Enilce Castañeda, mi mamá, era una enfermera rubia, alta y rellenita cuando se enamoró de mi padre, un enano que se ganaba la vida cultivando la tierra. Ella murió cuando yo nací. A los 10 años me aventuré a irme a Bogotá, donde me recibió un conocido del pueblo. Lo más difícil de ser enano es subirse a un bus, tocar el timbre de una casa y manejar un carro. Me gustan las mujeres altas y las lociones importadas. Soy muy vanidoso. “Mi mujer dice que soy un buen polvo”. La mesa del rincón, de Los Tigres del Norte, es la canción que tengo más pegada por estos días. La Casona es una discoteca de la Primero de Mayo adonde nos gusta ir con mi amigo y jefe Curro Vargas, director de El Gran Tintín, un grupo de enanitos toreros en el que actúo los fines de semana. Entre semana vendo dulces en los buses. Si está interesado en un show de enanitos visite nuestra página www.elgrantintin.com.





