectivo quiere, desde un principio, mostrar la cicatriz urbana que la propia ciudad y el poder crean. También lo crea el mercado inmobiliario, ya que conciben otros ejes en la ciudad y dejan estos espacios olvidados a merced del tiempo y el descuido. Además, queremos cuestionar la okupación y el uso de estos espacios: ¿cómo dotarlos de vida y que sean para todo el mundo? 

El discurso original tenía unas preocupaciones políticas y sociales que no se han abandonado, pero han ido mutando con el tiempo. Ahora, por ejemplo, una de nuestras metas actuales es incluir a las mujeres, a los negros, a los homosexuales y a toda la comunidad LGTBI en la música electrónica para que la escena vaya creciendo, cada vez más, de la mano de la misma ciudad.

Tengo muchos referentes, desde mis amigas hasta el movimiento Tropicália… Es muy importante para mí y son un claro referente todos esos movimientos que empezaron con la música electrónica en el mundo: en Detroit, sobre todo, y en Berlín con la caída del muro. La electrónica en sus orígenes era una música de colectivos marginales que buscaban la inclusión y la tolerancia, y esos son valores que también yo quiero transmitir. Actualmente me influye la propia escena local que estoy viviendo día a día y al mismo tiempo los movimientos sociales que están sucediendo en Sao Paulo y en Río.

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Las actuaciones como Cashu van más allá de la música…

Desde que empezamos con Mamba Negra teníamos claro que la fiesta no quería enfocarse solamente en la música, quería orientarse en el espacio, en el interior de la propia fiesta, las sensaciones de los asistentes, en un nuevo ambiente…Todo formaba parte de la fiesta: la iluminación, la performance, etc. En unos inicios no era solo electrónica, tiraba más hacia el downtempo y la música más ambiental. La fiesta fue cogiendo forma con el tiempo y a partir de ahí fue llegando más la electrónica, aunque siempre con live y performance. Entonces decidimos empezar a tocar como Djs.

Al principio tocaba algo más orgánico, pero la gente no bailaba y le tuve que incluir movimiento y fue cuando empecé con el deep techno rápido. Y empezó a funcionar. Después comencé a tocar en mis fiestas por las mañanas y me di cuenta de que necesitaba algo más alegre, ya que con el calor y la luz de Sao Paulo a las once de la mañana mi sonido no encajaba. Todos estos factores hacen que mi música y mis sets cambien constantemente. Cuando toco siento la necesidad de cambiar siempre porque me gusta mezclar estilos y no me gusta cuando hay el mismo beat por mucho tiempo. Toco mucho para pista, pero hago una mezcla breakbeat con otras influencias, cada vez más brasileñas. Mi búsqueda diaria es el mezclar diferentes tipos de beats y hacer que la gente baile y se desencaje.

Me gusta tocar en diferentes lugares: clubs pequeños, festivales, en la calle, fiestas independientes… De esta manera puedo aprender con lo que está pasando en la calle y los movimientos que se dan y esto hace que todo tenga un sentido, que no sea tocar por tocar.

 

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Colombia y Brasil son vecinos, aunque no comparten el idioma sí el Río Amazonas y algunos rasgos culturales latinos… ¿qué tan diferentes son las escenas de los dos países?

No conocía muy bien la escena colombiana hasta que vine esta semana, pero conocía mucha gente de Sao Paulo que habían tocado aquí, como Valesuchi, y también sabía algo gracias a los chicos colombianos Leeon y Mansur, quienes fueron al festival Dekmantel. Lo que vi estos días estando en Bogotá me gustó, aquí los clubes tienen una estructura súper buena, mucho mejor que en Sao Paulo. Una discoteca como Videoclub en Sao Paulo tendría otro tipo de público. 

Los clubes en mi ciudad son muy caros y no los frecuento porque siento que son espacios opresores. Sao Paulo tiene fiestas bastante buenas, pero son fuera de los clubes, en la calle, que es de donde vengo yo y la escena de la que formo parte. En la calle hay muy buenas fiestas como la de Augusto "selvagem” con los DJs de la CARLOS capslock que comanda Paulo Tessuto; la fiesta de Marcinho (Vermelho) ODD, entre otras muchas fiestas que no son únicamente de música electrónica. Hay rumbas para toda clase de público. Con el tiempo la Alcaldía se dio cuenta de la fuerza de las fiestas callejeras y decidió crear el festival SP na rua en la misma ciudad y terminó uniendo a todos estos colectivos donde la gente disfruta de los espacios públicos.

