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Sobre esta rampa improvisada en Ciudad Bolívar conviven el BMX y el skateboarding

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Un grupo de treinta pelados del barrio El Paraíso lleva 10 años apostándole al deporte extremo para ofrecer planes sanos a niños y jóvenes del sector, por eso construyeron con sus manos y recursos esta pista que espera cultivar profesionales de la patineta y la bicicleta.   

Tomás Tello

“He aprendido a valorar cada parte de mi cicla porque me ha costado”, afirma Camilo. Aún no supera la emoción de haber logrado por primera vez un tailwhipun truco bastante popular que consiste en girar por completo la bicicleta sobre el eje del manubrio. En el barrio Paraíso de Ciudad Bolívar, donde vive Bryan Camilo Cárdenas desde los 5 años, no había un lugar para montar hasta que él junto a los treinta pelados que hacen parte de BMX and Skate Paradise decidieron construir su propia pista improvisada con los materiales que encontraron. 

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Desde hace 8 años Camilo, de 22, aprende BMX por su cuenta, a punta de videos de bikers como Chad Kerley que encuentra en YouTube. Y es que además de la falta de espacios especializados y equipos para la práctica, la comunidad de El Paraíso tampoco los apoya porque, según Bryan, el fútbol es la prioridad. Algo de cierto debe haber porque en el parque Illimaní del Paraíso, donde hay un centro “Vive Digital”, también se puede ver una cancha sintética de fútbol cinco. En ese mismo punto, junto a los futbolistas, el parche BMX se reúne a practicar cuando pueden y quieren porque, como me dice Sebastián Robles, “tenemos mucho tiempo libre que usamos montando”.

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BMX and Skate Paradise se conformó en 2007 con apenas un grupo pequeño de chicos entusiastas de las bicis y las tablas. En ese momento el proyecto no estaba consolidado y la conocida rivalidad entre deportistas extremos todavía se vislumbraba por pequeñeces, por ejemplo si la palabra skate debía ir antes de BMX en el nombre del grupo. 

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Oscar Velázquez es miembro del grupo desde sus inicios y ahora, con 27 años, sigue pedaleándole al proyecto. Recuerda que fueron “tiempos difíciles” porque eran muy pocos: dos skaters y dos bikers. Le apostaron a juntar en un parche, sin rayes ni problemas, a los dos “bandos”. La idea del deporte sin barreras imaginarias es fundamental pues, dicen, existe una suerte de pico y placa en los skateparks y se turnan los días en los que se puede montar tabla o bici. Ellos suben a la “torre”, como le dicen al lugar donde está ubicada la rampa construida a partir de todo tipo de retazos de madera y a todas luces de manera hechiza pero resistente, y quien quiera pueda usarla. 

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El terreno donde está ubicada fue adaptado en 2010 para que las bicis montaran por Laurentino Burgos, habitante del barrio. No obstante, algunos vecinos juraban que los pelados subían a drogarse. BMX and Skate Paradise afirma que de la mano con el deporte, el grupo le apuesta al rechazo de las sustancias psicoactivas. De hecho, Sebastián llegó al grupo hace 2 años, a los 19, después de pasar 5 dándose en la cabeza, y reconoce que el parche no es solo un proyecto deportivo sino también un apoyo, una suerte de familia putativa. Bryan, considerado por todo el parche el más teso con la cicla, les enseña a los más pequeños las técnicas y, como en toda familia, da consejos para montar, como calcular distancias o soltar la bici cuando un salto no sale bien. Uno de los que está aprendiendo es Anderson Burgos, hijo de Laurentino, de 13 años.  

Entre todos empezaron a levantar la pista hace un año. Los que sabían de construcción la fueron armando y los que no, colaboraban con refrigerios. Pero fue hasta hace tres meses que Laurentino consiguió el cemento para hacer más firme y liza la subida de la rampa. 

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Sin esta estructura, Bryan no habría podido hacer su primer tailwhip con la bici, luego de varios intentos y torceduras de tobillos. Antes de la rampa, explica Bryan, era imposible alcanzar el impulso y la altura suficientes para intentarlo.

“Todos mis esfuerzos, todos mis golpes, todos esos momentos cuando he llorado, cuando me dolía el cuerpo, no fueron en vano porque he sido escuchado. Y bonito que me vean montar”, dice Bryan.

La garra con la que se ha hecho todo este proyecto se le nota también a Oscar que, además de montar, también hace los logos del grupo y está aprendiendo de mecánica e ingeniería con Idipron para construir sus propias bicicletas. Este año, luego de tres meses, terminó su primera chopper, que luce orgulloso. Planea venderla para comprar las herramientas que necesita para seguir armando estas bicis y así montar una microempresa.

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El grupo ha tenido presentaciones en el barrio y en el colegio rural Quiba Alta. Esperan que, luego de años de pedir, les paren bolas para no tener que bajar hasta el parque El Tunal o caminar una hora hacia el skatepark de Arabia. Sin embargo, aunque hay un terreno amplio donde ellos creen que se puede montar un parque, una valla distrital anuncia que los suelos allí no se pueden usar por riesgo de deslizamiento de tierras. 

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De todas formas, ahora que ya ha empezado la construcción del cable teleférico en el sector, quieren aprovechar la intervención de infraestructura —que cuesta 70 mil millones— para que, de paso, les hagan un parque extremo en el que puedan montar porque, por el terreno en que está empotrada la rampa hechiza, las patinetas no pueden usarla a menos de que se haga un pequeño camino con más pedazos de madera. 

 

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