Ud se encuentra aquí INICIO Deportes Alejandra Duarte La Bicimensajera Colombiana Que Se Subio Al Podio Del Alleycat Mas Rudo

Alejandra Duarte, la bicimensajera colombiana que se subió al podio del alleycat más rudo del mundo

Más de 70 kilómetros pedaleando —incluso en contravía— entre el denso tráfico neoyorquino para poner la cuota latina entre los ganadores de la Monstertrack XIX. Esta bogotana pertenece a un gremio audaz y necesario que crece en Colombia tanto como la cifra de accidentes que involucran ciclistas.

Julián Guerrero

Los bicimensajeros se involucran a diario en carreras de vida o muerte. Zigzaguean entre los carros y los buses, atravesando nubes de humo. Deben calcular muy bien los movimientos porque una mala decisión puede terminar en desastre. De ellos es la adrenalina. El miedo, sin embargo, le pertenece a otros: a los que, apretujados dentro de los buses que avanzan lentamente, piensan en lo irresponsable que es pedalear a toda velocidad entre el tráfico capitalino.

Y es cierto, las cifras asustan: según Medicina Legal, en 2016 ocurrieron 4.447 accidentes que involucraron bicicletas y en los cuales 589 ciclistas murieron. Sólo en Bogotá, para septiembre de 2017 se habían presentado 1.523 accidentes con bicicletas, dejando un saldo de 240 ciclistas muertos. La imprudencia de los biciusuarios y la actitud de los peatones y los conductores de otros vehículos, son las causas principales de estos acontecimientos en los que siempre se reclama al ciclista hacer uso de las ciclorutas o transitar por la derecha. Sin embargo, no es un secreto para nadie —y sin el ánimo de hacer apología a la irresponsabilidad— que si algunos biciusarios evitan ciertas ciclorutas lo hacen por el mal estado en que se encuentran o por la inseguridad alrededor de estas. Tampoco es un secreto que en Bogotá necesitamos fomentar la bicicultura como una prioridad de movilidad y un respaldo medioambiental urgente: Bogotá debe pasar de ser un riesgo para los ciclistas a convertirse en una ciudad pensada para la bicicleta.

Muchos de los ciclistas que vemos a diario son mensajeros y, aunque muchos no lo crean, la bicimensajería en Bogotá va más allá de Rappi, que hoy inunda la ciudad con sus cajas anaranjadas y sus bigotes. Desde hace cinco años este servicio puerta a puerta viene abriéndose un espacio en el país. Empresas nacionales como Viejos Zorros, Escarabajos Mensajería, Queens Mensajería o Bike Express (Cali), que hoy representan lo más duro de la bicimensajería en Colombia, son el resultado de un proceso que comenzó con Fixeito Messenger, la primera empresa consolidada de bicimensajeros, así como con la actividad de Felipe “el King”, quien después de años de trabajo como bicimensajero y triunfos en las calles de Nueva York, volvió a Bogotá para traer la bicicleta fija y el alleycat.

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Este es un oficio que, aunque en nuestro país no tenga mucho reconocimiento, cada vez coge más fuerza. Muchos bicimensajeros, implicados en movimientos a favor de la cultura de la bicicleta en Bogotá, demuestran que su trabajo va más allá de lo monetario y que quiere contribuir a proyectos de apropiación de la bici. Uno de estos personajes es Alejandra Duarte, que con apenas tres años en el mundo de la bicimensajería, ha logrado posicionarse como un referente del gremio. Este año, Alejandra viajó a Nueva York para participar en la edición número XIX de la Monstertrack, el alleycat de piñón fijo más aleta del globo. En una competencia en que los participantes deben andar en contravía o en medio de las avenidas neoyorquinas a toda velocidad, Alejandra logró un segundo lugar que puso a los gringos a hablar de Colombia.

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Alejandra tiene 22 años, una bicicleta fija y el cabello pintado. Hace poco está involucrada en la movida de la bici en Bogotá, sin embargo, como ella misma señala, el aprendizaje que ha tenido ha sido bastante productivo y rápido.

Insatisfecha con el diseño industrial y las artes plásticas, abandonó la academia para dedicarse a un oficio que le ha permitido desarrollarse de una mejor manera como mujer y ciclista. Pero Alejandra no llegó a la mensajería de golpe, antes conoció el alleycat y la ruta, espacios de fuerza y competencia de los cuales saltó a un escenario que hoy vive como algo más que un trabajo.

