Los hijos de la revolución

Crecieron bajo el rigor de la ley islámica y ahora internet les ofrece la libertad que nunca han tenido. El grafiti y el hip hop son algunos de los medios que utilizan para expresar su rechazo a la opresión. Grafiti y rap made in Teherán.

Satrap Hashemi es rapero y canta en persa. Se disculpa con Cartel Urbano por la tardanza en responder nuestro e-mail. “Hubo filtraciones en internet la semana pasada”, dice este músico de veintitrés años que vive en Teherán, capital de un país en el que están prohibidos el hip hop (al igual que cualquier otro tipo de música occidental), las fiestas, el baile y el consumo de alcohol. Tampoco se permite que hombres y mujeres caminen cogidos de la mano en público. Ellas deben mantener el cuerpo cubierto, incluyendo cabeza y manos. Sus prendas han de ser de colores oscuros y holgadas, para que no marquen las curvas del cuerpo.

Las prohibiciones alcanzan también a internet. La censura es pan de cada día en Irán. Según Reporteros sin Fronteras, más de veinte bloggers han sido encarcelados desde el 2006, y las autoridades han impedido el acceso a cerca de diez millones de páginas web.

No obstante, internet es el medio más usado por cerca de trescientos raperos persas para divulgar su música. El grupo de Satrap en Facebook tiene poco menos de mil miembros, y acaba de entrar a 360 Parsi, una red social iraní con más de 14.500 usuarios que participan en foros, actualizan a diario sus blogs y montan fotos y videos.

“Aquí es difícil ser rapero, porque el pago es poco y existen problemas para la distribución. Pero me gusta mi trabajo, así que debo saber manejar la situación, porque quiero seguir llevándole música y poesía a la sociedad. El lado positivo es que el trabajo hecho bajo presión tiene mayor valor”, afirma Hashemi.

Para poder producir sus canciones, los músicos recurren a estudios de grabación clandestinos. O tienen los equipos necesarios en su casa, como es el caso de Salomé, una rapera y grafitera de veinticinco años que a través de páginas como Lastfm, Myspace (con más de 21.800 visitas a su perfil) y Facebook (donde tiene 934 fans) difunde canciones como Grita para que tu voz sea escuchada, en la que reflexiona sobre el conflicto en Medio Oriente entre israelíes y palestinos:
 
No dejes que tu conciencia se enfríe/
para ti, ¿quién dice que un niño merece ser asesinado? /
estás a favor de aquellos que bombardean escuelas /
ser objetivo es peor / grita para que tu voz sea escuchada /
¿Cuántos civiles fueron asesinados en las últimas tres semanas? /
Esta tragedia nos recuerda los bombardeos en Hiroshima…

Para Salomé, “la libertad es libertad cuando la tienes, no cuando te la dan. Evidentemente, el gobierno no nos da libertad de expresión, pero digo lo que quiero a través de mis canciones; entonces, pienso que sí la tengo”. 

A pesar de que rechaza las políticas de represión del actual régimen iraní, encabezado por el ultraconservador Mahmoud Ahmadineyad, Salomé es musulmana y se siente orgullosa de serlo. “Gracias a Dios, no soy uno de esos pobres iraníes que le han dado la espalda a la religión a causa del régimen. No estoy en contra de la idea de un Estado islámico, pero en Irán se convirtió en algo diferente”.

Irán era un Estado secular hasta la Revolución de 1979, en la cual se derrocó al sah (monarca) Mohammad Reza Pahlevi, conocido por sus excesos en momentos en que la pobreza aumentaba en el país. Con el liderazgo del ayatola Jomeini, se instauró la República Islámica de Irán, los clérigos llegaron al poder, y la sharia, o ley islámica, pasó a tener carácter constitucional.

En 2009 llegó la esperanza de cambio con el candidato progresista a la Presidencia, Hossein Mousavi. Pero la victoria fue, una vez más, para Ahmadineyad, lo que ocasionó que millones de jóvenes convocaran multitudinarias protestas a través de Facebook y Twitter para rechazar el resultado de los comicios.

Al darse cuenta del gran poder de convocatoria de las redes sociales, el gobierno, por medio del Ministerio de Información y Propaganda Islámica, intensificó los controles a la información en internet.

Una de las víctimas de la censura gubernamental es Iranpoliticsclub (IPC), un portal web en el que se informa a iraníes dentro y fuera del país sobre su cultura, historia y tradiciones, se aboga por la secularización del gobierno persa y se critica el régimen actual. “La fuerza ciber-terrorista de la República Islámica de Irán recurrió al “hackeo” y al virus, entre otras tácticas, con el fin de destruirnos para siempre. Nos tomó un mes reparar la página para que volviera a funcionar”, le dijo a Cartel Urbano su fundador, Ahreeam X.

