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Máscaras, animales y ojos amarillos en los trazos ancestrales de Gleo

GLEO
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Esta artista caleña ve los muros que interviene como portales: si dos personas observan sus pinturas simultáneamente, en dos lugares diferentes del mundo, quedan conectadas. Con esa idea en mente, su obra ha viajado desde Cali hasta ciudades europeas. Conozca el trabajo de esta creadora local, una invitación a buscar y reconectar con las raíces latinoamericanas.

 

Ma. Camila Alzate Férez / @camialzatef

Quien recorra Cali o Medellín, y otras ciudades como Buenos Aires (Argentina) o Bruselas (Bélgica), puede encontrarse de frente con unos personajes de mirada atenta, que se esconden detrás de máscaras grandes y coloridas. Estas figuras de aura ancestral pueden tener dos, tres, cuatro o hasta cinco o seis ojos amarillos de gran tamaño. El número de ojos depende de una aritmética sagrada, a través de la cual la artista pretende llegar a lo que para ella es el objetivo final del arte urbano: conectar gente.

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'Seyuu' en Bruselas, Bélgica

 

 

 

“Si son tres ojos, simbolizan el fuego; si son cuatro, la tierra; si son cinco o seis, el agua”, explica Gleo, la artista urbana responsable de estas pinturas en gran formato. Nació en Bogotá hace 26 años, pero el acento y el “vos” delatan que desde los ocho años vive en Cali. A los 16 empezó a rayar los muros de esta ciudad, la cual considera una de las mejores del mundo para iniciarse en la práctica.

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Popayán, Colombia

 

 

 

“En Cali la noción de ilegal no existe. A las 10 de la mañana empiezas a pintar el muro, después llega la señora a ofrecerte pandebonos, al medio día llega alguien con el almuerzo y en la tarde te estás tomando una cerveza en el barrio”, explica esta artista, quien en cuarto semestre abandonó la Química y se metió a Artes Visuales y Diseño Gráfico en la Universidad del Valle, pero tampoco la terminó por diferencias con la academia.

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Aburrida del papel, de lo impecable y lo convencional e inspirada en referentes de la escena caleña como Puro Amor o Guacala, Gleo se aventuró a pintar con vinilo las paredes de la ciudad con peces y otros animales marinos, siempre con los ojos amarillos de gran tamaño, el único elemento invariable en su trabajo. A sus trazos empezó a sumarles figuras humanas, llenas de color y con aspecto indígena que fueron producto, dice ella, de diferentes conflictos personales y de alcanzar una madurez artística.

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Bruselas, Bélgica

 

 

 

Lo que parecen coronas de flores en las cabezas de sus personajes son en realidad máscaras, similares a las que usaban algunas culturas ancestrales en Latinoamérica. En la mayoría de sus dibujos, las pieles las decora con marcas o tatuajes, que representaban estatus espiritual y poder en estas culturas, y se hacían con sangre de animal para honrar el espíritu del mismo. “No pinto personas con máscara de carnaval, sino seres más elevados que invaden el mundo”, explica la artista. 

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Solar Family en La Rochelle, Francia

 

 

 

Este año salió del continente, llevando su arte a Burdeos (Francia) y Barcelona (España); allá, buscando muros europeos, su trabajo fue calificado de ser “muy latino”. “Mi intención es entender y rescatar la cultura popular latinoamericana. No por reencauche o cliché sino porque es un modo de resistencia, lo único que nos identifica”, afirma. Ese rescate lo hace a través de las máscaras, de apelar a la raza y a la naturaleza, principalmente a los animales. 

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Barrio Callao en Lima, Perú

 

 

 

“Cuando pinto animales tengo en cuenta el espacio. Me envideo pensando que todo tiene un significado, por eso los animales deben ser acordes a su contexto”, explica. Es el caso de un tigre que pintó en Holbox (México) cuando la invitaron a integrar el proyecto Soñando por Holbox, una isla que fue habitada por los Mayas.

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Isla de Holbox en México

 

 

 

El muro que intervino pertenecía a unos nativos tradicionales que, junto a otros pobladores de la isla, le vendieron la mitad de las tierras a Coca Cola, para así resolver sus necesidades económicas y el estudio de sus hijos. Pero fueron engañados y la compañía les reclamó la isla entera. “Era algo que yo no entendía. Todo esto me lo contaban mientras se tomaban una Coca Cola. Por eso decidí pintar un felino que simbolizara la resistencia”, cuenta Gleo.

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México D.F. 

 

 

 

Fue en este país centroamericano donde vivió la que considera como su experiencia más gratificante, que sucedió al pintar un muro de la colonia La Doctora. “Terminé el muro y al otro día volví por la foto. Esa misma noche me llamaron a contarme que pasaron unos bombers y dañaron la parte baja del muro. La ciudad decide si el muro se queda o se va; es parte de la dinámica. Una semana después, me llamaron para que volviera a despedirme y al llegar vi el muro limpio. Al detallarlo noté que la gente lo había restaurado con dinero de su bolsillo”, recuerda. 

Si quiere conocer más del trabajo de esta creadora criolla no le pierda pista a su trabajo en su perfil de Tumblr.

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