ENPELICULAD@S

Rastros de carmín
Por Billy Muñeka
@billymk


El otro día vi una película en donde se presentaba la siguiente escena: dos hombres blancos y un afroamericano esperaban pacientemente que la mesera les trajera su bebida. Cuando la chica llegó con los tragos comenzó sirviéndole cortésmente al chico afroamericano al tiempo que le esbozaba una sonrisa, luego terminó de servirles a los otros dos y se fue. El afroamericano se quedó mirándola de reojo, luego miro el trago y le dijo a sus compañeros: ¿vieron lo que acaba de hacer la mesera? Ellos no entendieron lo que quería decirles y el afroamericano añadió: ¡me sirvió a mí primero! Sus compañeros solo atinaron a decir: si ¿y qué? ¡Está siendo amable! A lo que el afroamericano contesto: "pues a lo que ustedes llaman amabilidad yo lo llamo discriminación, ella está diciendo vamos a ser amables con el negro para compensar el sufrimiento y la discriminación de la que fueron objeto sus antepasados".

No sé ustedes cómo le llamen a eso, pero para mí es pura y simple paranoia. ¿Cómo es posible que alguien pueda ver discriminación soterrada en un simple acto de cortesía o amabilidad? Esa misma actitud de andar buscando desesperadamente actos y formas de discriminación por todos lados es la que pareciera emerger desde hace varios años entre algunos activistas políticos, especialmente en el sector LGBT.

Las relaciones humanas son un asunto complicado, por ello es casi que imposible poder llevarnos bien con todo el mundo por más que lo intentemos. A veces, simplemente se nos hace difícil que una persona nos caiga bien. Sin embargo el problema viene cuando llega un amigo activista y te acusa de transfobia, homofobia, lesbofobia o bifobia solo porque no puedes llevarte bien con una mujer trans, un hombre trans, una mujer lesbiana o un chico gay.

Yo me pregunto ¿Quién tiene la suficiente autoridad para atreverse a afirmar que determinado acto, gesto, expresión, imagen o conducta es discriminatoria con los derechos de otra persona? ¿Quién decide que puede considerarse moral y éticamente como exclusión? Los actos humanos no pueden juzgarse como discriminatorios por sí mismos, poseen un origen y una razón profunda que tiene sus raíces en motivaciones y conflictos personales o sociales, y eso no se puede juzgar como bueno o malo. La obsesión por condenar y castigar cualquier acción de fobia o discriminación puede llevarnos al peligro de convertir una ley antidiscriminación o cualquier legislación dirigida a la población LGBT en una especie de inquisición contra la homofobia, lesbofobia, bifobia o transfobia.

Discriminación en el lenguaje verbal cotidiano, en la estética callejera, en elementos de la cultura popular, en las maneras de socializar, en las prácticas sexuales, en la literatura, en el comic, en la moda, en la música, en el arte, en la fotografía, en el cine, en la poesía… en fin. Así podríamos seguir una lista infinita de formas de discriminación y odio hacia las personas sexualmente diversas, y que cada cierto tiempo algunos sectores del activismo LGBT se encargan de engrosar como queriendo decir: “ESTAS SON LA NUEVAS FORMAS DE DISCRIMINACION”.

Una de ellas es el lenguaje. Un rara y obsesiva manía por construir un lenguaje incluyente y no discriminatorio que me recuerda a esos profesores de gramática y lingüística que andan corrigiendo a diestra y siniestra el lenguaje cotidiano. Inquisidores de un lenguaje contaminado de sectarismo político maniqueo, que se gastan media página de un discurso saludando a los, las y les asistentes, asistentas y asistontos para que no se sientan discriminados, discriminadas y discriminades.

Muchos de mis amigos no emplean un lenguaje políticamente correcto e incluyente cuando se refieren a mi; algunos no saben nada de una política pública LGBT o una ley antidiscriminación, pero jamás me he sentido discriminada o agredida por alguno de ellos a causa de mi condición. Me ven y me aprecian como un ser humano al que le han brindado su amistad, no necesitan saber qué es o no discriminatorio para ser mis amigos. La política y las leyes para proteger a las personas se quedan en condenar la acción, y si vamos a juzgar a una persona solo porque una vez en su vida no fue capaz de aceptar la diferencia en los demás, paradójicamente estamos pasando de excluidos a inquisidores.

Parafraseando el tema Maquíllate de la glamorosa y transgenérica banda de rock española Nancys Rubias: discriminación para salir, para dormir, para bajar, para subir, para comer, para beber, para ganar, para perder, para vivir, para morir, para llorar, para reír. Discriminación all the time, discriminación everywhere.

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