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“En 8 años se podrá nadar en el río Bogotá”: la descontaminación de un río alemán desmiente las declaraciones de Peñalosa

Peñalosa el río Bogotá

Ilustración de Gavilán

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Descontaminar el río Bogotá es una tarea urgente, pero tal vez no suceda en los 8 años que el alcalde aseguró. La experiencia de Martin Hoelscher, profesor urbanista y arquitecto, aterriza un poco el proyecto que se piensa adelantar desde la Alcaldía de Peñalosa.

Mario Rodríguez H. | @quevivalaM

“Imaginarse nadando en el río Bogotá en 8 años me parece simplemente imposible”, dice Martin Hoelscher, profesor del primer pregrado de Urbanismo en Colombia –inaugurado en 2011 en la Universidad de la Salle–, haciendo referencia a las más recientes declaraciones por parte del alcalde Enrique Peñalosa al respecto. Y no se trata de otra voz más dentro de la onda expansiva de odio que hoy cae sobre el alcalde de Bogotá: este profesor, con 30 años de experiencia en aulas, impartió sus primeras clases de urbanismo en el año 98, en la región de Ruhr, zona occidental alemana a la que llegó a principios de la década de 1990 a trabajar con el río Emscher, un cuerpo hídrico declarado muerto en los años 60.

La principal transformación que tuvo el río alemán fue separar sus aguas fluviales –pertenecientes al río– y pluviales –pertenecientes a la lluvia–, de las aguas negras, algo que, sostiene Hoelscher, implicaría un sistema completamente desarrollado, como es el caso del Emscher, donde con una estructura seminatural se logró que las aguas negras viajaran en tuberías de cuatro metros de diámetro por debajo de la cama del río, hasta las tres plantas de tratamiento que funcionan en el cuerpo hídrico.

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Para él, técnicamente, las plantas de tratamiento de aguas, con sus procesos físico-químicos, “son capaces de limpiar cualquier porquería, pero sería mucho más fácil si hubiese consciencia en comunidad de mantener limpios los ríos, de no usarlos como basureros, sino aceptar que es una parte importante del medio ambiente y que hay que cuidarlos. Creo que esa es una tarea más difícil que la tarea técnica de limpiar el agua”.

En la actualidad, luego de crear un consenso regional que rescató los corredores ecológicos de los años 20 y recuperó los parques de los años 70, este río que desemboca en el Rin, uno de los más importantes de Europa, es el eje central en términos de recreación de la zona. Hoelscher, con un español fluido, da a entender que cuando habla de ríos seminaturales hace referencia al aspecto físico y espacial en superficie. “Parece un río natural -explica-, pero es terciario. No es la cama original sino que fue algo construido con una metodología de ingenieros para tener aspecto físico y el funcionamiento de un río natural”. Tal cual los canales -más bien caños- por donde transita la poca agua que vemos allí los bogotanos.

Este proceso ha sido un esfuerzo desde antes de que él llegara a la región, en la que actualmente hay un sistema de ciclorrutas a lo largo del río de 84 km y suele ser el lugar donde parcha la comunidad. “No fue solamente una transformación técnica –agrega–, sino que hubo un proyecto de renovación urbanística: el desarrollo del Parque Emscher Landscape, el cual mejoró la calidad de vida de los habitantes de la ciudad”.

El proyecto alemán, que inició en 1990 y el cual espera concluir para el año 2020, ha contado con más de 250 intervenciones “verdes” y una inversión de 5.000 millones de euros, es decir, más de 17 trillones de pesos, cifra bastante elevada si se compara con los 4.5 billones de pesos anunciados por Peñalosa. Como conclusión de la visita al país de Eberhar Holtmeier en 2015, un colega de Hoelscher, fue gracias a la participación de los vecinos del río, al presupuesto disponible y a la planificación a largo plazo que el caudal del Emscher ha podido recuperarse.