Actualmente hay mucha gente nueva tocando, tanto en Sao Paulo como en el mundo entero, y siento que hay un boom en la escena. Siento que hay mucha inclusión y organización de colectivos “marginales” que participan de estas fiestas, como por ejemplo el grupo coletividade.NÁMÍBIÀ quienes anteriormente pertenecían a Mamba Negra y se juntaron para hacer su propia fiesta y están articulándose mucho en estos ámbitos.

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¿Cómo surgió Mamba Negra? 

Mamba Negra es un proyecto que nació con mi amiga Laura Díaz en el año 2013. Queríamos crear una fiesta, un espacio artístico para la escena de Sao Paulo y desde un inicio ha sido un instrumento para ver cosas que pasan en la ciudad. 

Éramos personas que nos juntamos colectivamente para dar soporte a nuevos artistas que no tenían plataforma para actuar y tocar y todo se fue organizando orgánicamente. Creo que mucha gente necesita ese espacio, tanto artistas como público. Con el tiempo vimos la necesidad de profesionalizar la fiesta para que tuviera más fuerza y tuviera una mayor visibilidad para estos artistas locales y además para podernos mantener económicamente. 

Ahora el line up es prácticamente femenino, con muchos gays y negros, aunque no fue nada impuesto, sino que pasó de forma natural. Una de mis prioridades siempre ha sido generar un espacio agradable, que no fuera opresor, ya que no toleramos el absoluto el machismo ni actitudes homófobas o discriminatorias. Queremos que las mujeres se sientan cómodas y creo que lo estamos logrando cada vez más. 

A nuestras actuaciones asisten unas 1500 personas aproximadamente, mil menos que el año pasado, pero nos gusta porque podemos tener un poco más de control con los asistentes y sabemos que el público que viene es respetuoso y agradable. Nuestro pensamiento político y social impregna toda la fiesta: desde los flyers escritos en un portugués prácticamente incomprensible con mensajes politizados, las letras de las canciones, los miembros de nuestro colectivo y hasta las iniciativas que hacemos. Como por ejemplo tener filtros de agua para todo el mundo durante las fiestas para reducir los accidentes, ya que el agua de la ciudad no es potable.

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Flyer de una fiesta de Mamba Negra

 

¿Democratizar la música, llevarla a la calle, es una herramienta para el activismo social?

Estoy segura de que la música es una súper herramienta de activismo porque justamente el mensaje es lo que da fuerza a la música. Con la música puedes actuar artísticamente y a la vez transmitir un mensaje que llegue a la gente. A mí siempre me gustaron las artes que tuvieran fuerza en la cuestión del mensaje. Teto Preto, miembro de Mamba Negra, constantemente habla de esta cuestión, sus letras vienen cargadas de un mensaje político muy fuerte, y no solamente en sus letras, sino también en la parte audiovisual. El video Gasolina es una protesta fuerte contra la situación de Brasil. No concibo hacer arte sin una postura política o social.

¿Cuál es —y cuál debería ser— la postura hoy, con la coyuntura política del país, de las mujeres y de los colectivos LGTBIQ en Brasil? 

Es difícil responder esta pregunta porque estamos en año de elecciones y el candidato más fuerte es machista, homofóbico y ha hecho muchas declaraciones promoviendo estas actitudes. Estamos en un momento delicado porque el conservadurismo está en auge y no sabemos cómo serán los próximos años. 

Actualmente Sao Paulo es un lugar peligroso para los colectivos oprimidos. Yo vengo de “una clase privilegiada” y no puedo hablar por todos, pero por lo que veo es un lugar inseguro que estaba mejorando pero que ha vuelto a empeorar. Brasil es el país en el que se mata mayor número de trans y claro, es complicado… Además, la mujer aún sufre por el machismo y el constante acoso. 

Siento que estas cuestiones están en boga y que la escena electrónica está luchando para combatirlo. Por ejemplo, Resident advisor, la web de música electrónica, recientemente sacó al dj Constantine de un line up por sus declaraciones machistas. Actualmente nadie más lo quiere tolerar, nadie más quiere este tipo de pensamiento, está caducado. Así que a todos lo que continúan con ese pensamiento retrógrado les digo: Melhorem, gatos (es decir: chicos, mejoren).

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