100.000 POLVOS

Blasfémina
Por María Ximena Pineda
@anacaonax


No sé cuán atractiva puede ser la idea de acostarse con 100.000 tipos si a veces nos toma toda una vida entrenar a uno, muchas veces infructuosamente. La joven polaca Ania Lisewska, de 21 años, anunció a través de su cuenta de Facebook su deseo de tener sexo con 100.000 tipos como reacción a la supuesta represión sexual que se vive en su país. Según afirmó Lisewska la semana pasada, en Polonia cualquier persona que quiera cumplir sus fantasías sexuales es considerada “un desviado”.

Lo cierto es que la joven definió la cifra de polvos que se quería echar, pero no dijo en cuánto tiempo. Si quisiera cumplir la meta en los siguientes 5 años, tendría que comerse 54 tipos diarios -lo cual es fisiológicamente imposible-. Si, en cambio, ampliara su meta a 10 años, tendría que acostarse con 27 al día –cifra poco probable para cualquier vagina promedio-. Si extendiera el tiempo a 20 años tendría que acostarse con 13 diarios y si lo hiciera en 30 años, se reduciría a 9 hombres por día. En cualquiera de los casos, posibles o imposibles, es una barbaridad querer acostarse con 100.000 pipís distintos.

Es un error de principiante imponer cantidad a calidad en términos sexuales. Emprender una carrera de polvos parece más un acto agotador y estúpido que una labor de realización sexual. Ahora bien, el tema de la liberación moral que intenta poner Ania Lisewska como trasfondo de su solicitud vía Facebook, parece pegada con babas. Los actos revolucionarios en las redes sociales que, generalmente alcanzan este tipo de magnitudes desproporcionadas y hollywoodezcas, son más falsos que la popularidad de Santos.

Según afirmó el medio digital británico Daily Mail la semana pasada, ya 284 hombres habían respondido a la oferta sexual de la polaca, cifra que va en ascenso. ¿Ninfomanía? ¿Marketing? Ninguna parece ser una razón suficiente para querer echarse 100.000 polvos. Es una meta ingenua, macabra y desprovista de todo placer, quizás sea más cercana a una tortura.

Pero Ania no es el caso más extremo. La norteamericana Lisa Sparx, actriz porno estadounidense, rompió el record mundial sexual teniendo sexo con 919 hombres en un día durante una maratón erótica en Polonia. Para lograrlo, y descontando horas de sueño y tiempo para comer, la mujer tuvo que tener sexo con un hombre por minuto aproximadamente.

La pregunta ahora es, si en un minuto es posible echarse un polvo. Yo creo que es posible que exista un acto sexual en ese periodo reducido de tiempo, claro que sí, pero no creo que se pueda considerar una relación sexual como tal, y de orgasmos ni hablemos…

Ahora bien, es claro que tanto Ania como Lisa comparten una aberración, lo que no quiere decir que sean ejemplos de erotismo ni de sexualidad. Son todo lo contrario. Una mala caricatura del sexo. La imagen deformada de un mundo fanático de la pornografía.

Lo que es contradictorio de todo esto es que mientras Ania afirma que en su patria, Polonia, el sexo está aún cubierto de un tabú insano que no deja que las personas se realicen a ese nivel con total libertad, Lisa participó en una maratón sexual organizada en el mismo país, nación en la cual también se inauguró el primer museo erótico del mundo el pasado 2011.

Así las cosas, detrás de esta ambiciosa convocatoria sexual de la joven polaca, no hay nada de erótico ni de liberador. Ni siquiera es un acto rebelde o revolucionario. Es una total estupidez querer comerse a 100.000 tipos, y más estúpido si se buscan de manera aleatoria, sin ningún pre requisito. Para acostarse con 100.000 hombres, hay primero que aprender a comerse si quiera a uno. Y bien.

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