Los usuarios de internet son en su mayoría menores de treinta años, que representan el 70% de la población iraní. A través de la red, hacen lo que físicamente les prohíbe el gobierno: expresar libremente sus opiniones, intercambiar música y fotografías, y ver películas o consultar medios de comunicación censurados. “Los jóvenes iraníes están más occidentalizados que los mismos occidentales. Los últimos CD y DVD estadounidenses ya están disponibles en el mercado negro, incluso la misma semana en la que salen en Estados Unidos”, continúa Ahreeam X.

“Es precisamente a los jóvenes a quienes el gobierno teme, incluso más que a Estados Unidos o Israel. Son personas educadas, con mucho poder y numerosos contactos. Son ellos quienes quieren vivir en libertad, trabajar y divertirse, y es exactamente eso lo que no pueden hacer”, opina Omid Pouryousefi, de 35 años.

En 1986, este iraní abandonó su país para vivir en Alemania. Hoy es líder de la  banda Tapesh 2012, que interpreta reggae, rap y pop en inglés, persa y alemán. Tapesh significa “pulso” en persa. Su propósito es ofrecer un concierto en Teherán en el 2012. Si bien es algo que actualmente es impensable, Omid, que significa “esperanza”, cree que “si buscamos soluciones para Irán tenemos que plantearnos objetivos”.

Omid describe la música de su banda como “puro poder”. Sus letras son, en su mayoría, fuertes ataques al régimen. Una de las más polémicas es Ma nard nistim (No somos hombres), en la que se critica la situación de la mujer en esta nación, que tiene más de setenta millones de habitantes. Ante la ley, la vida de una mujer vale la mitad que la de un hombre:

Como la pobre niña con el himen cosido /
Y la pobre lanzada al fuego /
Setenta años de feminidad son explotación /
Sin vida, con miedo y degradación /
Una mujer inocente / Existir fue su crimen...

La cantante Asa Soltan Rahmati (34 años) es una de los más de cuatro millones de iraníes que viven actualmente en otros países. Nació en Ahwaz, una pequeña ciudad petrolera a pocos kilómetros de la frontera con Iraq.

En 1984, durante la guerra entre Iraq e Irán, huyó como refugiada política a Alemania. Ahora vive en Los Ángeles (California) y su nombre artístico es A$a. En Alemania conoció el rap por un concierto de Public Enemy al que asistió a los trece años. “Sentí que el hip hop nos contaba historias en un mundo donde nadie más estaba escuchando… Con mi música, quiero crear un nuevo lenguaje para los hijos de la revolúción; un puente de comunicación entre todas las ciudades del mundo, desde Ahwaz hasta Bogotá, pasando por Tokio y Los Ángeles”.

A$a sueña con volver a Irán. “Los migrantes vivimos en un permanente vacío emocional, pues no pertenecemos ni aquí ni allá. Los iraníes nos ven como estadounidenses, y los estadounidenses nos ven como terroristas”.

El arte callejero es una actividad que ha crecido de manera significativa en años recientes. Según Raja, creador del blog Iranian graffiti (que recopila más de 15.000 fotos de grafitis en las calles de Irán), hace seis o siete años había tan sólo tres o cuatro artistas. Ahora, él estima que puede haber unos cincuenta en todo el país.

La técnica preferida de Keyvan (26 años) es el esténcil. Cuenta que mientras estudiaba pintura hacía grafiti en las calles de Teherán, “pero en mi universidad no sabían nada de arte callejero, por eso empecé a estudiar por mi cuenta”. Su trabajo apunta a denunciar la injusticia social. "Veía los rostros de la gente sufriendo, los niños pidiendo limosna y las personas adineradas ignorándolos. Pienso que el arte y el amor son parte de la solución". De acuerdo con Iam Friz, artista de veintidós años, “ser artista en Irán es muy difícil, pues el gobierno no tolera la oposición, razón por la cual algunos recurren a la autocensura, pues no pueden expresar libremente lo que piensan”.

Él se vale de diversas técnicas para manifestarse, pero una de las que más utiliza  es el sticker, a través del cual envía mensajes a favor de la paz y el medio ambiente. Con su trabajo, ya ha participado en exposiciones en Madrid y Los Ángeles.

En Irán es bastante difícil conseguir pinturas en aerosol, por lo que los artistas recurren a pintura industrial de baja calidad. “Nada de Montana o Molotow, tenemos nuestros propios suministros”, dice Raja.

 “Mucha gente no sabe qué es grafiti. Hay personas que piensan que es satánico, otros lo ven como vandalismo, a otros no les interesa, y sólo unos pocos lo consideramos un arte”, sostiene Hossein, grafitero de veinte años. Su trabajo consiste en escribir en caracteres persas la palabra Khamoosh (silencio).

La policía aún no repara en el grafiti como un medio de protesta, entonces el único delito por el que se penaliza a los artistas es por daño a la propiedad privada.

Ya sea a través del grafiti o del rap, los jóvenes iraníes se están haciendo escuchar. Posiblemente, las prohibiciones y la censura terminarán en unos años. Por ahora los artistas callejeros seguirán evadiendo a la policía y esperando algo de tranquilidad, y “que este artículo”, en palabras de Keyvan, “no nos meta en más problemas”.

 

 

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