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El artivismo de Santiago Echeverry y su lucha por los derechos LGTBI

El asesinato de un travesti a inicios de los noventa, y la indiferencia que el hecho suscitó en la comunidad, sacudió a este bogotano. Activista, videoartista y cofundador de la primera asociación gay de la Universidad Nacional, busca con sus vídeos y performances poner el dedo sobre la llaga a la doble moral del país, donde él ve que la condición de ser homosexual está politizada.

Julián Guerrero

En 1993, cuando trabajaba para la Embajada de Francia en Bogotá, Santiago Echeverry grabó el video Anoche mataron a un travesti. Sentado en un banco, con el torso desnudo y un micrófono, narraba lo que el celador de su edificio le había contado poco antes: la noche anterior, en la Carrera 15 con Calle 93, habían matado a un travesti justo en esa zona, muy frecuentada en ese entonces por esta comunidad. A la víctima nadie se acercó a auxiliarla, ni siquiera el celador, que lo presenció todo.

 

Ese fue un momento de inflexión para este bogotano, graduado de la primera promoción de Cine y Televisión de la Universidad Nacional en 1992. Fue el instante en el cual decidió entrarle con fuerza al videoarte, una disciplina que ya le generaba inquietud.

“Ningún carro pasó a llevarlo. La vida de un travesti no tenía ningún valor. Y ellos eran importantes porque en una comunidad invisible, como lo era la comunidad gay, los travestis eran los que tenían más pelotas para salir a la calle y exponerse sin miedo”, recuerda Santiago. Además de esa historia puntual, también echó mano de la creciente ola de SIDA y la caracterización del travesti como desechable para construir su video.

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El estreno del video fue en el Festival Francoamericano que se organizaba entonces y Santiago llegó al lugar vestido por primera vez de drag. Su aparición pública le sirvió para corroborar la conciencia que tenía hacía tiempo sobre el estigma que en la sociedad colombiana existía hacia los homosexuales. “Gente que me saludaba antes en la calle ya no lo hacía, porque yo estaba siendo crítico de una forma más abierta”, cuenta. A pesar de esto, Santiago se reafirma en que momentos como ese le dieron la fuerza para continuar con un proyecto de videoarte y performance que mantiene hasta hoy, convirtiéndolo en la plataforma para denunciar los distintos atropellos que la comunidad LGTBI ha sufrido en el país.

Desde entonces, Santiago es uno de los referentes nacionales del videoarte, lo cual explica su participación en la más reciente versión del Festival de Cine Experimental de Bogotá / CineAutopsia. Santiago participará en la charla ‘Política Genero y Sociedad en el Cine Experimental’, un diálogo de argumentos con los también exponentes Clemencia Echeverri y Pedro Pablo Rocha (con fecha por definir).

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“Yo creo que el videoarte tiene que evolucionar y está evolucionando. Desde que la gente puede hacer streaming con cualquier aparato, el videoarte se cae. Pero todavía hay una voz y una pelea, y como estamos en un momento en que los godos conservadores comienzan a morir, pues hay que hacer nuevas cosas”, dice Santiago, quien recuerda lo mucho que le aportó a su carrera el primer taller de videoarte dictado en el país, a cargo de Fernando Ramírez y el videoartista francés Gilles Charalambos.

En esa ocasión, Santiago aprendió diferentes técnicas de edición y pirateo que, sumadas al contenido conceptual adquirido en sus estudios universitarios, le abrieron las puertas de un arte a partir del cual podía explorar su sexualidad. “La sexualidad era política. Colombia era un país donde ser homosexual era una condición que se politizaba y que expresaba la doble moralidad del país cuando uno veía a los actores en la televisión con sus familias, pero el fin de semana los veía en el bar gay cuando prendían las luces”, dice.

También, en su época de universitario, este tipo hoy de 48 años, fue cofundador de la primera asociación de estudiantes gay de la Nacho, apoyada por Antanas Mockus, rector en ese época. En ese momento, señala el videoartista, el 98% de las personas infectadas con SIDA eran hombres homosexuales y bisexuales, y sólo el 2% eran mujeres. Esta situación los llevó a pensar que existía ante todo un problema de identidad, elemento que buscaron impulsar desde la asociación. “Nos amenazaron los maoístas y los paracos; hubo unas cosas fortísimas, pero ahí empezó mi activismo político. Luego con la asociación colombiana de lesbianas y homosexuales realizamos la que podría ser la primera marcha LGTBI. Ese año éramos veinte, al año siguiente fuimos mil. Buscábamos pelear por nuestros derechos: ser reconocidos, el acceso a los medicamentos y, por supuesto, el matrimonio”, afirma.

Su trabajo, que abarca el estudio de cómo se percibe y representa el sujeto en un contexto digital, anclado a su vez a un contexto político, involucra tecnologías como el Kinect o la baja resolución, que le permiten desdibujar a los protagonistas de sus obras. Su más reciente trabajo es Cabaret, una serie de retrato y video tridimensional de la comunidad LGTBI alrededor del mundo. En esta producción, Santiago trabaja con el Kinect elaborando un lenguaje más complejo. “En Cabaret se ve la mitad de la persona y genera una abstracción. Cualquier persona puede ser esa persona, entonces se genera una ambigüedad. Genera unas líneas vacías donde se encuentra esa identificación. Por la baja resolución elimino la identidad”, explica.

Además de sus videos artísticos, el performance también ha tenido un lugar especial en su trayectoria. De la mano de su amiga Constanza Camelo, realizó varios performances que pusieron a hablar de temas sensibles a la sociedad colombiana. Hicieron uno que se llamó ‘Jornadas de Limpieza’, con prostitutas del Centro de Bogotá que estaban matando, y otro el 1 de diciembre de 1994, el Día Internacional de SIDA, que se hizo en la Plaza de Bolívar. Allí, todos los participantes cubrieron el centro de la plaza con rosas y flores, recordando a las personas infectadas con VIH. Y un acto que recuerda especialmente, fue en la bienal del barrio Venecia, al sur de Bogotá, en el que se cubrieron con la bandera de Colombia.

“A través del performance estábamos evidenciando la violencia, el asesinato de mujeres vulnerables. El país estaba ‘traqueteándose’, veíamos que teníamos que reaccionar de alguna manera y no sólo pintando cosas bonitas para la sala. Obviamente no iban a ser cosas comerciales pero eran de impacto”, señala Santiago.

Gracias al videoarte y al performance, este artista bogotano ve como una expansión de lo que la fotografía abrió en su época, le ha permitido una relación distinta con el público pues este, como él mismo lo entiende, puede decidir si se detiene a ver la pieza completa o si sigue su camino. Radicado actualmente en Estados Unidos, se ha dedicado a ver lo que ocurre con la escena LGTBI, sobre todo tras el fenómeno que ha desatado Donald Trump. “Lo que encuentro es una reacción instintiva. No hay una reacción política. No se dice “yo hago drag porque necesito resistir al presidente 45”, es “yo hago drag y sudo para olvidar al presidente 45”. No es una cosa política, es un escape”, cierra.

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