Para un roadie (técnico o ingeniero de sonido) los conciertos empiezan mucho antes de que el artista suba al escenario. Sobre sus hombros recae la responsabilidad de que se cumplan todos los aspectos técnicos requeridos por los productores. Estar detrás del espectáculo no es simplemente ubicar los instrumentos en el escenario. Asistir a los músicos cuando se les descuelga la guitarra, cuando dañan un tambor o cuando se desconectan del monitor son tareas del roadie.
Imagínense a un rock star buscando sus baquetas por todo el escenario, o a un grupo deteniendo el show porque debe cambiar las guitarras o porque se rompió una cuerda del bajo.
Los roadies viajan con la banda y son parte de ella. Cuentan con información privilegiada sobre los excesos de los músicos. James Wright, el técnico de sonido de Jim Hendrix, asegura en su libro Rock roadie que el músico no murió de una sobredosis, sino que fue asesinado por su manager, que pretendía quedarse con la lucrativa suma del seguro de vida del artista. Karl Kuenning, quien fue roadie de Patti Smith, Supertramp, Talking Heads, entre otros, relata algunas anécdotas tras bambalinas en su libro Roadie: a true story.
Cartel Urbano entrevistó a cinco roadies colombianos que viven dentro del mundo del espectáculo pero que nunca se dejan ver por el público.
Claudio Espinel / 31 años

¿Alguna historia que quiera contar?
Lo más rock & roll que he hecho es meter a los camerinos y a las habitaciones de los hoteles a las groupies (fans) escogidas por los músicos en el show.
¿Con qué grupos ha trabajado?
Manu Chao, Deftones, Incubus, Slayer, Slipknot, Kiss, Calle 13. Y con bandas colombianas como Mauricio & Palodeagua, Dr. Krápula, Alerta, V for Volume, Kraken…
¿Cuál ha sido la exigencia más absurda que le han hecho?
Tener un drugmanager.
Andrey Farigua / 34 años

¿Con qué grupos ha trabajado?
Aterciopelados, Guns N’ Roses, Def Leppard, Robi Draco, Sidestepper, Café Tacvba, Soda Stereo, A.N.I.M.A.L, Molotov, entre otros.
¿Alguna anécdota en especial?
Teníamos un show con Aterciopelados en Cuzco (Perú), y los ingenieros de luces y sonido nos quedamos varados en Lima, pero por fortuna, el manager de la banda logró montarnos en un vuelo chárter. Al subirnos al avión, nos encontramos con Charly García y Nito Mestre. Charly tenía una muñeca Barbie y le hablaba como si fuera la novia, en pleno vuelo sacó de su chaqueta un spray púrpura, se hizo una línea en los ojos y pintó la muñeca. Sacaron una botella de Jack Daniels y nos brindaron.
Empezaron a preguntar por drogas y de algún lado apareció un porro, el piloto dijo que no había problema y se pusieron a fumar. El piloto sacó un libro donde había una foto de Charly y le pidió que se lo firmara. Charly le dijo que se lo firmaba si le dejaba manejar el avión. Todos nos cagamos del susto. El capitán lo dejó hacer la parodia de volar, porque sabía que el avión estaba en piloto automático.
Cuando nos acercábamos a Cuzco, Charly le dijo al piloto que quería pasar por encima del concierto para saludar al público y a Nito Mestre le tocó calmarlo. Después del show, nos fuimos de rumba con Charly.
¿Cuál ha sido la exigencia más absurda que le han hecho?
En España, el hijueputa de Luis Miguel pidió agua mineral de una marca absurdamente especial para bañarse. Además, el man decía que si alguien lo miraba a los ojos cancelaba el concierto. Eran exigencias que estaban en el contrato. En otra ocasión, en Bogotá, los integrantes de Slipknot pidieron 24 pelotas de golf. Me gustaría saber qué hicieron con ellas.
¿Cuál ha sido su peor show?
La cagada más grande la hice en Nueva York. Dependíamos de ese espectáculo para que un manager de gran prestigio nos firmara con Aterciopelados. Íbamos en el bus del tour, pero los buses no podían parquear dentro de Nueva York, sino como a dos horas. La noche anterior me había metido una rumba con unos parceros raperos. Volví al bus para organizar todo, pero al salir se me olvidó sacar el vestido con el que Andrea iba a tocar esa noche. Es el regaño más duro que me han metido en mi vida.
Alejandro Arias / 25 años