450 kilómetros cuadrados de paisaje impactado por el devastador actuar humano en la época de la industrialización, durante la cual la minería se estableció como base de la economía, logró cambiar su cara gracias a la gestión de la comunidad europea. “A finales de los 90 se empezó a obligar a todos los estados miembros a tomar medidas para que se pudieran desarrollar sistemas hídricos de una mejor calidad natural —cuenta el profesor Hoelscher—, algo que lógicamente no funciona cuando un río es al mismo tiempo canal de desagües”.

Para Hoelscher, los ríos Emscher y Bogotá son muy parecidos, ya que ambos son una posibilidad enorme para el desarrollo paisajístico regional de la mano del medio ambiente. Sin embargo, reconoce que para venderlo como el gran proyecto que mejorará la calidad de vida en La Sabana, aunque es viable en cuanto a sostenibilidad, debe hacerse de manera distinta a como se ha construido en las últimas décadas.

“Populismo o no —explica Hoelscher—, hablar sobre ocho años me parece muy peligroso, pero tenerlo como un proyecto, como una visión hacia el futuro sobre un río que está muerto, es absolutamente necesario. Y va más allá del río: un sistema natural se compone de sistemas hídricos y geológicos, áreas verdes... si estamos hablando de una visión general sobre el desarrollo de La Sabana, hay que incluir todos estos aspectos. No es desarrollo sostenible en las orillas del río si en La Sabana se sigue urbanizando como en los últimos 50 años. Falta la colaboración regional, Bogotá es el socio más grande entre los cientos de municipios más chiquitos que comparten La Sabana. Entonces, si no existe la conciencia en toda la región de que es necesario desarrollarse de forma sostenible, no tiene mucho sentido”.

El presidente de la Asociación Emscher, Uli Paetzel, anunció en un artículo de Deutsche Welle que hasta ahora se han realizado 300 kilómetros de los más de 400 totales del sistema de desagüe, los cuales esperan finalizar dentro de dos años. Podríamos calcular de manera escueta unos 50 kilómetros por año. Es decir que, bajo esta media, tomaría al menos seis años separar las aguas negras de los 375 kilómetros de cauce del río Bogotá, que sumados a los otros seis que dura la construcción de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales de Canoas, como lo afirmó para Caracol el director de la Corporación Autónoma Regional (CAR), Néstor Franco, daría un resultado que supondría un retraso de cuatro años en la propuesta, un tanto fantasiosa, de Peñalosa.

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Cuando el parque regional de Emscher empezó a desarrollarse, contó Hoelscher, salió un libro que se llama En el Valle de los Reyes, el cual nada tiene que ver con el antiguo Egipto, sino con el egoísmo de los 53 alcaldes del valle de Emscher, “quienes se creían reyes sobre su territorio”, agregó el profesor. “Con esto no quiero decir que Peñalosa es un egoísta que solamente quiere cumplir sus programas políticos, pero según lo que sé sobre la escalera de alcaldes y responsables políticos en este país, me parece relativamente decepcionante porque cada uno desarrolla su proyecto principal con el que quiere coronar su alcaldía, y eso es muy contrario a una idea que se desarrolle en cincuenta años. Entonces [el proyecto del río Bogotá] implica que cada uno de los alcaldes y sucesores se retiren de sus egoísmos, en un buen sentido”.

El programa de paisajismo de la universidad de Ruhr cerró en 2008. Dos años después el profesor Hoelscher, arquitecto de la universidad de Darmstadt, fundó el programa de Urbanismo en la universidad de Detmold, con la cual actualmente se encuentra trabajando en un convenio de doble titulación con la institución lasallista.

“La experiencia nos ha mostrado que hoy no se puede trabajar la arquitectura sin pensar en el paisaje —explica—, por eso 8 años me parece simplemente imposible, porque hay temas de catastro, de pertenencia, de participación de vecinos, de involucramiento técnico industrial... y eso es muy poco tiempo para todo esto. Solamente la fase de implementación en Ruhr fue de 30 años, que además iba con unos recursos enormes y un consenso entre todos los que participan en la región, y eso aquí todavía no existe”.

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