¿Cuál es su dosis de personalidad?

Sea cual sea su dosis, mientras no le haga daño a nadie, ningún gobierno que se precie de ser democrático debería restringirle el derecho al desarrollo autónomo de su personalidad. ¡Que viva el libre albedrío!

El 26 de marzo del 2009, el colectivo Dosis de Personalidad convocó a cientos de individuos en la Plaza de Bolívar para que portaran su “dosis de personalidad” y manifestaran su apoyo a la despenalización de la dosis personal. Unos fueron con su instrumento musical; otros, con sus discos o libros favoritos; los más arriesgados llevaron su cachito de marihuana. 

A un año del nacimiento de este colectivo, Cartel Urbano se une a la defensa de las libertades individuales luego de que nuestro absurdo Congreso de la República le aprobara al gobierno Uribe, en diciembre del año pasado, un moralista, abusivo, retrógrado e intolerante proyecto para penalizar a los consumidores de drogas. Sólo esperamos que éste no sea el preámbulo de una andanada de leyes orientadas a restringir otras libertades. 

Esto piensa sobre la penalización el escritor y periodista Héctor Abad Faciolince (Medellín, 1958): 

¿Qué opinión le merece la decisión del gobierno Uribe de penalizar, mediante una reforma constitucional, el porte de dosis personal de drogas?

Me parece una majadería. Ahí lo que están en juego son el orgullo y las ganas del presidente de sacarse el clavo con uno de sus más lúcidos adversarios políticos, Carlos Gaviria. La medida no disminuirá el consumo, como se pretende, ni producirá ningún bien. Lo único es que se prohíbe de nuevo el consumo de drogas y, por consiguiente, habrá más personas chantajeadas y más policías sobornados.  

En una columna de opinión del año pasado en El Espectador, usted dijo que cuando prohibieran la dosis personal se pararía a fumar marihuana en la puerta de la Catedral. Ahora que la prohibieron, ¿está dispuesto a cumplir su “promesa”? Cartel Urbano lo acompañaría, a riesgo de que nos enguandoquen a todos...     

La reforma de la Constitución propuesta por este gobierno no es nada. Es tan sólo un saludo a la bandera para poner contentos a los goditos, nada más. Ni siquiera lo pueden meter a uno a la cárcel. Lo mejor es ignorarlos, y que cada cual haga lo que quiera en su propia casa. No me parece mal devolver la experiencia de las drogas al espacio íntimo. La calle es para otras cosas. 

 

 
 
 
 
El colectivo dosis personal y Cartel Urbano lo invitan a decir '' Déjenme sano, dejenme sana '' este 26 de marzo en la plazoleta de de la 85 con 15, a las 6:00 p.m. Para más información ingrese a www.dosisdepersonalidad.com
 
Todos somos personas con cara, voz, marcas, mañas, ideas y gustos distintos. Esto es una maravilla y una maldición. Por un lado, en la diversidad está el placer, pero por otro, en la diversidad hay gente que lo jode a uno. Por eso hay muy buenas razones para impedirles a algunos que sean ellos mismas. A la gente que mata y a la gente que roba, por ejemplo. Porque se meten en la vida y con las cosas de los demás. Pero si uno es como es sin hacerle daño a nadie, ¿por qué no lo dejan sano?
 
El problema es precisar cuáles son las libertades que uno se puede tomar sin perjudicar a nadie: es una pregunta sobre la dosis justa de personalidad. Aunque esto suena como un asunto lejano, la realidad es que hoy en Colombia la ley define nuestra dosis de personalidad. Y en esa definición, uno se encuentra con que no está incluido. De un día para otro, nos despertamos como personalidades prohibidas.
 
Fue lo que ocurrió el 10 de diciembre del año pasado. Nos despertamos y el Congreso había “prohibido” el porte y consumo de la dosis mínima de drogas. Ese día el Congreso deshizo los avances progresistas de la Corte Constitucional, que en 1994 había despenalizado el porte y consumo personal de drogas basándose en el respeto al libre desarrollo de la personalidad. 
 
Traemos a colación este caso porque la decisión de usar una sustancia es un excelente ejemplo de una decisión privada que sólo lo involucra a uno. Más allá de que le gusten o no las drogas, si uno apoya el derecho a ser libre mientras no les haga daño a los demás, encontrará que la prohibición de la dosis mínima va en contra de la justa dosis de personalidad que todos nos merecemos.
 
En primer lugar, está el asunto mismo de la prohibición. Aunque el gobierno y los congresistas han dicho que no se está penalizando a quien consume drogas, eso no significa que vaya a haber castigo. Todas las prohibiciones tienen una sanción, pues de lo contrario no serían prohibiciones. ¿Cuál va a ser el castigo? Nadie lo sabe. 
 
Estamos en medio de un vacío jurídico porque el Congreso no ha reglamentado la reforma que prohibió la dosis personal. Ya tenemos noticia de una demanda ante la Corte Constitucional para penalizar el consumo, con base en la idea de que está prohibido en la Constitución. ¿Tendrán éxito estos intentos de penalizar finalmente al consumidor? No, si nos dejan sanos. Entonces, ¡déjenme sana!, ¡déjenme sano!, porque si no le hago daño a nadie es injusto que me castiguen. 
 
En segundo término, además de prohibir, la nueva ley considera que quienes usan sustancias prohibidas son “enfermos”. De un plumazo, el que ayer era sano hoy es un loco con el que no se puede hablar. Por no caber en lo que se considera la dosis legal de personalidad, nuestras opiniones dejaron de ser válidas y lo único que nos merecemos es un “tratamiento”. ¡Déjenme sano!, ¡déjenme sana!, porque la personalidad no es una enfermedad. 
 
“Déjenme sano” es una petición para ser incluidos. Sea cual sea esa característica propia (la tendencia sexual, el gusto por las sustancias que alteran la conciencia, la afición por un tipo de alimento, por ver televisión, por un grupo de música), no es justo que se nos excluya. Y cuando se nos excluye tampoco sirve de nada, porque más allá de que nos prohíban ahí vamos a estar. Eso es un hecho que ninguna ley va a cambiar. 
Entonces pongámonos en pie de rumba: la dosis de personalidad que pedimos es justa porque no le hacemos daño a nadie. Súmese y diga: “¡déjenme sano!, ¡déjenme sana!”. 
 
 
 
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