¿Cómo llegó a ser roadie?
Estaba estudiando con el guitarrista de Don Tetto y un día me invitó a un concierto de la banda. Como no tenían una persona encargada de los equipos y de la producción tras el escenario, me llamaron. Y así me metí en esta onda.
¿Con qué grupos ha trabajado?
Don Tetto y Sebastián Yepes, y les he ayudado a artistas de la disquera de Don Tetto (Cabeza de Ratón) como Tatti y Final.
¿Cuál ha sido su mejor momento?
He tenido muchas satisfacciones. En octubre del año pasado hicimos un concierto con Don Tetto, en el que se grabó el DVD, y fui el responsable de la producción del evento. Nos encargamos de todo: desde la venta de la boletaría hasta el montaje. Ahora, en la edición del video, puedo ver los frutos del trabajo.
¿Cuál ha sido su peor show?
Fue en Dallas. Tenía gripa y antes de la presentación me corté una mano. Yo me sentía muy mal y no quería saber nada de nada, pero igual me tocaba responder. Afortunadamente, no me ha pasado nada malo en lo técnico. Menos mal ningún músico se ha caído nunca del escenario.
¿Cuáles son los requisitos de un roadie ideal?
Ser responsable y ordenado, que le guste el trabajo y entregarse las horas que sea necesario para que todo salga bien, a pesar del frio, el sol o la lluvia. También debe ser muy curioso para estar al tanto de los adelantos técnicos de esta movida.
Wilson Mora / 36 años
Roadie de Marc Anthony, Fonseca, Krápula, Sin Ánimo de Lucro y otros tropipop. Stage manager de Roger Waters en Bogotá.

¿Cómo llegó a ser roadie?
Empecé haciendo remplazos en la Media Torta y después pasé a apoyar eventos de la Alcaldía. Luego me vinculé a grandes producciones, como los conciertos de Los 40 Principales y La Mega. Después vinieron todos los conciertos al Parque que se le ocurran.
Gracias al dominio que tengo del inglés (lo he aprendido trabajando) he logrado hacer ensambles de las técnicas extranjeras. En las dos primeras ediciones del Festival Iberoamericano de Teatro fui técnico de calle. Monté el cierre en la plaza de Bolívar de un grupo de Italia y ahí aprendí un poco de italiano.
¿Alguna historia que quiera contar?
En Las Vegas, las seguidoras de Fonseca estaban enloquecidas y se querían montar al escenario. De repente me di cuenta que una de ellas logró superar los anillos de seguridad. Acudí en ayuda de los muchachos de seguridad, que imploraban por más refuerzos para bajarla. Era tan gorda que yo no podía bajarla. Y, además, parecía estar divirtiéndose con la situación. En vez de hacerme caso, me tomó de la cintura, me bailoteó y me chantó un beso. Estaba ebria. Después de un rato, se bajó solita.
¿Cuál ha sido su mejor momento?
Un concierto de Fonseca en Nueva York. Se respiraba felicidad. Los técnicos no sólo eran unos putas sino que nos trataron con respeto a todos. Y eso se agradece porque no siempre es así.
¿Y su peor show?
Shakira: Tour de la Mangosta en Barranquilla. En pleno concierto me tocó salir a buscar un cable alimentador. Me lo prestó un celador. Los músicos (Shakira y el Joe) se quedaron sin sonido por tres minutos.
Alejandro Gutiérrez / 40 años
Stage manager y production manager de Juanes

“Aquí no existen roadies, la palabra no aplica. En Estados Unidos ni los coqueteros (cargadores) se llaman roadies. La palabra roadie se refiere más a técnicos especializados en un instrumento.”
Entonces, ¿de dónde sale la palabra roadie?
Ni puta idea. Hacia 1989 yo me puse el nombre de road manager porque me pareció un título que daba importancia, pero no sabía qué significaban ni road ni manager. Originalmente, los road manager se encargaban sólo de los horarios de los vuelos, de programar los transportes, de reunir al equipo en el lobby del hotel para la salida, etc. Pero claramente yo era el técnico de guitarra, el que armaba las baterías, el que vendía los shows, el que organizaba todo, el que lidiaba con los músicos, el que peleaba con las empresas de audio.
¿Cómo llegó a este oficio?
Yo tenía en Medallo una banda de metal que se llama Némesis. Juanes estudiaba en mi colegio y entonces empecé a tocar con Ekhymosis, y cuando acabábamos de tocar les ayudaba en la producción.
¿Cuál ha sido la exigencia más absurda que le han hecho?
Cada vez que el guitar tech entrega la guitarra mal afinada, Juanes me putea. En este medio, hay exigencias que uno tiene que asumir sin que los músicos se lo pidan. A los músicos hay que consentirlos como niños, a veces lo tienen a uno como niñera. Son muy quisquillosos.
¿Cuál ha sido su peor show?
Uno de los peores momentos fue en Venezuela, en un concierto de Juanes. La escalera de atrás se desbarató, y cuando él salió a refrescarse se fue de jeta. Entonces se emputó y me echó la madre.
¿Sexo, drogas y rock & roll?
Esa pregunta es para los músicos. Siempre me pierdo lo mejor de las fiestas.