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“Las races y las competencias son para mí como un ritual —afirma Alejandra—. Es un momento en que yo exploto y saco todas las cosas que tengo dentro. Eso que siento en medio de los carros, esa adrenalina, yo no la encuentro en ninguna otra cosa”. Ella también ha participado en alleycats en Cali y Bogotá, como Dama de la Muerte, escenarios que fueron llenándola de ambición y la motivaron a llegar a la Monstertrack.

Como ella, decenas de personas viajaron desde distintas partes para competir en el que, dicen, es el alleycat más pesado que existe. Más de 70 kilómetros de búsqueda de los checkpoints, moviéndose sin parar entre los transeúntes y los carros, dieron forma a la Monstertrack 2018, que tuvo lugar el 17 de marzo y que ha acogido a distintos competidores de diferentes disciplinas u oficios del ciclismo desde su origen en el año 2000. Aunque existen otras competencias importantes como el Campeonato Mundial de Bicimensajeros, la Monstertrack tiene un lugar privilegiado gracias al impacto que Nueva York ha tenido en la cultura ciclística y la bicimensajería.

(Pille esta infografía que explica cómo se están dañando sus pulmones los biciusuarios bogotanos)

“A Nueva York tú llegas y ves mensajeros por todo lado —señala Alejandra—, en bicicletas y en otros medios. Toda la gente está conectada con eso. Es algo que ya ha sido acogido por la ciudad. Acá eso no pasa, en Colombia la gente dice “ah, estos inadaptados”, pero allá, aunque hay gente que no está de acuerdo, es algo que ya hace parte de la ciudad”. Antes de la carrera, Alejandra se preparó trabajando durante tres meses como bicimensajera en “la capital del mundo”, conociendo sus rutas y familiarizándose con una metrópoli hiperpoblada en la que en 2017 ocurrieron 58.671 accidentes ciclísticos. Sin embargo, a pesar de las cifras alarmantes, en la última década este índice ha bajado un 74%. Hoy, en Colombia, los números ascienden.

En Nueva York la bicimensajería es un oficio con historia. Fixies y grandes urbes son las piezas esenciales de una labor que tiene lugar desde 1860, pero que llegó a consolidarse ya entrado el siglo XX. Aunque con mayor popularidad en Estados Unidos y Europa, se ha hecho poco a poco a un lugar en nuestro continente, subiendo de la mano con el uso de la bicicleta en países como México, Argentina y, por supuesto, Colombia.

París y San Francisco son dos escenarios significativos que pusieron su asfalto para cimentar esta historia de sudor, caídas y golpes, sin embargo, ninguna ciudad es tan importante como Nueva York en términos de bicimensajería, en cuyas calles ya hace 30 años que se practica. Allí la comunidad de bicimensajeros produjo diferentes escenarios de competencia y habilidad. Uno de estos espacios fueron los alleycats, carreras informales que si bien ya existían en Europa encontraron en La Gran Manzana un nicho que las acogió y las explotó. La fixie, la bicicleta de piñón fijo, fue la estrella de estas carreras gracias a su velocidad y su facilidad de maniobrar y se convirtió, con el paso de los años, en el instrumento obligado de los bicimensajeros y el artefacto que los representa.

(No deje de leer Fantasmas en la calle: las rutas de los bicimensajeros bogotanos)

Aunque este marzo se celebró la versión XIX del alleycat, la Monstertrack fue cancelada hace diez años a causa de la muerte del corredor Matt Manger-Lynch  durante un alleycat en Chicago en el 26 de febrero de 2008. Este evento puso los ojos de todo el mundo sobre las carreras y obligó a los organizadores a cancelar el evento que, para ese entonces, ya había dejado de interesar sólo a un pequeño grupo de bicimensajeros y ciclistas.

Los alleycats cuentan con un manifiesto (que señala los checkpoints a los que hay que llegar) con diez direcciones. Al no existir ningún orden específico para comenzar la ruta cada ciclista arma la suya propia. La Monstertrack se divide en tres manifiestos, cada uno con alrededor de 18 direcciones y ahí radicó su complejidad, según comenta Alejandra, sorprendida además de que solo participaron 7 mujeres en la competencia, cosa que ella no esperaba encontrar en una ciudad como Nueva York.

La llegada de un extranjero a la meta fue algo polémico. La competidora estadounidense Kym NonStop (vea acá un video de Kym contando la carrera) fue la ganadora en una carrera reñida con Alejandra y que dejó incertidumbre en la línea de meta. “Con la llegada casi al tiempo [de las dos] todo el mundo se preguntaba: ¿qué pasó? Nadie se lo esperaba —explica Alejandra—. Ver a un hispano que llega y gana también fue polémico y al momento de tomar la decisión del ganador, fue ella, pero no importa, la gente hablando de Colombia, quitándose prejuicios acerca de nosotros, me llevó a decir: qué chimba, ahora van empezar a ir, de pronto a patrocinar”.

 

 

Aunque tuvo que enfrentarse a rigores como el invierno o el contacto con otras culturas, Alejandra se dio cuenta de que la bicicleta es un punto de encuentro, “de que es también un lenguaje. Para mí fue un apoyo increíble, porque a pesar de que, de pronto, no me podía comunicar verbalmente, empezamos a encontrar similitudes cuando decíamos: esto lo que yo siento con la bicicleta. La bicicleta, la mensajería, las races son espacios que unen a la gente”.

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Hace ya un mes que Alejandra está de nuevo en Bogotá. Consciente de que todavía hay cosas por hacer aquí, regresó para compartir todo lo aprendido, especialmente con las mujeres, con las que siente que aún falta construir una forma de competencia sana. Aunque ha estado cerca del profesionalismo, lo ha rechazado para seguir dándole rueda a un oficio en el que encuentra mayor emoción.

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“Para mí ha sido difícil —dice Alejandra Duarte— porque he tenido que dejar buenas oportunidades, pero no es tan grave: esto me da a mí un equilibrio, es algo muy importante para mí. El hecho de ser profesional implica dejar todo de lado, implica tener mucha disciplina y son cosas con las que no voy. Prefiero estar en la calle y promover otras cosas desde esas vivencias que uno tiene, me parece que puedo aportar mucho más de este lado”.

Voz a voz la bicimensajería y la movida del alleycat ha ido creciendo en Bogotá y generando a su vez otras formas de empleo, como bicicleterías y empresas para engallar la cicla. “El llegar a ser conscientes de que algo underground que hacías porque te divertía —asegura Alejandra— se volvió una responsabilidad social, te hace dar cuenta de que tienes un poder importante. Si tengo muchas miradas encima entonces ¿qué voy a hacer con eso? Ahí empiezan esos proyectos de las chicas y ves que cambias vidas y ves que le estas dando a la persona una experiencia que de pronto jamás vaya a olvidar. El impacto es muy grande, pero hay que encontrar el enfoque”.

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Con la realización de talleres para mujeres en los que enseña pequeños trucos para el desvare o la movilidad en la ciudad, Alejandra aporta algo desde su experiencia en la bici. “Hoy en día mujeres que no tienen el espacio [en su cotidianidad] para hablar llegan a una rodada y ahí se sueltan. Es super bacano cuando deciden tener una bicicleta, cambian totalmente. Son personas más independientes, con menos miedo. Porque aquí existe mucho esa mierda de la política del miedo, el “no puedo hacerlo” y no sé qué más, pero una vez la gente usa bici es como magia, empieza a ser libre en otros aspectos de su vida, empieza a ser diferente, las nenas ya no se las dejan montar del man, ya dicen: oye, yo tengo voz y voto acá. Y todo esto se genera a partir de este instrumento”.

Promoviendo una cultura de la competencia sana, aquella que no teme al desafío ni al fracaso, Alejandra busca empoderar a las mujeres. Alleycats como Dama de la muerte y otras carreras organizadas por mujeres y para mujeres son escenarios de formación que dan fuerza al movimiento porque, asegura esta mujer, “es duro: ir y correr con el miedo a fracasar, el miedo de tantos prejuicios culos. En contra de eso hay que predicar y enseñar, hay que decir: parce, vale la pena tener la experiencia, porque es lo que nos gusta y tenemos que ser libres para expresarnos y competir. Eso es lo que yo les digo a las chicas. Tienen que probarlo, estoy segura de que lo hacen y después no van a querer salir”.  

Para muchos conductores de automóviles —y para muchas personas de a pie— los bicimensajeros y demás ciclistas representan un problema para la movilidad de la ciudad y, especialmente, un peligro. Las cifras muestran un gran riesgo. Pero, como vemos, detrás de la irresponsabilidad hay una postura que hay que tener en cuenta, un reclamo contra ciclorutas ineficientes, contra la mala planeación urbanística, contra los conductores incapaces de mantener la distancia, contra la inseguridad que se ha normalizado en la ciudad. La bicicleta es, hoy más que nunca, una forma de lucha. 

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